Edición 353

Una Canción Triste

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Una Canción TristeI Corintios 13: 1-13

Lacerante, Jorge Castillo Fan urtica los decires amánticos llenando nuestros corazones estremecidos con el fuego obsesivo, obsesionado y obsesionante del amor. Y no un amor cualquiera. Se trata de un amor radical estrellado contra un eclipse.

En tres momentos poéticos bien definidos, distribuidos en cinco movimientos textuales, la Poesía adquiere matices de desesperación irredenta en la voz y el acento del aeda que nos convoca a ser parte de su estro enfebrecido. Porque el poema sin lector queda trunco. Del mismo modo, un amante nunca está solo, aunque el magistral poema Canción Triste de Cualquier Hombre retrata el estado anímico de un hombre desde el periplo silente de su soledad inerme. 

Pero en su ser solitario palpita el amor como torrente de lumen que no cesa, como avalancha de subterfugios inhiestos de la pasión centrífuga en torno a la amada ausente y como fervor centrípeto del amante, haciendo del recuerdo sus mejores versos. Así late el poema. Así cobra vida en nuestras manos. Así el texto es andamiaje auto-poiético de la puerta, la ventana, los cerrojos, el corazón, la arena, el llanto, el desierto, el oasis, los ojos, la lluvia, la garúa, el aguacero y la luna. De la criptografía, del arcano y la alegoría…

El sentido de eternidad permanece presente. Es la noción perenne que hace del bardo un ser prístino, despojado de cinismo. Si no fuera así, el absurdo invadiría el poema. La eternidad, tanto expresada en función de tiempo-espacio-movimiento, como de sentimientos hacia el infinito, es ancla del bajel en la que el velamen del vate se fija incólume en sus cimientos epistémicos. 

Sin ese sentido de lo eternal, el suicidio anegaría los versos. Lúcido, nos canta Jorge Castillo Fan desde la postura inconmovible de lo eterno. Eterno su amor que, contradictoriamente, hoy es oasis y mañana será espejismo. Eterno el paraíso que le promete a la amada ausente que prefiere desandar el desierto en vez de enraizarse en la calidez del jardín amántico. Eterno su canto que perdura como materia prima de su sensibilidad hecha con amasijos de nardos, amapolas y azucenas. El ritmo-sentido de todo el palimpsesto da la sensación de ser trozo de vida, sintagma del corazón vuelto llamas, del corazón convertido en reloj triste. La tristeza es sólo un pretexto para poietizar el dolor desenfrenado. El dolor que tiene la cara de Yradelys, mi propia Yradelys en que me veo como reflejo del auto-poema de Jorge Castillo Fan, poeta alado de la densidad hecha pasión en lo urticante del verbo. La Yradelys que es espejismo, utopía y quimera en el desdoblamiento exegético de la otredad subvertida a destiempo.

De cuerpos y puertas

Para Jorge Castillo Fan, el cuerpo -como puerta- es ventana del alma, del mismo modo que la luna es reflejo del espejo que todos llevamos dentro. Existe una simbiosis taxonómica-osmótica muy interesante, extraordinaria por demás, en la poética de Castillo Fan, que integra y particulariza sentidos para sostener el ritmo poemático al borde del vacío. Por eso tenemos la vertiginosa sensación de que el poema está suspendido en la nada como un ente autónomo, independiente del autor y del lector, como universo esférico anclado en los adentros de su otredad. Este es un claro acierto del rapsoda que, en desaforado éxtasis, le canta a la ausencia de la amada, amando más a la ausencia misma que a la amada en sí. Y presiente que la amada volverá, profetiza su regreso. En ese momento viene a la mente Toña La Negra con Sólo cenizas hallarás de todo lo que fue mi amor. 

El primer momento poético es un fino y exquisito palimpsesto que transgrede la memoria con sus fisuras inolvidables en el cerebro lectoral, según el vaivén de sus textos borrados y vueltos a escribir. El segundo momento poético, de su lado, es breve en extensión y su densidad evidencia el leve cambio de punto de vista, el ligero cambio de humor, pero no de intención, la cual sigue desentrañando la piedra angular del dolor. El tercer momento poético viene dado en tres movimientos textuales que erizan la piel con su vuelo de pájaro desolado. Lo hace en prosa poética, y esta vez es más directo que las otras veces, con su sutil perfil en la laceración sentimental, corazón horadado en la perfidia del abandono.

