Edición 364

La segunda novela de una trilogía de William Ospina

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William Ospina, escritor colombiano

Redescubrir nuestro pasado histórico, que pasa por el mito y la constatación del horror es el objetivo central de la trilogía en la que está empeñado el escritor y pensador colombiano, William Ospina.

Luego de leer las desventuras de Pedro de Ursúa, una enigmática figura de un conquistador español de “las indias”, y a quien le pasa de todo, llega ahora El país de la canela, el recorrido por el Amazonas buscando la motivación del primer viaje de Colón: las especias de oriente. La trilogía culminara con La serpiente sin ojos.

William Ospina el autor de esta saga no estuvo para entrevistas pero sus mismas palabras y trayectoria nos abren a su mundo literario.

La presencia de Ospina en el ámbito de las letras podría calificarse como una voz aglutinante, que habla para todo el mundo con la claridad del investigador, pero al mismo tiempo, alguien que sabe usar su talento de poeta para que las ideas sean también música. Alterna su labor de escritor de novelas con la de columnista, ensayista y poeta, pero en el fondo de todo ese trabajo habita el mismo pensador que tiene la certeza de que Latinoamérica está llamada a protagonizar la historia contemporánea.

Sus 18 años dedicados a explorar en las llamadas “crónicas de indias”, en los textos de Juan de Castellanos, en la historia de la conquista, le han permitido a través de la invención literaria traernos la epopeya de la conquista. Sus ficciones que le dan voz a quienes hicieron parte de ese proceso sangriento, hacen sentir que esos personajes son sólo polvo y ceniza, como seguimos siendo nosotros, sus descendientes. Además, le da importancia a un protagonista que determinó en mucho esos procesos de puja, guerra, e imposición: la naturaleza.

Lo sucedido hace más de quinientos años parece haberse prolongado hasta este siglo. El intento por separar unos mundos civilizados y otros tildados de “bárbaros” que ya no son enfrentados con espadas, perros, y pólvora, sino con tanquetas de la policía antimotines como con la movilización de los indígenas del Cauca hace semanas, parece que todavía hace parte de la mentalidad de quienes no se atreven a indagar y dialogar con el conocimiento ancestral de nuestros aborígenes.

Las conferencias y entrevistas de Ospina dejan resonando muchas de sus frases. Que su literatura ha intentado narrar una ilusión, la ilusión de hombres que saliendo de las tinieblas del Medioevo, el sólo olor de la canela les sugería algo más vital fuera de sus tierras. Que con el encuentro de América el lenguaje debió sacudirse para poder mencionar lo que no existía. Y que es posible frenar esa incapacidad de tener una relación más sagrada con la vida y naturaleza legado de la conquista española.

Terminado el lanzamiento y presentación abrí su novela, allí tenía una dedicatoria que invita a la lectura de su nuevo libro: “Con afecto, esta búsqueda de algo inexistente para encontrar lo más real”. ¿Lo más real habrá entonces que buscarlo en las entrañas de nuestras montañas, selvas y valles? ¿Y nosotros pasajeros de este Buque y de la vida, sólo somos algo efímero entre una vieja costumbre a la guerra y la destrucción?