Edición 363

Adiós al gusano - CAPÍTULO 18…

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Adiós al gusano
CAPÍTULO 18…
El prócer del mal
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CAPÍTULO 18…Llegó el desmembramiento y cierre definitivo.

Adiós al gusanoLos cambios, como todos los operados en medios de comunicación, son trepidantes, pero los de Radionet se venían cocinando desde hacía tiempo atrás.
El medidor que indicó el cierre definitivo lo constituyó el traslado de  Caracol Radio a su edificio inteligente de Chapinero, al norte de Bogotá. Según cuentan los dos periodistas que quedaron, de los más de 120 que comenzaron, y quienes elaboraron el último boletín de noticias de la historia de Radionet, se los informaron de la siguiente manera: tan sólo se hicieron estudios radiales en las nuevas edificaciones para 18 emisoras del sistema, cuando en realidad, hasta esa fecha, casi mediados de 2004, veintiuna emitían al aire, entre ellas Radionet. El cierre se veía venir.
Radionet comenzó a cerrarse, a acabarse cuando mataron a Jaime Garzón. Ahí Yamid comienza a perderle el amor a Radionet, a demostrar esa pérdida de amor. Yo insisto mucho en que él dejó sólo a Radionet. No sé qué piense él, pero con el asesinato de Jaime se desenamoró de la emisora. Ya no era el mismo en cabina. A él le faltaba el alma. Nunca volvió durante año y medio, hasta el último día en que estuvo al frente, en septiembre de 2000, cuando Caracol radio la absorbió totalmente. Yamid ya no fue capaz de enfrentar una cabina sin Jaime Garzón. El grupo Prisa tampoco estaba interesado en Radionet.
-Flor Ángela ¿recuerda cuáles fueron las noticias de ese último boletín de noticias, el 31 de mayo de 2004?
El último fue un informe con Iván Cepeda. Ese día había un encuentro del Comité de Víctimas de Crímenes de Estado…
Hablé sobre la desaparición del líder indígena Kimi Pernía Domicó, quien encabezó la toma del Ministerio de Ambiente, antigua embajada gringa en Bogotá. Se cumplían ese día tres años de la desaparición del indígena. Esas fueron las dos últimas…
-¿Cómo fue enfrentar el darle punto final e irse?
Yo tengo dos hijos y Radionet era como el tercero. Verlo morir fue como enterrar a uno de ellos.
Cuando a mí me pasaron la carta el 15 de mayo, y que íbamos hasta el 31, fueron 15 días de padecimiento. Yo escribía con el alma esos boletines, le ponía todo el sentimiento. Y Judith Cepeda los leía con todo el amor. Ella le ponía la voz a esos boletines y siempre nos despedíamos. El último día fue echarle la bendición. Despedirse de ello fue como echarle una palada de tierra a esa tumba. Fue muy duro.
Claro, me quedaba sin trabajo, pero ¿cómo Colombia dejaba morir un medio tan importante cómo ese?, ¿cómo no se daba cuenta de que estábamos perdiendo la democracia? No hay ningún medio, ni ha existido, ni siquiera que se acerque un poquito, a la democracia que manejaba Radionet en la información. Yo enfrentaba comentarios hirientes como “Mentironet”. Muchos colegas gozaban con el cierre de Radionet y me mortificaba mucho. No sólo era cerrar un medio, era hacerlo en mitad de un capítulo negro de la historia del país. Cerró cuando más se necesitaba pluralidad en la información, en contar la historia real del país, como cuando se desmovilizaban los llamados paramilitares.
-Cuéntenos ¿cuál fue la última chiva de Radionet?
Cuando los paramilitares secuestraron a Piedad Córdoba y a Zulema Jattin. Yo aprendí a chatear con las Farc. No tenía correo electrónico y César Moreno me ayudó a abrirlo y me enseñó a hacerlo.
Cuando las secuestran el Ministro del Interior de la época, Néstor Humberto Martínez se fue a hablar con los “paracos” y las Farc  se molestaron muchísimo: que “cómo así que  cuando se buscaba el desmonte de los paramilitares, el gobierno se iba a hablar con ellos…”.
Me escribió un guerrillero que según las noticias mataron hace varios meses y se llamaba Felipe Rincón, “el costeño” o alias “Trompaebuque”.
Él era mi fuente y me dijo que había que hablarse con Andrés París, que me tenía una noticia. Y me acuerdo hasta de su correo que era Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla .
Le escribí, me presenté como periodista. Y así hubo contacto con ellos, estrictamente para la información del avance del proceso, y cuando ya no teníamos recursos ni independencia administrativa.
Me dijo a través del e mail, “Mire, nosotros le tenemos a Radionet una chiva, pero más que una chiva es una cabra”.
Cuénteme -le dije- pero para que la tuviéramos debía ir al Caguán. Ya no viajábamos, no teníamos plata para nada. Insistió en que era una noticia-cabra.
Le rogué a Hernán (Estupiñán) mañana y noche, durante una semana y él era reacio. Que si nos iban a dar una noticia era fácil, teléfono y al aire. No había que ir al Caguán y menos en medio de tanta incertidumbre por ese proceso que no arrancaba y menos sin recursos propios como empresa o emisora.
Le escribí de nuevo y le dije que no se podía por falta de recursos, pero le pedí que por lo menos nos diera un dato sobre qué se trataba. “Bueno –escribió- le voy a dar un avance, pero el resto tiene que venir acá”. Sólo un adelanto y que se manejara con el sigilo propio de estas situaciones.
Escribió “congelación”. Insistí con Hernán y ahí ya hizo de todo para irme al otro día. Era viernes. Sólo hasta el sábado a mediodía tuve el pasaje, alisté maleta, corrí al aeropuerto y hacía cinco minutos me había dejado el avión.
Aquí, en el aeropuerto Eldorado, no podía decirle a Hernán que me había dejado el vuelo. Así que averigüé y con el mismo pasaje volé hasta Florencia. Allá llamé a mi hija, le conté lo sucedido y que se contactara con la señora Olga, que nos cocina, cuya hermana vive en la capital caqueteña. Que me fueran a buscar porque yo no conocía nada ni a nadie.
Allá llamé a Los Pozos y me dijeron que ya no podía viajar hacia Villanueva Colombia, el corregimiento de San Vicente, sede de los diálogos con el Gobierno, porque a las cinco de la tarde la guerrilla cerraba el paso a todo lo que se moviera entre carreteras. Que me fuera al otro día.
Amaneció, pero como yo soy montañera, nunca había visto un guerrillero en la vida. Yo hablaba telefónicamente con todos ellos, los del Secretariado o los del Eln, pero nunca los había visto presencialmente. Y me voy con mi vestido, con el que parecía misionera.
La hermana de la señora Olga me prestó plata para el taxi para ir hasta el Caguán, porque los cajeros electrónicos no funcionaban. Había caído un aguacero que dañó todas las comunicaciones bancarias.
Llego a San Vicente y pregunto por Andrés París en la casa de la cultura del pueblo. Me dijo que tenía que ir hasta Los Pozos, distante a 4 horas en vehículo por unas trochas tremendas. Y cuando voy a sacar plata del único cajero electrónico del pueblo, éste tampoco servía.
No tenía un peso. Me tocó de nuevo ir a la casa  de la cultura y volver a llamarlos y preguntar que qué hacía. París dijo “pues tráiganla en una camioneta”.
Cuando llegué a Villanueva me sorprendí porque no había ningún periodista más. Estaba buscando al flaco Felipe Gómez, en ese entonces en Caracol y lo necesitaba porque Hernán Estupiñán me dijo que me pusiera en contacto con él, o con Érika Fontalvo, que trabajaba en el Canal Caracol de televisión.
Al momento llegaron los del secretariado, París, Alfonso Cano y Simón Trinidad. Me presenté y dije que venía de Radionet y me dijeron que la noticia que me iban a dar sólo la podía echar hasta el martes: y era domingo.
Bueno, ya en materia, pregunté que cuál era la noticia y me sueltan que “tenían congelado el proceso de paz desde hacía 15 días esperando a que yo llegara. Es que todos queríamos conocerla”. Eso me dio susto, pero al momento dijeron que era la periodista de uno de los mejores medios que tenía el país y que informaba equilibradamente sobre el proceso de paz.