Y todo el poema es trinitario, hasta en el tercer cuerpo, el mismo que, muy probablemente, es el leit motiv oculto de la discordia en un amor entre tres, cuando un tercer cuerpo -el del poeta, en esta ocasión- debe desaparecer del escenario para dar paso en el proscenio a la escritura de su propio drama, de su propia tragedia en el sufrimiento, la angustia y la desesperación. Lo trinitario funciona por todos lados de modo silente. También nos percatamos de una estructuración modular en la versificación aquí y allá. En todos los casos, el verso fluye espontáneo, lacerante, apremiante, urticando los sentidos del lector, creando una escisión en el estado de ánimo semejante a la del escritor en el acto escriptural, pletórico de éxtasis creador. Haciendo del lector, por demás, un verdadero esquizo.

Similitudes y diferencias

Una Canción TristeEntre Jorge Castillo Fan y Érica Jong sólo existe en común una canción triste, pues, en tanto que la novela Canción Triste de Cualquier Mujer (Any Woman’s Blues) -de Jong- plasma de modo gráfico la obsesión sexual de una  mujer por un hombre como objeto de deseo animal para la amante, en cambio, el poema Canción Triste de Cualquier Hombre -de Castillo Fan- retrata de forma agónica la obsesión óntico-teleológica, acaso espiritual, por supuesto mística, almática, de un hombre por una mujer como objeto amántico para el amante desolado. Ahí termina la semejanza. Y ahí comienza la alegoría.

Érica Jong, como fiel alumna contemporánea de Henry Miller, hurga en zonas prohibidas para la censura moral. Como Miller, es una iconoclasta. Una escritora sin pelos en la lengua para revelar secretos de alcoba. Del mismo modo, Castillo Fan se nos muestra como un escritor sin cortapisas cuando se trata de desnudar el alma y enrumbar al lector por los senderos que conducen a su corazón agobiado por imágenes suicidas que de ninguna manera se materializarán como lo propone el ambiente de creyente en Dios, como lo expresa lo afirmativo de sus palabras en gran parte del poema de marras.

Cada verso destila una riqueza polivalente que aterra con sus múltiples sentidos. Escritura múltiple: Múltiple lectura. “Manifold language”. Y la sinestesia aquí y allá hace acto de presencia con sus asociaciones contradictorias. La imaginería poética de Castillo Fan está sustentada por una imago coherente en la antinomia. Subterfugio verbal. Pasión. Incendio. El ritmo-sentido hilvana la densidad en el poema, que en verdad es auto-poema.

Así el poeta nos dice: ...Es un adiós que llueve sus espinas / sobre el último derrumbe de los ojos. Llorar es llover y espinas es dolor. Espinas es lágrimas. Habrá que inventarse un nuevo glosario para descifrar con calma este poema. ...Tus labios de cuchillo aquí terminan / y mi árbol de amargura no cesa en su expansión...: La asimetría conceptual aflora con su dardo inclemente. ...Y tu ausencia sólida / como un témpano de nuncas.: La negación absoluta con su frialdad devoradora se abre paso en la voz dolorida del aeda. ...cuyo cielo de sombras / termina en esa puerta que es tu cuerpo...: Define la metáfora y aclara el sentido. Así nos da una pista exegética de invaluable peso hermenéutico que nos sirve al final de rastro escatológico en la alegoría descubierta. Se apagó la puerta / y tus ojos quedaron impresos en la lluvia, luego prosigue: Se apagó la lluvia / y tus ojos quedaron impresos en la puerta...: Vemos la luz de los cuerpos cuando regresan, y los vemos apagarse cuando se van.

Los ojos lloran cuando se apagan los cuerpos. Vemos detenerse el llanto cuando el olvido queda impreso en los cuerpos. Aquí hay versos modulares en juego a rima hebrea. El silencio es sólo un boomerang de llanto / (sigo nadando a tu corazón). : Fino juego de palabras. Nadando es la nada. El silencio provoca el llanto una y otra vez. No resuelve nada. Mi cuerpo era una voz / cuyos jardines / manaban miel de encuentro. / El tuyo era un silencio / cuyas dunas / blandían hiel de ausencia. / (Jamás podíamos ser). : Amor de imposibles. Paralelismo antagónico. Perfección formal que espanta.  Bifurcación de los senderos del jardín borgesiano. Tu corazón no ha conocido el paraíso / porque has tomado el desierto / y no este jardín sincero / que mis manos crearon para ti. : Otra vez la perfección hecha versos signa la voz del rapsoda Castillo Fan para producir la belleza conceptual que la forma preludia.

