Edición 371

Retención del rector de la U. Nacional - El ESMAD

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Retención del rector de la U. Nacional
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Retención del rector de la U. NacionalUn cuarto de hora más tarde llegó una colección de jaulas a la entrada de la Calle 26 y cientos de motorizados rodearon la UN, formaron escuadrones y entraron al Campus. Como no había ambiente de batalla ni capuchos, varios estudiantes se arrimaron a la policía a intentar dialogar, pero desde atrás empezaron a llover insultos y protestas, algunos palos y unas pocas piedras. Hubo algunas papas, pero evidentemente la mayoría de estudiantes que había allí eran de la base desprevenida, aunque ya se habían colado estudiantes de otras universidades y otros actores de variados pelambres. 
De un momento a otro la policía soltó los primeros gases entre los extrañados estudiantes. Las motos, cada una con un ninja de escudo y palo atrás, entraron a la Universidad disparando lacrimógenos y rápidamente llegaron hasta la Plaza Che y bajaron hasta el estadio. Después entraron las tanquetas y rastrillaron el campus por los cuatro costados. Algunos estudiantes se cubrieron la cara y con palos y piedras improvisaron una pobre defensa. Los estudiantes desprevenidos que estaban todavía en  seminarios, laboratorios, cafeterías, jugando fútbol, echados en el prado descansando o haciendo el amor entre los árboles de urapán, corrieron  a salvarse por la salida de la 53, como lo aconsejaban a gritos los hombres y mujeres de chaqueta roja de Convivencia ciudadana, los brigadistas de chaleco azul, los funcionarios de derechos humanos, y los celadores internos. A la mayoría de los estudiantes el allanamiento los agarró desprevenidos.  
Algunos brigadistas, los celadores, estudiantes, profesores, y los paramédicos de las ambulancias que llegaban al campus corrían por todos lados llevando camillas, levantando estudiantes  desmayadas, reanimando intoxicados, ayudando a  algunos luxados, y finalmente huyendo porque era imposible soportar la intensidad de los lacrimógenos. La plaza Che, la rejuvenecida biblioteca, el auditorio, y las arboledas  desaparecieron entre la neblina de los gases. Las ambulancias iban y venían por el anillo vial  haciendo sonar las sirenas y llevando heridos. Los estudiantes desprevenidos saltaban la malla o se arrastraban bajo las puertas  tratando de huir torpemente, acosados por el llanto y el ardor en la cara, y frenados por  la ceguera y el vómito producido por los gases.

A correr

Retención del rector de la U. NacionalLa confrontación fue muy escasa, pero en medio de rechiflas, protestas y lamentos  la policía echó a la jaula a más de una veintena de estudiantes. Al anochecer la calle 26 estaba en calma pero seguían sonando las ambulancias y las explosiones de las granadas lacrimógenas en la 45. La plazoleta de la entrada por la 30 estaba vacía y limpia de guijarros y de vendedores: los de la arepa rellena, la pizza, el choriperro, tuvieron que huir del campo de batalla.

El tráfico de la avenida Ciudad de Quito no fue interrumpido, pero sobre el costado oriental las tanquetas arrojaban agua y gases a un numeroso grupo de estudiantes que protestaba bajo el puente; allí, en la arremetida final, otros mirones terminaron también en la jaula.
Son las 8:00pm y ya regresó la calma la Campus y a los alrededores. El concierto de la filarmónica programado para esta noche se canceló. Los celadores están ahora reunidos en la puerta de 45 haciendo balance de lo sucedido y adoptando medidas de seguridad porque la TV acaba de anunciar que el presidente Uribe viene en camino a reunirse con el rector. Algunos bares de la vecindad, que habían cerrado por el acoso de los gases, abrieron de nuevo sus puertas y muchos estudiantes están ahora sentados en el pasto y los andenes tomando Pilsen y echando los cuentos de la carrera. Todos tienen los ojos rojos y muchos hablan de la diarrea que les produjo los gases. Algunos funcionarios de la Defensoría del Pueblo y un campero de las Naciones Unidas todavía están en la calle 26. 
Hacía muchos años no había tanto agite en el campus, curiosamente a palo seco, pues prácticamente no hubo pedrea, y todo el tiempo se escucharon los gritos de profesores, estudiantes y funcionarios insistiendo en frenar un enfrentamiento: “No corran, tranquilos que no hay nada que temer”. Pero no sabían que desde Palacio de Nariño ya estaba dada la orden: la policía debía entrar a la Universidad y tratar de capturar a los secuestradores del rector. Entonces hubo pánico y carreras. ¡Sálvese quien pueda! La semana entrante ya tiene mala cara. La Universidad está cerrada hasta el próximo lunes.

Entrada la noche, el  presidente Uribe visitó  la rectoría y el sitio de los hechos, paradójicamente limpio, se refirió tangencialmente al presupuesto para la Universidad, y pidió a las autoridades que juzguen por secuestro a los detenidos. El rector Wasserman, en su declaración televisada se expresó muy molesto con su retención y mencionó que durante la acción era imposible un dialogo con los jóvenes que golpeaban el vehículo, lo madreaban y amenazaban con cuchillo.