Edición 372

Un ataque fulminante, apenas se despertó

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Un ataque fulminante, apenas se despertóLos nervios invadían la unidad de emergencia del pequeño hospital José Formenti de El Calafate a las 9:15 de la mañana del pasado miércoles. Desde hacía una hora 15 médicos, entre ellos dos cardiólogos y cuatro terapistas, hacían lo imposible para sacar a Néstor Kirchner del estado de paro cardiorrespiratorio con el que había ingresado a las 8:05. Pero a esa ahora se dieron por vencidos.

 Según pudo reconstruir LA NACIÓN, Kirchner ya se había levantado ese mismo miércoles, cuando lo sorprendió el malestar en el pecho. Estaba parado y se desmayó. A las 7:55, desde la residencia se pidió una ambulancia, a la que apenas le llevó minutos recorrer las 15 cuadras que separan el hospital del domicilio del matrimonio presidencial en el barrio Las Chacras.

Al llegar, los médicos le hicieron la primera reanimación. Ante la falta de respuesta, no se dudó en subirlo a una camilla y llevarlo al hospital. El ex presidente ingresó en camilla en estado de paro cardiorrespiratorio, con la Presidenta pegada a él. "Hicimos trabajo de reanimación cardiopulmonar básica y avanzada por más de una hora", confió un médico que formó parte del operativo de resucitación. A las 8:30 había ya un gran revuelo en el hospital de El Calafate cuando empezaron a trascender las primeras informaciones de la internación.

Aún no eran las 9 cuando el gobernador Peralta solo, sin custodias ni chofer, partió raudo a El Calafate en su camioneta. Lo mismo hizo el hijo presidencial Máximo Kirchner, que estaba en Río Gallegos.

Un ataque fulminante, apenas se despertó"Estaba un médico presidencial", aseguró una fuente del hospital de mediana complejidad de El Calafate, que, si bien es sencillo, cuenta con una unidad de emergencia con todos los elementos para hacer una reanimación de esas características. "Estamos trabajando, tratando de sacarlo", confirmó el jefe de la unidad médica presidencial, Luis Buonomo, desde Buenos Aires, a un funcionario santacruceño. Eran las 9 de la mañana. Las llamadas entre El Calafate y Río Gallegos sólo traían malas noticias. A las 9:30 la muerte del ex presidente era una versión que nadie se animaba a confirmar desde El Calafate. El sistema de comunicación del gobierno provincial y el nacional estuvo mudo durante varios minutos.

En El Calafate la noticia se expandió en minutos. Los vecinos llegaban al hospital en busca de noticias, tal como hizo el diputado Jorge Arabel, que vive a una cuadra. La sobrina de Kirchner y fiscal de El Calafate, Natalia Mercado -hija de la ministra Alicia Kirchner-, fue el único familiar directo que acompañó a Cristina Kirchner en los minutos trágicos que siguieron al fatal desenlace. A media mañana ella decidió que el cuerpo de su marido debería regresar a la residencia, y allí esperó la llegada de su hijo, Máximo.

Política y negocios

Un ataque fulminante, apenas se despertóKirchner había llegado el sábado a la tarde a El Calafate desde Río Gallegos. Esa mañana había sorprendido a más de un parroquiano que lo encontró en el café del hotel Santa Cruz junto con el secretario legal y técnicp de la Presidencia, Carlos Zannini. Hacía solo dos semanas que, en un acto en el Boxing Club, había prometido volver a fijar su domicilio aquí. El sábado tomó un café con Zannini en la mesa de siempre en un rincón de la confitería ubicada a menos de una cuadra de la gobernación. A la tarde, partió junto con la jefa del Estado a El Calafate sin asistir al acto del 28° aniversario de la unidad básica que catapultó a Zannini y a su ex chofer y amigo entrañable Rudy Ulloa Igor.

A Ulloa lo volvería a ver el martes, en la última noche de su vida, en El Calafate. Junto con el empresario Lázaro Báez compartieron una cena en la residencia de los Kirchner. La sobremesa incluyó charlas de políticas y también de obra pública, según algunas versiones. Otras dicen que por momentos tuvo un tono más fuerte de lo común. Algunas fuentes indican que había discutido por teléfono con Hugo Moyano.

Mientras tanto, ayer por la tarde, aquí, en su ciudad natal, se vivía un clima de estupor por la noticia. En el cementerio municipal de Río Gallegos se realizaban arreglos y revoques en el panteón de Carlos Arturo Kirchner, el tío del ex presidente. Su hijo, Carlos Kirchner, actual secretario de Obra Pública de la Nación, ya había dado el visto bueno desde Buenos Aires para que se alojara allí el cuerpo de su primo.

Quien fue el hombre más poderoso de la Argentina de la última década no tiene panteón propio. Quizá por inquietud, quizá por haber empezado a escuchar las fuertes señales que le dio su cuerpo el último año, después del último episodio que vivió el 11 de septiembre había iniciado el trámite para adquirir un predio propio dentro del cementerio municipal y construir el panteón familiar allí. El cuerpo de su padre se encuentra en un nicho común y hacia allí lo quería trasladar Kirchner.