Edición 363

La diferencia es el precio de los juguetes

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La diferencia es el precio de los juguetesMuchos podrían pensar que aquella esquina de la calle 74 es el lugar donde fue a pasar sus últimos días ese Opel Olympia verde militar que se ve en el absoluto abandono. El auto, que seguramente cruzó orgulloso las calles, parece ahora destinado a corroerse, víctima del inclemente clima que lo golpea diariamente: lluvia, sol, vientos fríos y húmedos. Sin embargo, seguramente su futuro no será tan terrible.

Manuel Duque es parte del consejo de la asociación que decide si un vehículo “antiguo” puede o no ser acreedor de la placa azul que lo identificará como “clásico”. Fue piloto de carreras en su juventud, y posteriormente convirtió los carros en su ‘hobbie’. “Uno, con los años, tiene que dejar el deporte ¿Y qué hace uno para pasar el tiempo? A lo mejor, tener un carro antiguo; es fácil, tranquilo, uno puede salir los fines de semana con la señora; ese puede ser un hobbie…”.

¿Por qué alguien se puede meter en el mundo de la colección de autos antiguos? Las justificaciones son diversas. Afectivas: por el auto del abuelo, por el del padre, el del hijo, del nieto, aquel en el que llevaron a la boda a la hija del nieto, es un decir.

También están las personas que los tienen como capital activo: los compran, los arreglan, y los dejan como negocio. Unos más, como Duque, por orgullo. Su Opel, asegura, es un carro “único” en el país. “De estos casi no hay”. Sin embargo, adquirirlo no fue tan difícil. Su compra fue casi como un intercambio de juguetes entre niños. Lo recibió de otro coleccionista que salió del Olympia “por cuestiones de espacio”.

La diferencia es el precio de los juguetesUn coleccionista puede tener una gran variedad de vehículos parqueados solo por el placer de tenerlos, sin siquiera conducirlos, como un niño que apenas  utiliza sus juguetes. En este caso el Opel fue el último en llegar y, a pesar de que realmente no es muy común, llegó cerrando fila en la colección y, comparado con los otros, asegura Duque, era el menos bonito, el menos interesante, por lo que quedó al final de la lista de remodelación.

No le faltan méritos. Es un carro alemán, modelo 1.957, motor de 1.3 litros, verde militar; el cual, por las largas noches, el descuido y el abandono, ahora es un verde mate corroído. La idea de Manuel es arreglarlo, como hizo con otros carros antiguos que conforman su propia colección, en su mayoría Mercedes. Por el momento el Opel luce más como un juguete que cumplió su cometido y quedó olvidado en un rincón; sin embargo, Duque asegura que, por más abandonado que se vea un carro es como un hijo: “uno no puede decir, a este sí lo quiero, y a este no”. Por eso a todos los “arregla”, en todos invierte tiempo, porque al final, es el estado del automóvil el que hablará por él.”Con un carro antiguo mal arreglado queda uno como un pobretón montado en una chatarra, contrario a si el auto está en perfectas condiciones; da prestigio mantener un antiguo en condiciones originales”.

Aunque del dicho al hecho hay mucho trecho, como se diría popularmente. No son muchos los autos, por más antiguos que sean, que terminan convertidos en piezas de colección. La verdad, la mayoría sólo reciben el olvido de quienes los conocieron, de los pocos que saben que se trata de un vehículo con más de 50 años de existencia, y que muchos ven solo como la chatarra abandonada en la esquina de la 74.

La diferencia es el precio de los juguetesMuchos de los vehículos cuentan una historia, como el Mercedes que fue de la abuela de la esposa de Manuel. Esos autos con historia tienen un valor afectivo muy importante. Otros, son valiosos por su valor económico, como el ‘mechitas’ que fue de un ex presidente, y que, tras su proceso de restauración, tiene un valor aproximado de mil millones de pesos.

Las historias son muchísimas y pueden ser muy distintas, pero en el frío caso de este Opel Olympia no es más que el capricho de un niño adulto que vio un auto de una generación que conoció en la juventud y sencillamente hizo lo que cualquier pequeño haría; “te compro tu Opel, o te lo  cambio por uno mío, pero quiero tener tu automóvil”. Sin embargo, tras la emoción del primer momento, tras acabarlo de comprar, puede terminar en el rincón de los juguetes antiguos y olvidados, que algún día sacará de nuevo para organizarlos, dejar los que más le gusten y desechar los viejos y dañados.

Esa es la historia de los juguetes de los adultos, costosos, duraderos, pero juguetes. Quizá sí haya el favorito de la colección, todos tenemos uno. Quizá no fue el caso del Opel, pero por lo menos no fue chatarrizado y desterrado en el olvido al que iba a ser condenado por su antiguo dueño, quien lo tuvo por casi diez años.

Explicaciones para esta pasión hay muchas. Salir los domingos, o encontrarse con los amigos coleccionistas para ir a pasear en sus carros antiguos sólo con el fin de mostrarlos, es quizá la más básica de las razones. Pero en el fondo… Ojos vemos, corazones no sabemos.