Edición 374

Burlarnos de nosotros mismos es una terapia

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Burlarnos de nosotros mismos es una terapiaEl martes 8 de junio asistí a una “obra” en el teatro Fanny Mikey, de la calle 71 con 10ª, y la menciono entre comillas porque fue más un dialogo entre actores reconocidos por su trabajo en televisión, teatro y cine que un montaje como tal.

Este evento fue realizado en la temporada de carcajadas del Teatro Nacional y que se realizó durante la semana del 8 al 11 de junio de forma gratuita, como marco de otra gran temporada del stand up comedy.

Los actores nos confesaron contratiempos en el escenario, la historia de cómo llegaron a serlo, como han enfrentado los tropiezos de la vida personal con la profesional. La fresca discusión duro dos horas y media, de solo risa, porque tienen la particularidad de reírse de sí mismos.

Como sé que muchos de los que están leyendo no fueron, les voy a indicar algunas cosas, no todas, porque tal vez no me alcance a acordar de la mayoría.

Alejandra Azcárate fue la moderadora del diálogo, la que preguntaba, la que se burlaba de los actores Luis Eduardo Arango, Julián Román,  Carlos Hurtado y Mauricio Vélez.

Burlarnos de nosotros mismos es una terapiaVélez dijo que durante la universidad solía salir los miércoles a un bar en Bogotá con sus amigos Julián Arango y Antonio Sanín donde ellos se presentaban, hasta que se tuvieron la oportunidad de actuar en teatros y no volvieron al bar. Mauricio, al ver el espacio, decidió ocuparlo y así fue como empezó a hacer monólogos y stand up comedy. Después hizo parte de una campaña de cerveza águila y poco a poco fue ingresando al mundo de la actuación.

A Carlos Hurtado, al hacerle la pregunta de cómo había iniciado en la actuación respondió que “sí estudié”. Ingresó a la actuación haciendo por mucho tiempo teatro y después llegó a varios casting para diferentes programas. “Claro, ¡Nunca he podido pasar de celador, mensajero, conductor, ladrón, el cafre de la historia, pero  la pinta no me da para ser protagonista, aunque disfruto mucho de mi profesión y de mi elegancia!

Julián Román asistió desde pequeño a los ensayos de su papá Edgardo,  y un día faltó un actor. Él lo remplazó, y aunque no le fue muy bien, le dijo al consagrado actor que quería seguir sus pasos. “Entré a cuanto taller de actuación se me cruzaba y seguí yendo a los ensayos”, recuerda.

Burlarnos de nosotros mismos es una terapiaCuando tenía 14 años ingresó por accidente a una obra de teatro donde participaba Delfina Guido y ella no le caía bien. Dentro de la obra lo distrajeron y a él se le olvido el libreto. A Delfina no le gustó el tema y al otro día lo llamó al hotel y le dijo “Julián yo soy el mundo y tu estás dentro del mundo. Ahí le dije a mi papá yo no quiero seguir más en la actuación”. Pero con esfuerzo y dedicación seguí adelante.

Luis Eduardo Arango es un reconocido actor de la televisión colombiana, él estudió y comenzó por hacer varias obras en teatro y al poco tiempo ingreso a la pantalla chica.

Nos confesó además que odia las sesiones de fotos. “Eso que le digan a uno mire para allá, baje la cabeza, sonría… ¡Pero que se vea natural…exprésese! Es muy cansón”.

Dentro de los cosas curiosas Carlos Hurtado nos contó que durante una obra de teatro donde le tocaba interpretar a varios personajes y no podía salir del escenario le dio mal de estomago. “Aguanté aguantar hasta terminar la obra, con todo y lo que eso requiere, sudar y sudar y apriete mijo, “mmmm”, no me quedaba otra”.

Burlarnos de nosotros mismos es una terapiaMauricio Vélez recuerda que cuando estaba en escenas donde le tocaba acostarse con Pamela, en las muñecas de la mafia, rogaba para no tener una erección. “Que no se me pare, que no se pare, y después de la pena que me daba el director gritó ¡corte… que se repita! Y yo otra vez haciéndome el difícil lavado de cerebro: que no se me pare, que no se me pare”.

Los cuatro llegaron a la conclusión que la actuación es una terapia para todos los momentos de la vida y que también es un trabajo muy difícil, porque no es una labor constante, por lo que a veces les toca hacer personajes sin mucha trascendencia, todo para ganar un salario.

También reconocieron que el éxito de una producción no es garantía de más trabajo, sino de un buen tiempo sin trabajo, porque entre más cotizados estén, valen más, y a las programadoras no les conviene pagar lo justo.