Llamé a Estupiñán y le conté. Casi me saca al aire y me tocó insistirle en esperar hasta el martes. Entonces me pidió que buscara más noticias. En ese entonces las Farc mantenían al Putumayo en un bloqueo económico y de movilidad enorme y desde hacía un año. Allí me enfoqué. Cano habló del tema, me dieron otros  pronunciamientos. Era noviembre de 2000. Me la pasé echando noticias y los periodistas no aparecían. Los jefes llamando a sus trabajadores y ellos andaban en una rumba y en un asado el hijuemadre, en una finca.
El martes llegaron a Villanueva. Vi a Érika que de una se sorprendió y me preguntó que qué hacía allí. Le respondí que esperando a ver qué noticia salía ese día. Me insistió en que no había nada. Al momento llegó el Comisionado de paz, Camilo Gómez. Le dije a Felipe Gómez que se quedara conmigo que iba a salir una bomba. Él no lo creyó. De inmediato los colegas entrevistaron a Camilo Gómez, quien no dijo mayor cosa. Una vez adentro del salón lo vi manoteando y vociferando  con los guerrilleros.
Yo estaba muy nerviosa. El santo y seña para poder echar la noticia era que París se levantaba y se quitaba la gorra. Al momento de hacerlo llamé enseguida y echamos el extra. “Atención, congelado el proceso de paz…”.
Los colegas me querían matar, no sabían qué hacer. Estaban chiviados y sorprendidos. Yamid llamó a Érika, que alegaba que no se había congelado ningún proceso. El flaco Felipe también estaba histérico. Hasta que me llamó Carlos Ruiz que dirigía el servicio informativo de  Caracol radio en ese entonces y me dijo “Flor Ángela, deme la noticia”. Le dije que no, que para eso tenía a su reportero. Entonces le presté la grabación, pero el flaco no daba pie con bola, no sabía qué había sucedido, ni por dónde enfocarla. Y todo eso pasó en un santiamén.
En eso Érika entró a la sala de reuniones dando patadas a las sillas e insultando, “que qué pasa aquí”, gritaba. París estaba en directo en Radionet y la sacó. “Me hace el favor y se sale que estoy hablando” –le dijo.
A ella le provocaba mechonearme, arrastrarme. Armé la hecatombe con la primicia y me vine a la una de la tarde para Bogotá. Allá se quedaron ellos en medio de ese caos y agarrados de las mechas. El resto fue historia. Fue la primera y única vez que fui al Caguán.
A propósito, recuerdo una anécdota allí en ese laboratorio de paz que no funcionó:
Ese fin de semana, antes de la chiva, había un encuentro de universitarios con las Farc y los tenían marchando marcialmente con su palo de escoba al hombro, como si fuera un fusil.
Y había un muchacho que no sabía cómo. Y el Mono Jojoy le dijo a grito entero en medio del grupo… “fulano de tal, si como marcha culea, por eso es que no tiene novia”.
Esa y otra vez en la construcción de un puente fueron las únicas veces que lo vi. Nunca hablé con él. (Herrera-2009)