Edición 386

Trovador más allá del bien y del mal

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Está viejo, dirán algunos; grande, afirman por estas tierras, pero todos coinciden en que Silvio Rodríguez superó la barrera del bien y del mal y su arte se mantiene incombustible.

Y no todos los artistas tienen la capacidad de reunir más de 100 mil personas en cuatro cuadras a la redonda y la plaza Ucrania, en el partido de Avellaneda llena hasta las banderas, sin ruido publicitario, salvo algunos carteles y un par de notas en el diario militante Página 12. Un domingo que no fue cualquiera, además del buen clima para sacarse los zapatos y quedarse en camiseta, para rebuscar sustento con la venta ambulante al mejor estilo capitalista, hubo momentos en familia y para recordar a los Kirchner, con el cántico de barra de estadio "volveremos, volveremos...".

Si en un comienzo se le llamó canción protesta y con el paso de los años y otras circunstancias, como el fin de la URSS y el desplome del comunismo, "canción social", hoy el arte de Rodríguez es jazz del puro, del bueno (no todo lo yankee es malo) de la mezcla y del estudio de la música, junto a una banda que reúne la experiencia –la suya- y la de jóvenes y talentosos intérpretes de la guitarra, el tres cubano y el piano. Mención aparte merece la ejecución de todos los vientos (flauta traversa, oboe, clarinete, saxo) a cargo de su esposa Niurka González,"la única bonita; de resto todos somos feos", declaró el artista cuando alguna chica de las presentes metió el grito histérico típico de concierto; "le pisaron un callo a la joven", rio.

Lo de Silvio es exploración, pero mantiene el mensaje, ese por el que es conocido en buena parte del planeta y que transmite de generación en generación desde hace cerca de 50 años. Así que trovador hasta la muerte, con una patria que busca aún su liberación en medio de un embargo criminal que tan solo defienden Estados Unidos e Israel y por el que la Casa de la Amistad Argentino Cubana organizó el concierto gratuito que otorgó el artista. Por supuesto, el evento más allá del arte, se convirtió en un mitin político con discurso en tarima, como el del intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, el del veterano periodista, Atilio Borón y más de vez que en cuando, el coro que se canta en los estadios, en las calles, en los bares y por supuesto por más de 100 mil personas: "Mauricio Macri, la puta que te parió... Mauricio Macri, la puta que te parió...".

Un trovador que superó la línea de dejarse atar en público por quienes buscaban a los gritos se expresara a favor de la legalización del aborto. Tan solo hizo lo que sabe: cantó Eva, de 1988, donde reúne todo el feminismo hecho canción y que supera cualquier sexismo que se intenta mantener o ahora imponer desde la otra orilla, como si ambas vertientes –necesarias y complementarias- no pudiesen construir un diálogo: "Eva salió a buscar semillas... Eva dejó de ser costilla...". De inmediato los pañuelitos verdes, de clara militancia política, se enarbolaron, para uno de los momentos estelares de la noche.

Silvio Rodríguez superó hasta los momentos que son embarazosos para cualquier artista, como cuando un acceso de tos le obligó a parar en medio de un tema y tomar mucha agua. Y comenzar de nuevo para la recta final del concierto, con cuatro repeticiones o bises. Y pese a que faltaron varias clave, como Playa Girón o Canción del Elegido, también sonrió cuando un par de niños en los departamentos aledaños a la plaza y cuyos habitantes lo vieron en la comodidad de casa, pidieron a los gritos Unicornio, que tampoco interpretó por aquello que los artistas también expresan: las canciones dependen de las coyunturas y el repertorio escogido tenía los matices para cantar a la crisis, a la resistencia desde el arte, a la incertidumbre del futuro, en momentos en que era elegido Bolsonaro, como presidente de Brasil.

Una noche para recordar y de la que se seguirá hablando por mucho tiempo. En 2017 tocó gratis en Lugano, esta vez en Avellaneda, en 2019 ¿dónde...? Hay trovador para rato.