Edición 371

Reminiscencias en estado de aislamiento

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Reminiscencias en estado de aislamientoRadiografía de la expo “La memoria decapitada”, en el claustro de San Agustín, en Bogotá. Sobrio homenaje a las víctimas de la violencia reciente en el país.

El beato ha sido fiel testigo de sinnúmero de manifestaciones de todo tipo, desde el paso inmisericorde del tiempo, hasta el arribo del nuevo diseño humano.

Reminiscencias en estado de aislamientoMe preguntaba en su momento si el destino o alguna fuerza extraña, no querrían que yo cumpliera mi labor de llegar a donde San Agustín, porque simplemente desplazarse de una parte a otra en la cuidad de Bogotá, se ha convertido en una proeza. Las bestias mitológicas a las que me tuve que enfrentar fueron los obreros destrozando el asfalto, cráteres descomunales y un tráfico infernal.

Pero allí me aguardaba con un blanco inmaculado y el reloj en mí contra, el claustro de San Agustín, en el centro de la metrópoli y que en su interior acogía una exposición de la que tenía demasiadas expectativas: la muestra se denomina simple y contundentemente “La memoria Decapitada.” 

Reminiscencias en estado de aislamientoPara empezar el museo me dejó un gran sabor en mis sentidos. Una buena distribución, un ambiente único de una edificación antigua, un libro de asistencia para ser firmado, pero lo mejor es un variado material informativo como: afiches, periódicos y folletos al servicio de los visitantes.

Ese sonido tan particular de la madera vieja cuando se pisa, habitaciones con un olor a viejo o los fantasmas que asechan  el claustro son las sensaciones a las que me encontré expuesto en mi dulce inspección.

Con unos ataques visuales supremamente llamativos, fáciles de comprender y libres de estéticas estrambóticas, la memoria presenta todo lo relacionado con el desplazamiento de la población por causa de la violencia.

Reminiscencias en estado de aislamientoLas texturas pueden ser percibidas en forma de fotografías, imágenes, audio y video que crean gran variedad, pero al mismo tiempo nos recuerdan la faceta cruda de la realidad en Colombia, pero de una forma elegante y respetuosa, sin pretensiones perversas de por medio, como la burda exhibición del escenario local a que nos tienen expuestos otros medios de comunicación.

Estas viejas recámaras comprimidas albergan en sus paredes las heridas que quisiéramos tener cautivas por toda la eternidad, con el propósito que sólo sean una muestra del pasado. Jamás olvidar, pero tomando como rehenes nuestras memorias decapitadas.