Edición 373

A qué estamos jugando

PDFImprimirCorreo electrónico

A qué estamos jugandoCantaba el grupo musical Los Náufragos, la canción "Linda chiquilina", allá en la década de 1970:"A qué estamos jugando, yo no lo sé, damos vueltas y vueltas, ya se acaba la fiesta y ni tu mano tomé..." Y hoy, después de ver la decepcionante actuación de los más poderosos (¿?) equipos de éste continente americano, le cae justo esa estrofa a todos ellos.

 

Porque ha quedado demostrado en los campos de juego, que ya no son tan poderosos, no se sabe a qué están jugando, solo han dado vueltas y vueltas, se acabó la fiesta para ellos y ni siquiera estuvieron cerca de tomar la mano de la Copa América 2011.

Brasil arribó a la República Argentina como el gran candidato y parecía que se comía a los chicos crudos. Pero ya en el primer partido demostró que ni era tan cuco y que no se iba a comer a nadie tan fácilmente. Si bien - fiel a su costumbre - fue de menor a mayor y jugó un gran primer tiempo frente a Paraguay, e incluso, pudo irse a los vestuarios con un par de goles a su favor, en la segunda etapa y con los nervios y el miedo a quedar afuera de la Copa, le desnudaron algunas falencias que supo aprovechar bien el conjunto de mi compatriota "El Tata" Martino. (¿Qué haces afuera "Tata" en vez de estar dirigiendo vos a nuestra selección?)

Incluso se lo pudo ganar el equipo Guaraní y hubiera sido más honroso eso, que ir a los penales en donde los brasileños no le acertaron al arco ni por asomo. En la gran historia futbolística de Brasil, nunca se vio nada igual. Justo ellos, que desde chicos le pegan como quieren a la pelota. Parece que esta vez no quisieron pegarle mejor y se tuvieron que ir a de regreso por adelantado.

A qué estamos jugandoY pasó Paraguay, que conocedor de su inferioridad futbolística, le puso orden y toda el alma para salir delante de su difícil compromiso. Con Villar en el arco, claro, que debe haber jugado el mejor partido de su vida.

Chile, ¡Ay Chile querido!, cuánto desorden, cuánto descontrol en ese primer tiempo frente a Venezuela. Hasta ese momento apuntaba como un gran candidato a estar entre los primeros cuatro, pero entró a la cancha como sobrando el partido y a los cinco minutos se le empezó a venir la noche y..., ya era tarde, demasiado tarde para lágrimas.

Venezuela, que se viene superando año tras año, jugó un gran partido, bien ordenado, explotando los errores ajenos pero, de sobremanera, capitalizando sus propias virtudes. En la adversidad se hizo fuerte y podía haber marcado algún otro gol antes de que se despierte el conjunto del "Bichi" Borghi en el segundo tiempo y empiecen a sufrir el partido. Pero el conjunto de la "Vinotinto" no se asustó y seguía yendo, a pesar de que le habían empatado el encuentro con un gol viciado de nulidad, merced a una "avivada" del defensor chileno que sacó un lateral que era para Venezuela, pero como el árbitro estaba mirando a las lindas niñas que estaban en la tribuna y el juez de línea lo estaba mirando a él para ver qué es lo que estaba mirando, el siempre inquieto Suazo los acomodó con un bombazo al ángulo.

Después vino el segundo para los venezolanos en una jugada calcada al primero y, a pesar de algún sofocón, estuvieron a punto de aumentar las cifras ante un Chile diezmado y lanzado al ataque.

Colombia, amada Colombia. Fue bastante parejo su rendimiento, pero en todos los partidos siempre dio la sensación de que le faltaba algo. Sin embargo, llega al encuentro frente a Perú bien tonificado y con la valla invicta. Pudo definir el encuentro en la primera etapa y además, con un penal que tuvo a su favor y que Radamel Falcao pateó en forma deficiente. Se sabe que Colombia está en el famoso recambio generacional y toda esa cosa inventada por los dirigentes-técnicos-periodistas, pero lo cierto es que por momentos, el equipo era una tortuga y le faltaban ideas. Mucho más cuando no encuentra la fórmula para desnivelar o para superar a sus rivales. Y encima, con un arquero que comete dos errores garrafales y que le cuestan sendos goles. Pero no fue solo culpa de Martínez. Creo que desde el banco no se le trasmitió al equipo la tranquilidad y la firmeza necesaria para que el conjunto "Cafetero" funcione mejor.

