Edición 369

El carrito de la panadería

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El carrito de la panaderíaEra un carro de panadería. Julio Martín se acurrucó para hacer noche en un carrito de reparto de pan. Acomodó esas noches cuando andaba por los 12, 14 años. Fue el anteúltimo hijo de una familia uruguaya, el único que nació en la Argentina.

La familia había cruzado el charco a las apuradas: cuestiones políticas, persecuciones en blanco y colorado. En la otra orilla quedó la riqueza, la comodidad. En Buenos Aires los abarajó el aire de un conventillo. Hubo tiempo para que la madre volviera embarazada a una ciudad uruguaya, allí nació Ramón, que quedó a cargo de familiares.

La Parca entró en escena, Julio Martín que había nacido en 1895 se quedó sin mamá a los tres años y sin papá a los doce. José, el hermano mayor, entre el juego y las putas se olvidó del más chico. Julio Martín habrá mirado hacia la calle por sobre el borde del carrito, un poco jugando a refugiarse mientras quizá soñaba con poder sacar la cabeza de la inundación. No fue ni un solo día a la escuela, y sin embargo, terminó escribiendo poesías y obras de teatro, pintó cuadros y fue actor.

Imagino que durante las noches habrá juntado fuerzas, impulso, instinto, así mientras, sin saberlo, se subía a la calesita de la vida. Piberío indefenso allá en los inicios del siglo pasado. Pienso en Julio Martín, mi abuelo paterno, sigo viendo al poeta de pelo blanco caminar por el patio de mi casa de infancia.

Pienso en su suerte porque salió del carrito; pienso en el horror de cierta calesita macabra que gira infiernos, sea en Buenos Aires o Pakistán; pienso en la locura histórica y global de abandonar la vida a la timba de un viento que apenas acaricia el cada vez más ralo árbol de las sortijas.

*Edgardo Lois es escritor. Publicó, entre otras novelas, Morir por Perón y La virutera. Una noche de tango.

Publicado en diario Tiempo Argentino. http://tiempo.elargentino.com/notas/carrito-de-panaderia

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