De Mitos, códigos y otras “sanatas”

Por: Miguel Ángel Giordano, Corresponsal cultural y deportivo , Buque de Papel, Buenos Aires Martes 23 de Marzo de 2010 16:51

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La historia en el fútbol y los llamados códigos que no son más que “sanatas”, según el lunfardo, son habladurías, confusiones, o podríamos decirles “sofismas”. Aquí un reflejo de ellas.

La palabra "mito", del griego mythos, significa historia,  cuento o palabra.

El mito es parte de la naturaleza humana y existen en todas las culturas relatos míticos que hablan de la creación del mundo y de los primeros tiempos de la humanidad. Estas historias, definen el mundo y ubican a la humanidad respecto a la creación.

Las mitologías atesoran toda la poesía y la pasión de la que es capaz la mente humana y son una alternativa de explicación frente al mundo que recurre a la metáfora como herramienta creativa. Esos relatos se adaptan y se transforman de acuerdo a quién los cuenta y el contexto en el que son transmitidos.

La sagacidad en la pluma de quien escriba ha de generar un mundo mágico y fantástico y nos elevará espiritualmente.

Otra definición de mito nos dice que  es una fábula o ficción alegórica. Y más claro aún: es un relato o noticia que desfigura lo que realmente es una cosa para aparentar más valor del que tiene (eso de que tiene mucho dinero, es un mito que se ha inventado).

Y también: es la persona o cosa que se idealiza y pasa a ser un modelo para los demás. (Carlos Gardel fue un mito irrepetible en el mundo de la música).

En su segunda acepción es “historia ficticia o personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal”.

También se emplea mito para referirse a una persona o cosa rodeada de extraordinaria estima. Y también: persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen.


Definiciones

Dentro de la historia del fútbol en la Argentina, se han instalado una gran variedad de mitos, pero que en la mayoría de los casos, son pura “sanata”.

Porque si de algo estoy completamente seguro, es que, dentro de nuestro querido deporte, existe infinidad de “sanateros” que, desde todos los ángulos de éste deporte, nos bombardean permanentemente con sus pelotudeces.

Y mucha gente, los escucha y permite que entren en sus mentes, toda una sarta de sanatas inbancables que, a veces, ni ellos mismos entienden.

Por ejemplo, uno de los mitos más difundidos en nuestro fútbol, es que antes se jugaba mejor que ahora. Y que cualquier jugador de otras épocas, hoy se haría un picnic. O que Alfredo Di Estéfano o José Manuel Moreno fueron mejores que Maradona. O que Amadeo Carrizo fue el culpable del fracaso en el Mundial de Suecia. Etc. Etc.

Uno de los mitos más difundidos, es el de la mística. Siempre se habla de que tal o cuál equipo, mantiene la antigua mística, aquella forjada en tiempos gloriosos. O también: “el equipo sacó a relucir su mística”. etc., etc.

Pero veamos qué nos dice otra vez, la Real Academia Española de la lengua:

Mística: “Experiencia de lo divino, expresión literaria de esta  experiencia. Parte de la teología que trata de la vida espiritual y contemplativa y del conocimiento y dirección de los espíritus”. “Que incluye misterio o razón oculta”.

Esos sanateros, hablan de mitos y de mística, como si los jugadores fuesen dioses del Olimpo y, el fútbol, el Oráculo de Delfos.

Código: Del latín codex, que significa: Libro de leyes o principios.
1) En la comunicación, es el conjunto de rasgos que tiene el mensaje para que pueda ser entendido por el emisor y el receptor.
2) En la informática, es la forma que toma la información que se intercambia entre la fuente (el emisor) y el destino (el receptor) de un lazo informático.
3) En Derecho, es el compendio sistematizado de normas. Por ejemplo, Código civil, Código penal o de Códigos de conducta.
4) Código, es la correspondencia que asigna a cada símbolo de un conjunto dado de números, una determinada correspondencia de otro conjunto, según reglas determinadas de conversión.
5) Sistema de signos o señales y reglas que permiten formular y comprender un mensaje.
6) Es el conjunto de símbolos que son interpretados por la computadora.

En la República Argentina, la tan gastada palabra código, es utilizada de una manera que no coincide precisamente con la etimología de la Real Academia Española. Se la usa por analogía e invadida por un claro tinte lunfardesco.

Es el códice o el código que se aprende y se enseña en la calle. Pero que no está escrito en ninguna parte. Es algo que se sobreentiende, que no necesita explicación, el que se escribe y se dice con una mirada.

