Edición 359

La lengua es un regalo de los dioses

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La lengua es un regalo de los diosesEn cuestión de minutos nos vimos rodeados por un mar de gente, en más de una ocasión un hombre o mujer tuvo a su suerte arrollarnos. Impelidos pero emocionados, esperábamos inquietos a Los Toreros muertos.  La mítica banda española que no venía hace más de 20 años, el impertinente trío que con sus letras jocosas e hilarantes ha conseguido mantenerse en vigencia, conservarse intacta en la mente de quienes escucharon hacia el 86 el glorioso “Yo no me llamo Javier” y aún se ríen de la graciosa letra.

Aunque las personas se extendían por lo que parecían ser kilómetros y kilómetros de distancia, todos adoptaron la misma posición de espera: un gesto de ansiedad, una aguda espera por los grandes, por los Toreros.

La lengua es un regalo de los diosesSilencio absoluto… Y el sonido del piano. Luces destellando, iluminando el escenario y al público, gritos aclamando, manos al aire y que comience la fiesta.

Su presencia estremeció al Simón Bolívar, fuimos todos los que exhalamos un suspiro al verlos. Claro. El tiempo sin duda ha pasado para ellos, y aunque el malogrado devenir ha marcado sus cuerpos, su alma de roqueros prevalece.

A todos nos arrancaron una sonrisa con sus inconfundibles y cómicas letras. Pero también con las lacónicas frases que, de cuando en cuando, Pablo Carbonell pronunciaba en medio de sus canciones. 

La lengua es un regalo de los diosesPor supuesto cuando Los Toreros interpretaron los temas más conocidos,” Mi agüita amarilla”, “Yo no me llamo Javier”,  “Pilar”, el público se vino abajo, todos cantaron a voz en cuello o por lo menos tararearon las famosísimas melodías…

Sus letras son como para desternillarse, ¿de dónde surgirá la inspiración para semejantes versos?, ¿tendrán un origen igual de cómico que la misma letra?, ¿O serán simples chispazos? ¿Será como lo creían los antiguos romanos que la inspiración es un regalo de los dioses?

En un conversatorio horas previas al concierto, en el que estaba presente Pablo Carbonell, voz de los Toreros y ante la inquietud de dónde surgió la inspiración para escribir sus canciones respondió que Yo no me llamo Javier y Pilar están inspiradas en personas que conocieron y que suscitaron esas curiosas canciones. Pero que por ejemplo Dejadme llorar tiene una influencia ciertamente literaria aunque no la reconocieron sino hasta acabar la canción.

La inspiración proviene de un poema, un poema del mismo nombre: Dejadme llorar, de Luis de Góngora, un poeta español del barroco, quien se destacó por llevar a la poesía a límites antes insospechados, quien exploró y explotó las formas, quien a través del poema hacía una alusión al sufrimiento por amor, al distanciamiento de una pareja y al amor furtivo.

La lengua es un regalo de los diosesNo solo Los Toreros, a muchas bandas la literatura les ha servido de inspiración para componer sus canciones, la canción Ride the Lightning de Metallica está inspirada en la novela Por quien tocan las campanas de Ernest Hemingway, I robot de Alan Parson's Project está inspirada en la novela homónima, The small print de The Muse está basada en el Fausto.

En fin, de donde haya podido venir la inspiración: de su vida, un simple chispazo o la obra de una deidad, Los Toreros nos cautivaron. Con su extraordinaria interpretación de sus mejores canciones, con su increíble energía en escena, y con su siempre grato humor, casi como si hubiese sido un regalo de los dioses.