Edición 363

“Fernando” en el país de capos y prepagos

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“Fernando” en el país de capos y prepagos
La telenovela nacional
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“Fernando” en el país de capos y prepagosZona Común sigue haciendo el inventario general de lo que piensan gestores, artistas, académicos, sobre temas que pueden enriquecer el actual compendio de políticas culturales y así construir un  mejor escenario para la cultura.

En Colombia cualquier iniciativa artística o cultural sigue siendo un acto arriesgado que promueve  procesos y puede tener la fortuna de permanecer en el tiempo o ser sólo un  divertimento más. 

“El todo está por hacerse”, parece ser la sentencia de muchos entre apuestas consolidadas como el Iberoamericano de Teatro que se avecina, los festivales al parque del distrito y otros tantos con sus artífices que desde esas trincheras de la cultura enriquecen nuestra cotidianidad. 

Los dolientes en este ámbito, siguen empujando sus causas con o sin la bendición oficial; y motivando para que el debate siga abierto, para que algún día con la misma vehemencia con la que se habla de seguridad democrática se hable de sostener una política cultural que cuide ese coro de múltiples voces y creaciones que es la cultura.

Entre los distintos temas que convocó Zona Común estuvo el de la identidad que abrió la discusión sobre un tema actual y polémico: el de la telenovela nacional encantada con el universo de traquetos, capos y prepagos.

Para entender el fenómeno Luis Fernando Solórzano, actor colombiano y protagonista de “Las Muñecas de la mafia”,  hizo una recapitulación sobre la historia de la telenovela en Colombia y nos hizo mirar el aporte que este producto nacional le ha hecho a nuestra identidad.

“Mi reflexión es sobre la telenovela, ese género tan atacado, tan menospreciado por su carácter industrial y consumista, pero que realmente ha contribuido a eso de reconocernos como colombianos.

Ese proyecto de nación que al principio era excluyente no reconocía a todos lo estaban en este territorio, y la televisión ha contribuido a reconocernos. Los medios audiovisuales son un referente muy importante en la cultura de masas y generan una identificación muy rápida.

Hago un recuento para hacer más exacta esa reflexión. En los años cuarenta y cincuenta el referente audiovisual que tenia la gente en Colombia era el cine. La televisión nace en el 54  con el general Rojas Pinilla y los dramatizados un poco después.

El cine no había nacido y todavía sigue luchando por nacer. ¿Qué cine se veía en el cuarenta o el cincuenta? Era el cine mexicano, esa generación disfruto del cine mexicano como ustedes no se pueden imaginar, era Pedro Infante en su apogeo, era la época  de oro del cine mexicano y entonces comenzaron a cambiar unas costumbres en la población colombiana: comenzamos a ser unos amantes de la ranchera que se volvió parte de nuestra cultura, se daban serenatas con ranchera y no con bambucos y pasillos. Lentamente muchas actitudes de la cultura mexicana fueron permeando nuestra cotidianidad, luego llega la proyección.

“Fernando” en el país de capos y prepagosEn los setenta la televisión se hace bajo unos parámetros de telenovelas mexicanas y venezolanas con una dosis de romanticismo y dolor muy fuerte y nosotros copiábamos eso, pero las telenovelas exitosas eran las extranjeras. Las grandes estrellas eran los venezolanos, estaban Esmeralda, Los ricos también lloran y ese es un referente muy fuerte que se tenía porque los encargados de la televisión colombiana, los productores y los libretistas comenzaron a intentar hacer adaptaciones de cuentos y obras latinoamericanas sin muchos éxito y todos se encerraban en un estudio.

Se produjo La Vorágine, una tarea de  pioneros y se produce en un estudio pequeño, en Gravi,  y allí se plasmo la selva amazónica y la manigua.

La gente tenía allí cierta empatía pero no era suficiente. Entonces llegan los años ochenta y un momento muy importante de la televisión colombiana porque corta de tajo con estos modelos mexicanos y venezolanos comienza a producir una dramaturgia propia en telenovela.

Llegar lo que se llama la telenovela nacional, como Caballo viejo, San Tropel, Quieta Margarita y allí comenzó una posibilidad de la gente en Colombia de comenzar a reconocerse en su diversidad, a verse el Valle del Cauca, el llano, las montañas antioqueñas, el eje cafetero e iniciamos la apropiación de Colombia. Sin ser una campaña educativa, de alguna manera se formó esa identidad porque era reconocernos y no solamente en las historias, sino con la música comenzamos a escuchar la costeña y antioqueña, como a apreciar su vestuario y los personajes.

Los ochenta nos empiezan a mostrar un país más amplio, de colores. Empieza el concepto de la guacamaya, es decir la multiplicidad del colorido.

Luego llega la constitución del 91 y en el noventa paralelamente llegan los aportes técnicos, mejores cámaras y sonidos y viene una contribución del cine a la televisión, con escritores y directores que vienen de la pantalla grande.

Se producen series como Escalona, Azúcar, La casa de las dos palmas. La región se convierte en el background de la historia. La región empieza a ser muy importante. En Azúcar empezamos a reconocer a los afros; Escalona y el fenómeno de Carlos Vives con el vallenato que estaba a un nivel regional. Cuando llega Carlos Vives toda Colombia empieza a bailar vallenato.

Puede ser un fenómeno muy mediático y costumbrista pero hay un reconocimiento de lo que somos y a partir de allí la música empieza a cambiar mucho en nuestro país. En mi adolescencia mi referente musical era el rock. Después de Escalona empiezan a surgir una cantidad de grupos que empiezan a explorar el folklore,  la cumbia y el litoral pacífico. Si uno mira en el fondo Juanes es música de carrilera. Los músicos empiezan a generar una música más propia.