Edición 385

Sergio Urrego, una tragedia por un beso

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Sergio tenía 16 años. Vivía con su abuela porque sus padres estaban separados y estaban fuera de la ciudad la mayoría del tiempo. Su mundo giró en torno al colegio en el que cursaba su último grado de secundaria.

Allí conoció a Danilo, un compañero de estudio por el que hace un tiempo empezó a sentir algo que va más allá de una amistad. Todo va muy normal, hasta que un día una de sus compañeras le toma una foto dándose un beso con su pareja. En ese momento se abre la caja de Pandora que llevaría al peor de los desenlaces.

Basta con escribir 'Sergio Urrego' en el buscador para encontrar un sinnúmero de titulares de diarios colombianos que mencionan el caso de un joven homosexual que decidió saltar al vacío de un edificio para quitarse la vida, supuestamente, debido a una discriminación por parte del colegio en el que cursaba el último año de secundaria.

Hoy, cuatro años después, luego de varias instancias judiciales en las que se denunció la violación de los derechos fundamentales de Sergio a la intimidad, el buen nombre, la igualdad, la no discriminación y el libre desarrollo de la personalidad, y se acusó penalmente a varios funcionarios del colegio por conducirlo al suicidio, se revive la historia con los testimonios de la funcionaria del Tribunal de Cundinamarca que redactó el primer fallo a favor de Sergio y por otro lado, el relato de una Procuradora de Familia que conoció el caso de cerca y que ofrece una perspectiva que va más allá de la discriminación, la cual expone otros factores que pudieron llevar a Sergio a tomar esta fatal decisión.

"Adiós mundo cruel. Te dejo hoy. Adiós, adiós, adiós a todos. No hay nada que puedan decir para cambiar mi mente. Adiós", escribió Sergio en su perfil de Facebook el 4 de agosto de 2014, día en que subió a la planta más elevada de un centro comercial en Bogotá y se arrojó dejando atrás una corta vida, pero también un batalla judicial que libró su madre Alba Lucía Reyes, para que, según ella, nunca más se volviera a discriminar a una persona por su condición sexual en las instituciones educativas en Colombia y para hacer pagar al Colegio por el acoso y exposición del que fue víctima su hijo.

Todo empezó un día de mayo en la fría sabana de Bogotá, en el colegio Gimnasio Castillo Campestre, donde un grupo de estudiantes esperaban en su aula a que llegara el profesor encargado de la próxima asignatura. Por algún motivo estaba retrasado. En tanto que Sergio y Danilo, entre uno y otro juego, decidían demostrar su amor en público, mientras María Camila, una de sus compañeras, capturaba el momento con el foco de su celular, lo cual sería el detonante de todos los problemas que vendrían para Sergio.

La fotografía, que no mostraba más que un beso entre dos personas del mismo sexo, llegó a las manos en uno de los profesores, quien relevó el caso a la rectoría del colegio. Al siguiente día, Sergio y Danilo eran citados al departamento de psico-orientación. Allí les notificaron que este acto de amor constituía una falta grave para el colegio, señalada por el manual de convivencia como una "manifestación obscena, grotesca y vulgar".

Sergio diría con sus propias palabras, para el proceso que se adelantó en el colegio antes de su muerte, que se le advirtió que esta conducta no podía continuar, se le compartió a la psicóloga sobre su orientación sexual y se le hizo escribir un compromiso junto con Danilo en el cual prometían mantener la distancia, entre otras cosas. Posteriormente, Sergio y Danilo fueron citados en repetidas ocasiones con la psicóloga, según relató Sergio, para tratar el tema de su orientación sexual y para indicarles que citarían a sus padres con el fin de hablar sobre este tema.

"A partir de ahí, se me hacen unas constantes llamadas a la oficina de Ibonne Andrea Cheque Acosta (psicólogo del colegio) en diferentes fechas y horas que no recuerdo y, finalmente, el día 12 de junio somos llamados con la psicóloga, la coordinadora de turno y cuatro docentes para que demos una explicación acerca de nuestra relación de pareja e informarnos que citarán a nuestros padres para el día 20 del mismo mes. Días antes de la citación decidimos contarles a nuestros padres sobre todo lo ocurrido. El padre y madre de Danilo sacan una cita antes...", relataba Sergio en su descargo.

La presión no podía ser más fuerte. Sergio, ya expuesto, expulsado de su colegio, y sin más salida, decidió contarles a sus padres sobre su condición de homosexual, la relación que había mantenido con uno de sus compañeros en los últimos meses y el beso que se habían dado en público. Los citó uno por uno, con la importancia que implicaba el hecho de confesar su orientación sexual a sus progenitores. "Yo como madre, manifesté mi apoyo incondicional a mi hijo al igual que su padre", dijo Alba Lucía en la entrevista que rindió en el Tribunal de Cundinamarca, al presentar la acción de tutela.