Mi amigo, el escritor Jesús Arias Guerrero, prefiere que el poema diga: Y no este jardín sincero / que mis manos precipitaron para ti.  Para que entre en juego el precipicio. El amor precipitado. Y la arena de mi cuerpo / que se esparce en triple llanto. / Y la arena de mi llanto / que se esparce en triple cuerpo: Más que un simple juego de palabras, estos versos son una cantera de sentido hóndico cuando tomamos todo el poema en su perfil alegórico. Mi corazón era el reloj más triste del planeta...: Reloj es tiempo y el corazón también. Otra clave alegórica que debemos mantener presente. Que Dios entre en tu pecho / con una lámpara sin tiempo: La luz es eterna y la invocación a Dios -por única vez en todo el poema- hace instaurar la palabra insustituible en el ámbito irredento hasta ahora. La economía de recursos se atesora a partir de esa palabra insustituible que es la palabra “Dios”. ¿Hubo luna en nuestro sueño / o fuimos un error con dos ventanas?  (El puente de tu cuerpo se me apaga)...: El poetizar telúrico aflora de nuevo como ojo ubicuo de los cuerpos.

El puente es transición y es clave del criptograma. ...Acaso ya no existas, sino para arrojarte, suicida, entre mis brazos de ceniza...: El espíritu nihilista es el réquiem de la otredad simbólica. ...Y he de morir de siete formas. Pero tú ya nunca más podrás volar al paraíso. : Cada vez más,  la interpretación alegórica deja de ser especulación exegética y se vuelve lucidez ante el arcano del poema. ...Desde entonces ya no bebo de la luna la suave claridad que nos abrace. La clara suavidad que nos abrase...: Lo lúdico retorna para darnos cuenta que nada es fortuito en el poema. ...Déjame el ENTONCES como el punto en que esta página de sed se torne un huerto afín. Dos rastros que convergen en el muro del amor. Una canción de seda que es eterna. Para ENTONCES. Sed y seda. Entonces y eternidad. La criptografía es evidente y el sentido queda develado. El vuelo del pájaro preludia su libertad, la cual es por toda la eternidad.

Sopésese detenidamente todo el poema, amigo y dilecto lector, y se dará cuenta de las diversas aristas del auto-texto. En las alusiones cabalísticas de la numerología, en la ausencia de referencias al cuerpo real de la mujer, en la anónima presencia inédita de esa mujer imaginaria, en las múltiples referencias a objetos de la naturaleza viva y muerta, en todo esto, el lector verá que nuestro poema -bajo la mirada escrutadora- no necesariamente se refiere al amor perdido entre un hombre y una mujer, sino, más bien, esa mujer fantasmal es la Muerte o -si se quiere- Satanás en persona. Una lectura bajo esta óptica nos acerca mucho más al meollo del poema. Así adquiere dimensiones alegóricas inusitadas. Pero esta muerte es una muerte vencida. Una muerte y un Diablo sin poder, pues cuando regresen sólo cenizas hallarán. El pájaro desolado vuela sin cesar, es libre y así vuela. Ha sido liberado de la Muerte y de Satanás. En ese instante oímos la voz bíblica:

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?
¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?
I Corintios 15:55.

No hay aguijón más duro que el de la Muerte y de Satanás. Y eso percibimos en todo el poema. Pero la liberación por medio de la sangre, la tumba vacía y la resurrección de Jesucristo, es un canto de victoria que no cesa. En Dios está la clave de todo el poema.

Los versos que más nos remiten a esta interpretación son los siguientes: Tu corazón no ha conocido el paraíso / porque has tomado el desierto / y no este jardín sincero / que mis manos crearon para ti. El jardín en todo el auto-poema nos sugiere el Jardín del Edén, el Paraíso mismo, el cual ha abandonado por el desierto, lejos de la presencia de Dios. El uso del verbo crear también es una pista exegética de relevancia. Otros versos que nos sugieren esta interpretación especulativa son los siguientes: Que Dios entre en tu pecho / con una lámpara sin tiempo...Acaso ya no existas, sino para arrojarte, suicida, entre mis brazos de ceniza...Tu tiempo ya pasó. Y he de morir de siete formas.  Pero tú ya nunca más podrás volar al paraíso. El último verso es explícito en lo sugestivo referente a Satanás como desterrado del Paraíso de Dios debido a su soberbia, su arrogancia y su maldad.