A qué estamos jugandoLos jugadores se vieron como descontrolados ante la mínima adversidad y dejaron de lado la poca táctica y estrategia del principio para tratar de salir del incendio con acciones individuales. Y Perú, no perdonó. El conjunto de Markarián, que tuvo altas y bajas a lo largo de la Copa, estuvo muy bien ordenado y fue muy férreo el esquema que le planteó a Colombia. Y le dio sus frutos. Con un poco de suerte, con otro poco de firmeza en sus creencias futbolísticas y mucho de paciencia.

Argentina no defraudó. Sí, leyó bien. Argentina no defraudó. Fue fiel y coherente con todo lo que viene haciendo desde hace más de dos décadas. Todo resultó según se preveía. Por lo tanto, como dice la Ley de Murphy: "Si se hacen las cosas mal, todo va a salir mal". Nuestra selección adolece de los mismos problemas que adolecemos como sociedad, tanto en lo político, como en lo económico, como en lo social, como en lo cultural y como en lo deportivo, por lo que el fútbol no podría ser ajeno a ésta problemática.

Al igual que nuestra sociedad, el fútbol argentino arrastra desde hace varios años, el drama de la improvisación, de no querer aceptar jamás proyectos a largo plazo (y sostenerlos), de mantener en los cargos importantes a personas inútiles y resistidas por muchos, de acomodar en los puestos claves a los amigos y parientes de amigos o familiares, de no aceptar nunca la opinión de los otros y encerrarse en su altillo para que nadie moleste o se inmiscuya, de anteponer a cualquier acción positiva y de crecimiento, los apetitos personales y los compromisos económicos que solo benefician a unos pocos.

En definitiva, les interesa un soberano pepino la ilusión del pueblo y sus necesidades. Cuando la raíz de un árbol centenario es la que está podrida, ese árbol solo tiene un destino: el derrumbe. Si no se protege a esas raíces, a su tronco y a sus ramas, ese árbol envejece solo, lleno de moho y de polillas y termina cayendo y arrastrando tras de sí a toda la podredumbre que lo acompañó durante años.

A qué estamos jugandoPero no solo los que están en la AFA son culpables. Los dirigentes que apañan, los barras bravas que apoyan, los periodistas hipócritas y falsos que se venden por monedas, son los culpables también. TODOS ellos están en el "negocio". Y así nos va. Y nada va a cambiar en lo inmediato. Porque son muchos los intereses de por medio y nadie quiere perder su "quintita". Y el que se embroma es el pueblo, como siempre. Aunque nosotros, como pueblo, también somos culpables por ser tan permisivos, en lo que hace a nuestra sociedad y en lo que respecta al fútbol. Nadie habla claro, nadie es transparente, nadie quiere decir la verdad y se termina por aceptar lo oscuro, lo difuso y la mentira. Por lo que yo no creo que haya mayores ganas para revertir una situación caótica que nos avergüenza a todos los hinchas.

El resto del mundo nos mira azorado y no entienden cómo podemos ser tan viscerales, tan vehementes cuando de hablar y sentir al fútbol se trata. Este es un país que se mastica fútbol las veinticuatro horas del día y en donde la mayoría de los varones venimos con una pelota bajo el brazo. Todos somos Directores Técnicos, jugadores, preparadores físicos y periodistas. Todos tenemos nuestra fórmula para vencer y quienes tienen que estar en el equipo. Y, como es de suponer, NO ACEPTAMOS LA OPINIÓN DE NADIE. Somos los mejores del mundo los campeones morales, tenemos al mejor jugador del mundo, la avenida más ancha, nuestras mujeres son las más lindas, inventamos el dulce de leche, comemos la mejor carne y nos bañamos todos los días. Por favor compatriotas: DEJÉMONOS DE JODER Y HAGAMOS UN PAÍS EN SERIO. Que después, el fútbol viene solo. Y los triunfos también. Salute.