Para este punto, Sergio desconocía que el panorama, en lugar de mejorar, empeoraría. Danilo, a quien él mismo calificaba como su pareja, decidió contar una versión distinta y lo acusó de acoso sexual. La rectora informó a los padres de Sergio esta versión de los hechos, argumentando que el motivo de la suspensión de su hijo no era la discriminación por su orientación homosexual sino porque existían manifestaciones de afecto dentro de la institución que estaban prohibidas y aparentemente había un caso de acoso sexual ejercido por Sergio Urrego a su compañero de clases, Danilo Pinzón. Los padres del protagonista de este relato solicitaron evidencias para estas acusaciones tan graves, y al no poseerlas, el colegio accedió a aceptar al estudiante nuevamente pero sujeto a compromisos por parte de Sergio como: buscar acompañamiento psiquiátrico, abstenerse de hablar mal de la institución educativa y no cuestionar la autoridad del colegio, entre otras.

Pero eso no era todo, efectivamente, los padres de Danilo habían denunciado a Urrego por acoso sexual apoyados por la psicóloga de la institución Iboone Andrea Cheque. Se trataba de una denuncia formal radicada en la fiscalía el 22 de julio de 2014, donde se indicaban las supuestas pretensiones de Sergio para manipular y dominar a Danilo con el fin de mantener una relación de noviazgo con él. Esto según Robert Urrego, padre de Sergio, tenía devastado a su hijo, por ese motivo lo cambiaron al colegio en que cursó la primaria, pero no duraría mucho allí. Doce días después, Sergio Urrego se quitó la vida en el Centro Comercial Titán Plaza de Bogotá.

Las últimas palabras de Urrego dicen:

"Esta carta se ha escrito con el fin de esclarecer ciertos datos acerca de la denuncia de acoso sexual que han puesto los padres de mi expareja. Lo hago de manera escrita debido al suicidio que he cometido y porque no quiero que los 16 años de vida que tuve se hallen con una oscura mancha llena de mentiras. Hoy, espero lean las palabras de un muerto que siempre estuvo muerto, que caminando al lado de hombres y mujeres imbéciles que aparentaban vitalidad, deseaba suicidarse, me lamento de no haber leído tantos libros como hubiese deseado, de no haber escuchado tanta música como otros y otras, de no haber observado tantas pinturas, fotografías, dibujos, ilustraciones y trazos como hubiese querido, pero supongo que ya puedo observar a la infinita nada".

"En la memoria de mi celular y en el escritorio de la pc quedan dos pantallazos de nuestras conversaciones en Whatsapp que demuestran que él no se sintió acosado en ningún momento, pues respondía con naturalidad a los mensajes. También hay pantallazos de la conversación que él tuvo con un amigo después de que les contara a sus padres sobre su orientación sexual, en los que escribió que estaba vuelto mierda debido a la posición que tomó su madre después de recibir la noticia (...) Él puede confirmar la veracidad de toda esta información, así como los testigos de nuestros actos. Nunca en mi vida he acosado sexualmente a nadie, me parece un acto reprochable".

Ese 4 de agosto, según cuenta la mamá de Sergio, ella se encontraba en otra ciudad, pero había decidido volver a Bogotá porque sabía por lo que su hijo estaba pasando al enfrentar esta demanda por abuso. Llegó a su casa y encontró una nota dirigida a su abuela. Sergio no sabía que ella se devolvía el mismo día. Alba Lucia quería darle la sorpresa de llegar lo antes posible para darle todo su apoyo. En la puerta, estaba su gata 'Oreo' y en la otra alcoba estaban sus libros. Encima de la cama estaban dos notas más y una nota en su mesa de noche. Ya se había ido. Se había ido para siempre.

Según la fuente judicial del Tribunal Administrativo de Cundinamarca, quien estuvo a cargo de la redacción del fallo que se promulgó a favor de la familia de Sergio, en el sentido de amparar sus derechos fundamentales, cuando Sergio se suicida, Alba Lucía pasa por un proceso de pocas semanas en las que debe recolectar las pruebas para defender el nombre de su hijo, que según ella, estaba siendo vulnerado por parte del colegio.

Alba Luz, quien no vivía con Sergio, se percata de muchas cosas que están sucediendo con su hijo gracias a una serie de escritos que yacían guardados en un cajón su cuarto. Allí se entera de las experiencias que había tenido su hijo en los últimos meses. Descubre que en una oportunidad lo habían encontrado en el baño besándose con su pareja, Danilo. Además devela que Sergio tenía sentimientos de odio hacia toda su familia menos hacia su abuela, que era con quien vivía.

Sergio contaba allí toda su historia con Danilo, desde que se descubrió la fotografía en el celular de su compañera hasta que se entera que lo habían denunciado por acoso. Alba Luz reúne esa evidencia y presenta la tutela en el Tribunal Administrativo de Cundinamarca. Esta tutela, que en Colombia no es un proceso ordinario, se presenta como un mecanismo extraordinario para que se ordene al colegio tomar ciertas acciones y que no vuelvan a ocurrir ese tipo de actos de discriminación con otros adolescentes homosexuales.

