Edición 363

Muriendo con los Kennedys

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Muriendo con los KennedysLas masas se movían con fervor, y caminaban ansiosamente, pues por alguna razón, los Dead Kennedys comenzaron a tocar a eso de las 7:15 de la noche  (media hora antes de lo previsto), y los únicos que teníamos ese dato, éramos los periodistas que entrabamos a la zona de prensa.

Opté por verlos en el calor del público, y aunque también llegué tarde, cuando los observé en el escenario, algo de mí se quebró, la banda que desde finales de la década de los 70 había comenzado una revelación punk, mezclada con ritmos del “surf rock”, estaba tocando en Bogotá, ahí al alcance de los ciudadanos.

La agrupación que tocó en el Simón Bolívar había sufrido cambios de integrantes, debido a problemas clásicos de las bandas, y que desde los inicios y tiempos antiguos de la era del rock, han separado bandas. Jello Biafra, el vocalista con el cual comenzó la banda había desertado, y en su lugar, Ron “Skip” Greer, tomó el micrófono en el Simón Bolivar, y la batería esta vez la tocaba D.H Peligro, un hombre negro fornido, que en algún momento del concierto dio un discurso sobre los sufrimientos de las negritudes, en la sociedad consumista que tanto repudiaban en sus canciones.

Muriendo con los KennedysKlaus Flouride seguía tocando el bajo, y aunque ya entrado en años, seguía siendo el punk rocker de los 70, y East Bay Ray, el guitarrista original de la banda, clasificado como uno de los mejores del mundo por marcar un hito en la historia del rock n’ roll con su estilo original. Ambos eran los únicos miembros que permanecieron en la banda, y que 30 años después pisaban suelo colombiano.

“Para nosotros es increíble y todo un honor estar aquí en Colombia, tendrías que estar loco para no estar acá”, dijo Flouride en la rueda de prensa que dio después del concierto.

Se lucieron en su presentación, y aunque no todas la canciones eran conocidas por el público, el escenario “Arco” estaba totalmente lleno y abarrotado de gente, donde se distinguían  sobretodo, una gran cantidad de punks con sus crestas paradas, y disfrutando del buen show que los Kennedys dieron.

Muriendo con los Kennedys“Desde pequeño quise tocar y ver a tanta gente como la que acudió hoy, es interesante esparcir nuestro mensaje en este tipo de festivales”, aclaró  Flouride, impresionado por la cantidad de gente que los fue a ver.

El ambiente estaba cargado, D.H tocaba la batería con fuerza, la guitarra de Ray y la voz de Skip, hacia que el aire en el Simón Bolívar se electrizara, cuando ejecutaron canciones conocidas como “Kill the poor”, Too Drunk to Fuck” o “Police Truck” los diferentes “pogos” que se hacían se llenaban de gente que al ritmo de estas canciones bailaba el inolvidable signo de protesta.

Sin embargo hubo dos canciones con las cuales Dead Kennedys movió totalmente a las multitudes en Bogotá, la primera: “Nazi Punks Fuck Off”, una movida y sonora tonada, que mostraba el odio y el desprecio al nazismo, y a los movimientos juveniles que se presentaron muchos años después de la caída de Hitler. Vi a muchos alzar las manos mientras con repudio les decían a los nazis “Fuck off”. La otra canción fue la que quizás la mayoría de las personas conoce, pues hizo parte del videojuego “Guitar Hero 3”, y se ha vuelto un icono en el “rockabilly” por sus riffs de guitarra: “Holiday in Cambodia”; fue la penúltima canción que tocaron, en una versión adaptada para que el público se divirtiera y disfrutara más los momentos de ansiedad previos a la canción.

Muriendo con los Kennedys“Aunque tuvimos las diferencias con Biafra, la banda se reunió, y hemos tenido dos cantantes, cada uno con su propio estilo, y lo que importa es que el mensaje se sigue dando, y que nosotros seguimos tocando, en el mundo hay muchas cosas que están mal, que a veces pierde el sentido lo que hacemos, sin embargo lo seguimos intentando”, me contestó Klaus, mientras, nervioso por haberle hablado y preguntado por la costumbre de oír a Biafra cantando, temblaba mientras que el sonreía.

Traté de entrevistarlo después, pero un anillo de seguridad de los de logística nos separaba, Los Kennedys se iban, y yo, simplemente salí feliz por haber muerto un poco al haberlos visto.