Es “eso” de lo que todos hablan pero que nadie ha visto jamás y cuyo verdadero significado lunfardesco, es desconocido por la mayoría. Pero es importante hablar de él y creer o aparentar que se lo conoce en profundidad.

Porque lo esencial de tener códigos es conocerlos a todos y a cada uno  de ellos, para no quedar desairados o aparecer como un neófito en la materia.

Estos códigos vernáculos son similares en todos los aspectos de nuestras vidas cotidianas, pero lo más grave de su uso, es que están severamente contaminados de una alta dosis de falsedad e hipocresía. No denunciarlos, es tener códigos.

Un delincuente tiene códigos porque en la cárcel comparte la comida con sus compañeros de fechorías, pero no tiene ningún reparo en delatarlos cuando la policía lo detiene.

También, entre rejas, muelen a palos a un violador, pero ya en la calle,  ellos son los primeros que violan a todo el mundo cuando asaltan, secuestran o matan.

Los políticos tienen también sus propios códigos y no denuncian los chanchullos de sus pares porque ellos también son corruptos, pero en  aras de un código no escrito, respetan los territorios propios y ajenos y callan ante el delito, que siempre queda impune.

En la vida social, una infidelidad entre amigos es callada por ese famoso código cómplice. Asimismo, una hija/o, muchas veces no se entera de quiénes son sus verdaderos padres, aunque lo sepa todo el mundo. Y podríamos seguir hasta el hartazgo.

En el fútbol nuestro de cada día, muchas personas utilizan “los códigos” como una manera de vida y sin los cuales no conciben la idea de poder sobrevivir.

Los sanateros, lo primero que dicen es: “No tiene códigos”. Como si tenerlos o no tenerlos es cosa de vida o muerte y de ellos dependiese el futuro de la humanidad, o la contaminación ambiental o el hambre del mundo. La lista del mal uso de esos supuestos códigos es infinita y lo vemos a cada paso que damos.

A un jugador no le pagan bien o lo hacen a destiempo y, en represalia, va a menos ante el silencio cómplice de sus compañeros y del cuerpo técnico. Todos saben que mañana pueden ser ellos los afectados y, en reciprocidad, el resto va a callar.

Ya no importa el equipo, no importa el club, no interesa el color de la camiseta ni el sacrificio que hacen los hinchas para ir a verlos y que sufren, lloran y se desesperan por su equipo. Cada uno cuida la parcela que le corresponde.

Si un jugador es adicto a algún vicio, sus compañeros lo soportan  y lo cubren y hasta ofrecen su orina para que no se perjudique. Porque eso es lo que indica el código. Pero después, alguno va y vende la noticia a los medios.

Claro que hay códigos también entre los periodistas y los jugadores y nadie se entera quién fue el que hizo la denuncia.


Es todo un mamarracho

Y los perjudicados somos todos. Porque somos cómplices de toda esa fantochada. Eso sí, no somos buchones. Corruptos sí, buchones jamás. Pecamos de estúpidos, pero a los códigos hay que respetarlos.

En otras épocas, seguramente mucho mejores que ésta, no existían esos supuestos códigos. Existía, eso sí y muy arraigado en nuestra sociedad, el RESPETO y también, el buen gusto, la delicadeza y la ubicación. Hasta el más ignorante sabía cuándo hablar y cuando callarse la boca.

Pero claro, los códigos callejeros ganaron la partida y hoy son los que mandan en todas nuestras actividades. Todo esto es una cuestión cultural y es una grave falla de nuestra cultura.

No va a cambiar la cosa. Para nada. Y se va a agravar aún más. Porque nuestros gobernantes de turno así lo prefieren.

Hay que mantener inculto e idiotizado al pueblo para que no jodan. Recuerdo ahora, una frase del malévolo cucarachón de Göering cuando decía: “Escucho la palabra cultura y saco el revólver”.

Parece que desde la Segunda Guerra Mundial hasta ahora, nada ha cambiado en ese aspecto. Y va para peor. O no. Y puede ser que la sanata sea nuestro futuro.

*Nota del autor: Sanata: En el Lunfardo Argentino, significa hablar raro, decir falsedades como una verdad absoluta. También, se dice que es una galimatías, o sea: término usado para describir un lenguaje complicado y casi sin sentido, embrollado, lenguaje oscuro por la impropiedad de la frase o por la confusión de las ideas. Se usa cuando alguien trata de expresarse de una forma complicada. Su aplicación no tiene que ver con connotaciones de desconocimiento del lenguaje o entonación extranjera. Se refiere a las personas que inherentemente no hablan de forma clara.