Luego de establecerse un fallo favorable para la familia de Sergio, tuvo una segunda instancia debido a una apelación por parte del Colegio. Allí el Consejo de Estado revocó el fallo debido a que cuando se presentó la acción de tutela el menor ya había muerto y en efecto, por esta razón no invocaba la protección de derechos fundamentales.

El Consejo de Estado concluyó que al haber muerto el titular de los derechos, esta acción carecía de objeto para resolverlo por tutela. Y es en este punto que Alba Lucía acude a la Fiscalía para presentar una demanda penal contra la psicóloga, Ibonne Andrea Cheque Acosta, quien es condenada en 2017 a 35 meses de prisión domiciliaria por discriminación y falsa denuncia. Igualmente otra de las condenadas por este caso fue la profesora y veedora del colegio, Rosalía Ramírez quien está pagando con 27 meses de prisión por discriminación y ocultamiento de elemento material probatorio. Ramírez, directora de grupo de Sergio, habría ocultado información clave para determinar la discriminación de la que estaba siendo víctima su estudiante.

¿Se hubiera podido prevenir la muerte de Sergio?

Sergio fue descrito por su madre como un joven brillante, excelente ser humano, devorador de libros; preocupado por las problemáticas sociales, por los animales y el medio ambiente, crítico y lúcido, de carácter amable, pacífico y bromista. Sin duda, estaba en lo cierto, su gramática y ortografía a la hora de escribir así lo demuestran, pero era bien sabido por su madre que Sergio tenía ideas radicales sobre el suicidio, así como conductas depresivas y expresiones escritas de odio hacia sus semejantes.

Desde la perspectiva de Dora Evelia Corredor, procuradora de familia, esto se pudo haber prevenido y faltó acción por parte de los acudientes del menor. Es necesario considerar en este caso otros hechos que, más allá de la discriminación, también pudieron llevar a Sergio a quitarse la vida. Sergio vivía alejado de sus padres y en las cartas que se hallaron en su cuarto, se refería a ellos como algo que no quería para su vida. Aseveraba escritos casi macabros e ideas persistentes de suicidio.

En un foro de internet Sergio manifestó: "Considero el suicidio como uno de los actos más valientes que puede llegar a cometer el ser humano y la única salida que existe de un infierno terrenal. Aquel que toma la decisión de quitarse la vida voluntariamente, ha dejado de lado las moralidades obscenas que nos han impuesto a través de los años, se ha liberado de ataduras con las que nos mantienen en una larga vida sin objetivo y con valor ha enfrentado la muerte. Independientemente del motivo por el cual una persona se suicide o se quiera suicidar, la decisión es plenamente personal y no se debe ver a través del cristal moral o cristiano, simplemente, hay que aceptar la osadía de esta emancipadora acción".

Bienestar Familiar, organismo encargado en Colombia de proteger los derechos de los menores, debió adelantar un proceso para verificar lo que estaba sucediendo con Sergio y para el restablecimiento de sus derechos. En concepto de la procuradora, si se hubiera advertido sobre los comportamientos persistentes de suicidio y la constante depresión con la que vivía el adolescente, más allá de la discriminación por su orientación sexual, se hubiera podido evitar el suicidio. Se hubieran podido advertir todos los problemas de comportamiento y afianzar los lazos con la familia para disminuir los factores de riesgo.

Según la procuradora, la Ley 1098 de 2010, que es el código de infancia y adolescencia de Colombia, señala la corresponsabilidad de la familia, la sociedad y el Estado al momento de velar por la educación de los niños. El centro educativo y la familia tenían la obligación de cuidar a Sergio para que alcanzara un desarrollo armónico e integral tal como lo pregona el artículo primero de la mencionada ley, sin embargo, al parecer, la progenitora omitió las señales de alerta que demostró Sergio en sus comportamientos.

Igualmente, la fiscalía no investigó de manera oportuna el supuesto acoso del que estaba siendo víctima el compañero de Sergio y a pesar que estaban implicados dos adolescentes, se omitió adoptar las medidas de protección que hubieran evitado el fatal desenlace. Para la procuradora, es evidente que la mamá de Sergio ocultó su responsabilidad en el suicidio de su hijo, apoyada por la relevancia e importancia que se le está dando actualmente a las parejas del mismo sexo.

En casi cuatro años, mucho se ha dicho sobre el caso de Sergio David Urrego. Fallos a favor y en contra de la discriminación de la que fue víctima. Condenados y absueltos por las demandas penales hechas por su madre. Incluso se creó una fundación llamada Sergio Urrego para defender los derechos de las personas con distintas orientaciones sexuales. Lo único certero es que Sergio abrió un debate que aún no termina sobre discriminación en Colombia y es un ejemplo trágico de la lucha por la aceptación, algo por lo que aún muchas personas luchan a diario y lo han hecho en toda la historia de la humanidad esperando que un día nadie tenga que decir: "ADIÓS MUNDO CRUEL".

*Periodista colombiano radicado en Buenos Aires.