Edición 353

Batallas de “El Álamo” y “La vuelta de Obligado” - Batalla de la vuelta de Obligado

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Batallas de “El Álamo” y “La vuelta de Obligado”
Batalla de la vuelta de Obligado
Un gaucho histórico
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Batalla de la vuelta de Obligado

Batallas de “El Álamo” y  “La vuelta de Obligado”Con el desarrollo de la navegación a vapor ocurrido en la tercera década del siglo XIX, grandes navíos mercantes y militares podían remontar en tiempos relativamente breves los ríos en contra de la corriente y con una buena relación de carga útil.

Este avance tecnológico acicateó a los gobiernos británicos y franceses que, siendo las superpotencias de esa época, pretendían lograr garantías que permitieran el comercio y el libre tránsito de sus naves por el estuario del Plata y todos los ríos interiores pertenecientes a la cuenca del mismo.

En realidad, el objetivo era adueñarse de todas las aguas internas de Argentina y obtener los beneficios que le otorgaría esas importantes vías de comunicación, porque era la perfecta salida al mar llevando las riquezas provenientes del Alto Perú, norte de Argentina y ciudades costeras como Asunción (Paraguay).

En 1845, a esas pretensiones de Francia e Inglaterra, se le oponía el fuerte gobierno del General Juan Manuel de Rosas que gobernaba la Confederación Argentina y, aunque el país se debatía en una interminable lucha intestina, el atropello perpetrado por las tropas anglo-francesas unió, de cierta manera, a nuestros compatriotas para impedir el avance colonialista.

El planteo imperialista era descabellado. Es como si naves argentinas quisieran navegar de prepo en el Sena o en el Támesis.

Pero, a las exigencias de los europeos, se le enfrentaba el derecho argentino a sostener el dominio de sus ríosinteriores, como inherentes a su soberanía.

Batallas de “El Álamo” y  “La vuelta de Obligado”El 17 de septiembre de 1845, el gobierno argentino rompe relaciones con Francia e Inglaterra, pues toma conocimiento de que un convoy comercial custodiado por buques de guerra, remontarían el río Paraná hasta Corrientes y el Paraguay, en una clara demostración de que no existía tal soberanía argentina sobre esas aguas.

La impresionante flota zarpa desde Montevideo en los primeros días de Noviembre al mando de Samuel Inglefield (Gran Bretaña) y de Francois Thomas Trehouart (Francia). Constaba de 22 barcos de guerra y 92 buques mercantes, entre los que había tres buques a vapor con el más moderno armamento, además de varias barcas carboneras con un cañón cada una.

El total general de tripulantes era de 3.000 hombres. El potencial bélico disponía de 418 cañones y de 880 infantes de marina.

El 8 de noviembre, la escuadra entró en el Paraná Guazú y a los pocos días les avisan que los esperaban los patriotas fortificados en las márgenes del río. Efectivamente, Mansilla había fortificado el Paso de la Ramada, el Paraná Pavón, la Vuelta de Obligado, el Paso del Tonelero, San Nicolás y San Lorenzo, en el histórico lugar.

Para evitar muertes, numerosos pobladores fueron retirados del lugar y, en algunos casos, se utilizaron sus viviendas para construir las fortificaciones.

La defensa argentina solo tenía 6 barcos mercantes y 30 cañones de escaso calibre, una dotación de 160 artilleros más el apoyo de 2.000 hombres (entre soldados y milicianos), la mayor parte gauchos asignados a la caballería, al mando del coronel Ramón Rodríguez, jefe del Regimiento de Patricios.

La principal defensa se hizo en la Vuelta de Obligado, allí hay un recodo de 700 metros de ancho en donde Mansilla hizo colocar "tres gruesas cadenas sobre 24 lanchones" e instaló al único buque de guerra, el bergantín "Republicano" al mando de Tomás Craig, con 6 cañones, que tenía como misión cuidar las cadenas que cruzaban el río.

En la margen derecha se instalaron las baterías "Restaurador Rosas" al mando de Álvaro Alsogaray; la "General Brown" al mando de Eduardo Brown; la "General Mansilla" comandada por Enrique Palacios y la "Manuelita", por Juan Bautista Thorne.

Batallas de “El Álamo” y  “La vuelta de Obligado”Al amanecer del 20 de noviembre de 1845, la banda de Patricios toca los acordes del Himno Nacional Argentino, que es coreado por todos, conscientes de que no se triunfaría y estaban preparados para morir dignamente dejando en claro la voluntad nacional.

A media mañana, el Republicano defendía a los lanchones, pero cuando se le acabaron las municiones es volado para que no cayera en manos enemigas.

Al mediodía, las cadenas resistían pero las municiones se agotaban. La falta de viento impedía que avancen las naves, por lo que toman la iniciativa los buques a vapor y va a ser el Fulton quien intente romper la defensa, pero una bala de cañón mata al maquinista y otras lo averían sacándolo de la acción. Avanza la Firebrand al mando del capitán Hope y logra romper las cadenas.

Se levanta viento y entran en batalla otras naves atacando a las baterías que apenas se resistían. A las cinco de la tarde, la Manuelita lanza su última bala y una granada deja inválido para siempre a Thorne. La falta de fuego propicia el desembarco de 325 infantes quienes encuentran a los defensores armados solamente con armas blancas.

Los compatriotas son diezmados cayendo el propio Mansilla quien es reemplazado por el Coronel Crespo que se repliega hacia las barracas. De los 2.160 combatientes argentinos murieron 250 y hubo 400 heridos. Los invasores declararon 26 muertos y 86 heridos, pero en realidad y según algunos historiadores fidedignos (sobre todo ingleses), dan que los muertos rondan los 200 (muchos fueron arrojados a las aguas del Paraná) y más de 300 heridos.

Las fuerzas anglo-francesas continuaron su avance y atacaron a toda la región litoral, sucediéndose los saqueos e incendios pero sin poder desembarcar en ningún lugar seguro; los criollos siempre les caían encima. Al cabo de un año de guerra no tenían nada. Habían fracasado.

Batallas de “El Álamo” y  “La vuelta de Obligado”La batalla tuvo gran difusión en toda América. Chile y Brasil cambiaron sus sentimientos (que hasta entonces habían sido hostiles a Rosas) y se volcaron, momentáneamente, a la causa de la Confederación. Incluso, algunos unitarios (enemigos tradicionales de Rosas) se conmovieron y el coronel Martiniano Chilavert se ofreció a formar parte del ejército de la Confederación.

El General José de San Martín, en honor a la defensa, le donó a Rosas el sable libertador y expresó desde Francia:

“Los invasores habrán visto que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca. (…) Esta contienda es, en mi opinión, de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”.