En la misma línea exegética, vemos que Canción Triste de Cualquier Hombre, de Jorge Castillo Fan, se entronca de modo directo a la canción en inglés de The Police, interpretada por el británico Sting e intitulada Wrapped Around Your Finger (Envuelto alrededor de tu dedo), la cual dice, en referencia a Satanás  y, a la vez, hablando a una mujer: Yo estaré envuelto alrededor de tu dedo. / Mefistófeles no es tu nombre, / pero yo sé hasta donde te atreves a llegar de todos modos. / ... / El Diablo en el profundo mar azul detrás de mí / se desvanece en el aire y tú nunca me encontrarás. /  Yo tornaré tu cara en alabastro / cuando descubras que tu esclavo es tu maestro... Estos versos son realmente esclarecedores y hasta poseen algo de la atmósfera del poema de Castillo Fan, si se sopesan con detenimiento ecléctico con afán de buscar la verdad en torno a la posible referencia a Satanás en los versos alados de nuestro aeda. Escuchar esta canción y leer el auto-poema deviene un acto similar, pues los ámbitos de sus respectivas imagos están intrínsecamente ligados.

Jorge Castillo Fan muestra su genialidad y su maestría en este poema polivalente que asumimos en sus adentros. Su dominio poético se afianza verso a verso. Sin cabos sueltos. Buscando siempre lo perfecto. Alcanzando la excelencia siempre. Para Castillo Fan va dedicado el acróstico siguiente:

Juntura del espejo con tu cuerpo.
Onza por onza tu poema es corazón puro.
Retorno a la ceniza es el espejismo.
Gira por tu mente aquel oasis del sueño.
Entronizas la palabra abismal y certera.

Cuerpo es puerta y lágrima es arena.
Aguacero, lluvia, ojos, garúa, llanto.
Sideral es la ventana en el cielo y es luna.
Todo tiene sentido en la alegoría.
Inicias el vértigo y eres todo un periplo.
La obsesión es un vaivén de dudas.
La eternidad es un ENTONCES pleno.
Orondo sacrificas las leyes y eres verso.    

Feliz es lo iniciático del remate, rima hebrea.
Augurios esplendentes, aeda, vate, poeta.
No olvides cerrar los cerrojos de la puerta.

Orlando Alcánte Fernández. –Santo Domingo, República Dominicana, 1962. Fue dos veces consecutivas el Ajedrecistas del Año de Instituto Politécnico Loyola (1981 y 1982) y en 1985 ganó el primer lugar de la Gran Copa de Colombia de Ajedrez en la ciudad de Nueva York.

Ha merecido por su trabajo literario premios y reconocimientos en el Instituto Politécnico Loyola (IPL), Casa de Teatro, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Sociedad Cultural Alianza Cibaeña, El Periódico (Reconocimiento del fenecido poeta, periodista y ecologista Daniel Martich Lorenzo), periódico El Informador del Sur (Reconocimiento del periodista Ruddy Medrando), Cámara de Comercio y Producción de San Cristóbal, Dirección General de Promoción a la Juventud, Programa de TV “Equilibrio” (Reconocimiento en el 2003 del extinto periodista Johnny Martínez González y el periodista y promotor cultural Julio César Pereyra), Fundación Hermanos Tejada, Secretaría de Estado de Cultura y Ballet Folklórico de San Cristóbal (Profesor Fernando Pérez), y un emotivo Reconocimiento de la escritora Altagracita Ramírez.

Fue profesor de inglés en el Instituto Cultural Domínico-Americano y en The English Center. Ha escrito artículos de fondo en los principales medios de comunicación escrita a nivel nacional y mayormente en San Cristóbal en un variado espectro de publicaciones periodísticas. La Enciclopedia Libre de Internet “Wikipedia” lo ha incluido como “teólogo y poeta dominicano” en el 2005 por sus aportes al pensamiento del filósofo holandés Baruch Spinoza en la definición de la palabra “Pandeísmo” en inglés. Como parte de su contribución a Wikipedia, Alcántara Fernández escribió el ensayo teológico intitulado “Omnienteísmo: DIOS Según El Unitarismo Universalista Bíblico”.

Con “Círculos Concéntricos”, ganó el Primer Premio en la Sociedad Cultural Alianza Cibaeña en 1990. Publicó el libro antológico-crítico “¡Metapoesía de Mil” en el 2003, incluyendo metapoetas de cinco países. Organizó las exposiciones metapictóricas “Imagen Lúcida” y “Doce Meta-Poemas de Jorge Peña” en Casa de Teatro y la Fundación Casa de Arte Marcial Báez en San Cristóbal en el 2003 y el 2004, respectivamente.