Edición 363

Desolación azul

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Desolación azulEl escritor Martín Torres sube a bordo de Buque de Papel y desde Ecuador nos trae una serie de relatos urbanos, íntimos, palpitantes como la vida, que nos acompañarán en cada edición. Le deseamos al nuevo tripulante buen viento y buena mar.

¿Alguna vez has llorado sin hacer ningún ruido, sin hacer ningún gesto? Es más o menos como sentirse un fantasma… Las lágrimas van escapando de tus más abrumados adentros como las malas metáforas de los borrachos que piensan que son artistas y de las bellísimas letras de los artistas que piensan que son borrachos.

Sentir tu cuerpo tan cansado, tan al borde del sueño… Como si estuviera bajo alguna clase de hechizo que te atonta y que evita que muevas los brazos o las piernas, como si fueras un montón de barro que salió desprendido de las manos de un artesano: abandonado a la merced de tu propia necedad, de tu propia estupidez.

Acostado sobre tu lado izquierdo para verte, logras que tus lágrimas resbalen por tu cien y se internen valientemente por tus cabellos, que se abran paso hasta tu oído para así escuchar las razones de tu llanto pues tu boca esta cerrada y no puede contarlas; evidentemente… Y si tus oídos no pueden escuchar los susurros de tus lágrimas, entonces que las mismas se internen en tu cabeza y bañen tus silencios mentales que se escuchan sobre las vibraciones que bailan a la madrugada.

Cuando se llora así no hay escapatoria, te enfrentas con tus más  oscuras y retorcidas facetas, las encaras y en el negro que se ve en medio de tus ojos, te rodean una a una para simplemente quedarse en silencio… Resulta tan paradójico que al final terminas sintiéndote “lleno de vacíos” y sientes periódicas olas de dolor en un lugar que no existe pero que queda detrás de tu nariz. Una punzada penetrante que anuncia la llegada silenciosa del llanto húmedo; ese llanto húmedo que no se exterioriza de forma sonora, ese llanto de los hombres caídos, de las mujeres que se sienten usadas, de los niños que no se permiten llorar y juran no volver a hacerlo, ese llanto de todos los vivos y los muertos, ese llanto…

Simplemente miras al vacío y mueves despacito los dedos para comprobar si sigues despierto, si sigues vivo… Se mueven… Tu mano izquierda esta echada palma arriba como una araña moribunda que mueve sus patas, las arquea y las deja quietas sobre su panza… “Es solo una prueba…” Todos duermen con los ojos cerrados, parecen muertos dormidos, pues están tan tranquilos en su torpe ingenuidad pero, ¿Qué hay de ti? Tu respiración no suena, no la sientes como sientes las de los demás e incluso no te puedes sentir presente.

¿Es que acaso estás en otro mundo? No sientes tu propia presencia como sientes la del cuerpo que está a tu lado. Entonces así se siente no sentirse… Sentirse como un fantasma, como ser una parodia de lo que no se es… De lo que es y lo que fue… ¿De lo que será? Talvez…

Alguien de repente te apagó la luz de la luna y en tu cuarto las persianas cerradas pintan tu mundo de un color azul oscuro y cierras los ojos para no ver, pero en el interior de tus párpados cerrados se dibuja la misma imagen que cuando están abiertos… Y tú que pensabas que no se podía cambiar el papel tapiz negro del interior de tu cabeza… Y tú que pensabas que no habría necesidad de hacer tanto silencio para escuchar si tu corazón sigue latiendo… Y tú que pensabas que no se podía llorar sin hacer ningún ruido, sin hacer ningún gesto…