Edición 363

La fuerza invisible de Destruction es el trabajo

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La fuerza invisible de Destruction es el trabajoVer a las moles alemanas de Schmier (bajista y voz líder) Mike Sifringer (guitarra) y Thomas Sandmann (batería) en la sala de las ruedas de prensa de Rock al Parque 2011, luego de su presentación en el escenario principal, no deja de ser impactante por la sencillez y cariño que irradian.

La fuerza invisible de Destruction es el trabajoSi se mira la hoja de vida del trío, considerado el padre del metal en Alemania, y sus 30 años de trabajo daría para pensar que son estrellas, verdaderas rockstar que bajaron del cielo a nuestra Bogotá. Pero no. Son unos tipos gigantes, en físico, y enormes en sencillez. Verlos respondiendo todas las preguntas, con traductor incluido, o los que se aventan a hacer el interrogante en inglés (creo que es mala educación de los sabiondos para con los colegas que no lo saben, así digan que hay que aprenderlo), firmando autógrafos o poniendo cara de malos cuando les enseñan una cámara, para luego volver a ser ellos, destruyendo el mito.

La fuerza invisible de Destruction es el trabajo¿Pero cuál es el éxito?,  ¿Cuál es esa  “Invisible force” (título de uno de sus temas) para mantenerse vigentes?, preguntó Buque de Papel.

“La fuerza invisible ha sido la dedicación al trabajo durante 30 años y que nos ha permitido rodar tanto tiempo y lograr tantas alegrías con la música. Así que si lo piensas, no es tan invisible, es esa dedicación a hacer lo que te gusta”, dijo Schmier.

La fuerza invisible de Destruction es el trabajoBien, estos grandulones dieron una lección de metal a todo el parque. Luego de la espera, muchos de los chicos contra las vallas movieron sus cabezas y melenas y se apretujaron, gozando a su modo, las notas trepitantes y veloces de la guitarra con cuernos de Mike Sifringer (el diapasón termina en esta forma). Ni hablar del doble bombo de la batería de Sandman que retumbaba en las cabezas y cuerpos de los asistentes.

La fuerza invisible de Destruction es el trabajoAl final, Schmier se molestó porque no le prendieron una “fucking” luz del escenario cuando terminaron, porque querían ver de cerca a su público. Luego de su protesta germana, bien expresionista, encendieron los focos y se dedicó a tomar fotografías de las más de 90 mil personas que esperaron todo el día y tal vez toda sus vidas metaleras, a estos dioses del género. Ya más calmado, en la rueda, Schmier destacó la existencia de Rock al Parque, porque dijo no creerlo aún, que sea un festival gratuito para la gente, ya que en su vieja Europa todo vale, se cobra y nunca se ha hecho un certamen de esta magnitud, al “gratín”.

“Lo único es que la gente está muy apartada, muy lejos de la banda. A nosotros nos gusta tenerlos cerca y sentirlos. Ahora, también hace falta algo de alcohol. No nos dejan tomar nada (risas)”, concluyó.