Edición 386

La armonía de la saliva

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El maletín de metal y sintético con las letras Honner bajo relieve estaba abierto sobre un banco de madera en el centro del escenario. En su interior, sus instrumentos de diferentes tamaños y elegantes en su forma y color negro y plata –pavonados como los revólveres- esperaban las manos y los labios que los harían sonar con cadencia de valses, milongas y chacareras.

La presentadora del show gratuito de los miércoles "Tango y otras Yerbas", en la Sociedad de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines, en el barrio de Balvanera, hacía el anuncio: "y con ustedes Luis Saltos"... Los asistentes, no más de una veintena y la mayoría gente mayor, aplaudieron con energía y reconocimiento, al ver a un hombre de mediana estatura, complexión gruesa, de tez blanca y vestido con esmoquin, quien salía tímidamente al escenario.

Hizo una venia y tomó el micrófono. De inmediato presentó a su acompañante al piano, el músico Román Giordano y por supuesto agradeció la presencia de los espectadores.

No se dijo más, anunció su primer tema, puso el micrófono dentro del soporte que descansaba entre los dedos y la palma de su mano izquierda, y la armónica negra brillaba con las luces del escenario y su sonido grave recordó al de un bandoneón. Por eso entendí cuando dijo en una entrevista que le hizo Federico Rivolta*, la anécdota de su inicio en la música: quería como fuese tener un bandoneón, cuando niño, pero su abuelo le regaló una armónica.

"Me pasó al contrario de Astor Piazzola: él quería ser armonicista; amaba al instrumento, pero le regalaron un bandoneón, mire usted", dijo sobre el escenario, en uno de los intermedios entre temas.

Luis Saltos es reconocido como el armonicista cromático más exitoso del país y con una extensa carrera. Oriundo de Santiago del Estero, compositor y explorador musical creó un estilo propio para este difícil instrumento,

Aquí interpreta en video la chacarera más vieja que se tenga noticia. ¿Saben cómo se llama?, preguntó esta vez en el concierto de la sociedad: "pues sí, La Vieja".

Este es Luis Saltos*

Entre 1963 y 1969 Luis Saltos integro la banda "Míster Trombón", con la que recorrió casi todo el país y grabó siete discos. Sus siguientes trabajos fueron como solista. En 1974 grabó "Una armónica para el Tango" y, un año después, "Folclore con Luis Saltos". Después de un largo período alejado de la música, protagonizo en 1992 el primer disco homenaje a Hugo Díaz (el gran músico y armonicista de folklore argentino), junto con Victoria Díaz y Domingo Cura. En octubre de ese mismo año tocó como invitado de la orquesta nacional de música Argentina "Juan de Dios Filiberto". Un año más tarde participo del Festival Nacional de Folclore y en 1994 recorrió el Litoral Argentino hasta el Paraguay con una delegación artística nucleada por iniciativa estatal. Ese mismo año grabó su disco "La Armónica del Tango, Luis Saltos". En su último trabajo, "Armónica en la Noche de Buenos Aires", grabo temas como "Recuerdo", "Fuga y Misterio", "El Cholo" e "Inspiración" junto con Julio Rocella en guitarra y Roberto Moreno en bajo. Si no tocara la armónica, Luis afirma que estaría con el oboe.

En esa entrevista con Rivolta deja entrever que por su timidez nunca luchó por reconocimiento. "Al menos me gustaría ocupar un lugarcito en la memoria artística, aunque fuera en el último escalón. Acaso mi timidez haya ocupado en algo las luces del reconocimiento. No me gusta tocar en cualquier lado. Soy un poco pretencioso y eso quizás atente contra mí. Prefiero dar un show gratuito pero donde me sienta cómodo. Cuando yo subo a un escenario me emociono y suelto algún mensaje". Como hizo esa noche de miércoles en la Sociedad de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines:

-¿Siente nostalgia?

 Yo partí de mi pago para venir acá y buscar algo más. Igual, yo viajo todos los años a Santiago. Y en algún rincón me llevo la armónica. Es como decía Troilo, "...quien dijo que yo me fui de mi barrio, si siempre estoy llegando...".


Mi pequeña amiga

Apartes del poema que tenía doblado dentro del bolsillo del esmoquin. Se titula Mi Pequeña amiga y se lo dedicó a quien ha estado con él tanto tiempo de sus 71 años de vida. Recordó que lo escribió cuando por razones que no quiso ventilar del todo estuvo alejado muchos años de la música y había encerrado a esa amiga dentro del maletín negro con el Honner de letras bajo relieve:

"Para expresar lo que siento tienes la voz que me falta (...) Cantas por tuya mi pena, sueñas por mi cuando cantas (...) Cuando mi armónica calla, se hace armonioso el silencio (...) Sé de la vida que olvida, se de los sueños que pasan. Tantas cosas que no pueden decirse con palabras (...) Conoces como ninguna las voces hondas de mi soledad. Sabes de mi lo que tanto busco (...) Cuando me vaya de aquí buscando en otro paisaje sueños distintos (...) quiero que estés junto a mi (...) ¿Con que mejor instrumento diré mis melancolías?

* Entrevista de Federico Rivolta. Con información de portal Harmónica Spain.com