Edición 363

Quietos para la foto

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Quietos para la fotoLos reportajes que le hicieron en vida a Manuel H. fueron frecuentes, y más en sus últimos años.

Aquí uno adelantado por la Agencia de Noticias, Colprensa, en 2004, cuando la digitalización de la fotografía era un hecho y que comenzaría a relegar –no totalmente- al oficio tradicional del revelado e impresión en papel:

-¿Su pasado en la imprenta le ayudó a manejar el tema del revelado?

Sí. La práctica que desarrollé en la imprenta sirvió muchísimo. Manejaba máquinas,  levantaba tipo, compraba papel, etc. Ese trabajo me llevó a numerar los negativos. La profesión del impresor es un oficio que requiere mucho aseo y cuidado. Es importante no cometer errores, sobre todo cuando se imprimen libretas de cheques o talonarios, que aún se usan en muchas actividades diarias, como en las tiendas. 

Ocasionalmente empecé a numerar las fotos, pero cuando tomé más orden llegué al punto de hacerlo hasta hoy. Por ejemplo la foto de Manolete tiene como número el 970. Hoy día, y desp

 ués de muchas vueltas a ese contador, vamos en el 520, o algo así.

Todos los negativos de las fotos que hemos tomado están numerados. Esa labor es muy lenta, porque después de las tomas, vengo a revelar, darle un orden a los negativos y hacer los contactos, que son impresiones de prueba en papel fotográfico, sin necesidad de ampliarlas, que al final son las fotos como tal. Solo hasta allí se lleva un registro que es el archivo final.

-Usted dice que la fotografía a blanco y negro es un arte ¿Por qué? (Se voltea y mira en medio de todo un collage de fotos, unas pequeñas que al primer vistazo no se aprecian)

Estas fotos de Luz Marina (Zuluaga)  son tomadas hace 37 años y son a color, de 1957. El color simplemente se ha impuesto. El encanto del blanco y negro es que uno en el laboratorio tiene maneras de trabajar con luces y sombras, de destacar las nubes, como suavizar el rostro. Estar en el cuarto oscuro es un encanto. Uno se cree un cirujano o un arquitecto de la imagen. Es un arte.

A propósito, recuerdo que un señor de alto nivel, ahora se llama estrato, siempre que nos encontrábamos en la calle de la Bogotá antigua hablábamos de fotografía. La razón: es que el hombre era un devoto de este arte y tenía en su casa un laboratorio completísimo, con los químicos, ampliadoras, secadoras. Era su afición.

Un buen día me llamó y que fuera a su casa. Era paisa. Una vez en esa residencia me dijo: “tengo un problema, o te quedas con mi mujer o te quedas con el laboratorio”. Asombrado solo atiné a responderle “qué me encima si me quedo con la señora”. La señora le había dicho lo mismo, o le prestaba atención o se iba de su lado. Por eso no tuvo más remedio que venderme el laboratorio.

Quietos para la foto-Otra de sus frases que se volvieron populares en la época y de su laboratorio es la de “si Manuel H no te ha retratado, entonces para qué has vivido”.

Son oraciones que uno va construyendo a lo largo de la vida, del trabajo, del oficio. Era la forma de publicitar el negocio antes de que la publicidad fuera la profesión que es hoy, con toda la tecnología a su disposición, pero la creatividad sigue siendo necesaria. Además de esas dos, también nos inventamos ésta: “la vida se extingue, las fotos prevalecen”, claro, con el humor negro que caracteriza a varios pueblos y culturas, como a la bogotana de antaño.

Pero mire. Cualquier madre de soldado o policía o familiar secuestrado, cualquier ejecutivo, hasta el Presidente tiene fotos en el despacho, en la oficina, en la mesita de noche. Las personas en sus carteras o en sus billeteras tienen fotos de la mamá, de los hijos, de los novios o novias. La fotografía es imprescindible en cualquier acto de la vida, tanto que ya llegamos a Marte y las primeras imágenes conocidas del planeta fueron fotos.

Aún tengo libros de fotografía antiguos. Allí se aprecia como cuando una persona iba a un estudio para retratarse, el mismo fotógrafo debía preparar sus placas, de vidrio, de metal. Y la exposición, es decir el tiempo que la placa debía estar expuesta a la luz era larguísimo. Hoy día uno toma una fotografía en un dosmilésimo de segundo. En ese entonces, para que la gente no se cansara existían los “descansa-cabezas”, porque la película era muy lenta y se necesitaba más tiempo para tomar la foto. Era como modelar para los cuadros.

Después vino la polaroid, o las famosas instantáneas que causaron revolución en todo el mundo porque acabó con ese pasado, con esa nostalgia. La jubilaron y solo muy pocos aún la ejercen. Todo evoluciona. Hoy día  las cámaras están hechas para manejarlas con facilidad. No hay cámara que sea compleja. Todo está hecho para que el ama de casa tome las fotos ella misma. Con el asunto digital, la persona toma la foto, se va a su casa, la pone en computador y la pasa. Ahora, las fotos que toman los teléfonos celulares. Eso sí es problemático. No falta alguien que de broma o quien sabe con qué intereses le tomé a usted una foto mal parqueado y después lo chantajeen. (Risas)