Edición 369

“Fernando” en el país de capos y prepagos - La telenovela nacional

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“Fernando” en el país de capos y prepagos
La telenovela nacional
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Esto comenzó a suceder con la televisión, porque antes de los noventa la novela extranjera estaba en el ranking de la televisión pero después de estas grandes series la gente ya no se identifica con esa producción extranjera, porque no se reconoce en esos personajes y en esos espacios y en esas historias. Cuando la televisión colombiana le comienza a mostrar personajes que existen, es cuando comienza a verse reflejado. La telenovela extranjera pasa a un segundo lugar, se coloca a las doce del día, o a las cuatro de la tarde, lo que importa ya es la telenovela nacional.

“Fernando” en el país de capos y prepagosDespués de eso viene una apropiación de lo que somos, de lo particular, tanto así que llega el punto grande de la televisión que es el año 94, con Café, que genera un fenómeno social en todo el país. A partir de Café pasamos a lo global, a ser reconocidos. A partir de esa particularidad se empiezan a abrir todas las puertas de la televisión mundial.

Después vienen los éxitos de Betty la Fea y Pedro el escamoso. Llega la telenovela urbana y es la ciudad el back ground de una historia y comenzamos a reconocer a esa urbe. Entonces, cuando somos reconocidos y cuando nos dicen vamos a trabajar con ustedes que están produciendo una nueva televisión aparecen esas empresas grandes que afuera quieren globalizar el producto. De esa manera les dicen a los  canales RCN y Caracol, cada uno por su lado, “vamos a trabajar una telenovela universal, vamos a trabajar en algo que podamos vender en todas partes”.

Es de esa manera que nosotros, como actores, que vimos que les funcionó bien Pedro El escamoso o Café, nos preguntamos por qué quieren homogenizar la cosa. Entonces comenzó algo muy atropellado, cuando a los actores colombianos nos traen una especie de “maestros” en pronunciación, pero realmente nos dimos cuenta que te querían poner a hablar en mexicano. Yo participe en una de esas telenovelas y ninguna tuvo éxito. La misma industria colombiana dice por aquí no es y sigue generando cosas de aquí particulares, se da cuenta que esa homogeneidad o esa globalización es imposible en estas áreas. La economía obliga a eso porque nos quieren globalizar todo, el mercado financiero quiere que agarremos ese modelo.

Pero este tipo de manifestaciones creativas y artísticas no se pueden. Y se ha demostrado que desde lo particular uno puede llegar a lo global. Los dos grandes artistas que tenemos que son García Márquez y Botero. García Márquez escribe unas historias que pertenecen a Aracataca a un pueblo olvidado de la costa, a una particularidad y esa particularidad se vuelve universal. Botero también con su particularidad. Y si uno va para atrás las obras de Shakespeare son lo más inglesas del mundo.

Descreo en que esa globalización vaya a permear los sectores creativos, las artes, la cultura de un pueblo porque eso que es particular tiene mucha fuerza en un mundo dado cuando ya era evidente lo del TLC.

Si hablamos que la televisión es un referente importante de identificación, se podría generar que la industria de la televisión diga que sólo se va a dedicar a hacer películas. Lo que puede pasar es que los otros canales nos acosen tanto que dejemos de producir y que los referentes sean otros. La telenovela generó una identificación a través de esas producciones que ampliaron el concepto de Colombia y llegamos a este momento en el que se producen más historias alrededor del narcotráfico y la gente se está poniendo incomoda y dice, “otra vez con eso, que jartera ese tipo de historias”.

Algunas veces pienso que así como nos reconocimos en la región, en la ciudad, también pienso que es bueno reconocerse en ese lado tan negativo que está produciendo nuestra sociedad y no hacernos los de la vista gorda, que no pasa nada, sino reconocernos adentro. Pero también hay una población muy vulnerable adolescente e infantil que puede encontrar allí ciertos parámetros. En nueva York después de la película “El rey”, o “el cartel de los sapos” no se imaginan la gente latina que lo saluda a uno en la calle y me decían no creas que producir esas telenovelas generan una mala imagen del país. Yo decía de pronto sí, pero les recalcaba que me parecía más terrible que en el Washington Post o en el New York Times aparezcan las realidades, de los desplazados y de la parapolítica.

La verdad no sé hacia dónde va esta tendencia de la producción de la telenovela”.