Edición 359

Soñé que era la tierra

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Soñé que era la tierraHace 24 años presenciamos la desaparición del pueblo de Armero, y de 23.000 habitantes. Cuando se conmemora un aniversario más de la peor tragedia natural ocurrida en Colombia  recordemos con amor a sus víctimas, las vivas y las muertas. Va todo mi afecto.

Soñé que era la tierra

Que me besaban
las bocas de los muertos boca abajo;
que una niña
cercada por los granos de café
con su dedo hecho hielo  
me horadaba;
que las madres
explotaban con sus puños mis entrañas
y con sus gritos
lanzaban garfios a mi fondo
para llamar sus hijos…

Soñé que era la tierraQue me llenaba de ganado inmóvil,
de perros, de esqueletos y de pájaros
y que el tambor de un niño
seguía llamando en mí los guantes blancos
de su niño-dueño.

Soñé que me inundaba el lodo,
que las rocas y truenos
robaban mi amarillo,
mi verde,
y que a lo lejos un león rugiendo
se desprendía del rojo de la noche
y me mordía
… y yo sangraba.

Soñé que el viento
me arrancaba los árboles,
que me ahogaba el agua,
que me cubría de azufre y lamparones.

Soñé que era la tierraSoñé que un pueblo blanco
se me incrustaba en el costado:
un pueblo donde las ancianas
tejen redes y hamacas y mortajas
y mascan cigarrillos de ceniza;
donde los hombres y sus tiples
se abrieron contra el techo;

Un pueblo florecido de morado
donde los niños
no jugaron más a la golosa
y cambiaron el esconde-el-anillo
y el Materilerile
por un Ciérrate Sésamo
y el sonajero azul
por un collar de dientes y falanges.

Soñé que era la tierraSoñé que me llenaba de cuadernos oscuros,
de cadáveres de agujas y lápices,
de billares, sombreros, cafeteras y velas apagadas
y prendidas
y camas y periódicos;
y que nadie apagaba la sirena
del radio
o los televisores
y que en mí naufragaron los teléfonos.

Soñé que era la tierra
y en mí flotan
los ojos de los niños como peces;
que en mí gritan
los gritos de las madres
reventando mi capa como panes de levadura incontenible;
que soy Armero como un Gulliver
que se quedó escondido…
que se quedó enterrado
vivo.

Soñé que era la tierraSoñé que era la tierra y cuando desperté
lloraba. Era Colombia
y me duele la hierba, las peñas y los ríos,
las montañas,
el cielo con sus grises tiburones,
me duele el mapa con sus guayacanes.
Me duelen los muñones, las fosas, las banderas,
las ollas enterradas, las cucharas,
las muñecas,
la brisa, los relojes,
y hasta me duele el sol
y las estrellas.

Me duele el pecho
en todo su noviembre.