Edición 359

Un mensaje para reflexionar en 2009

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Este fin de año, cuando comenzamos a  conseguir los regalos de Navidad y a planear la repartición de dichos regalos  a los niños de la calle, a los pequeños que están en nuestras diferentes sedes y a las comunidades con las que trabajamos durante todo el año en las diferentes campañas organizadas, algunas por la Fundación Niños de los Andes (Patrullas de rescate) y otras por Liderazgo Papá Jaime (Brochazos de amor, una luz en la oscuridad y una mano amiga), quisimos darle un vuelco total y una trascendencia mayor a la repartición de estos regalos.

Anteriormente las personas que se interesaban, simplemente nos donaban los regalos y nosotros los repartíamos, pero este año, yo quería que la gente experimentara el placer que da el servir y adquiriera un compromiso mayor, que el de simplemente dar unos cuantos regalos o un mercado a personas necesitadas, una vez al año.

Recorrimos muchos puntos de la ciudad con gran cantidad de voluntarios, quienes después de estar en contacto con las personas a quienes les entregaron sus regalos unidos a una sonrisa y mucho amor, se llenaron de energía y alegría, al ver como cada una de estas personas, a pesar de que nunca los habían visto, agradecían inmensamente el haber contado con ellos, el haber compartido su tiempo y haberlos escuchado pacientemente, cuando ellos contaban sus diferentes sueños para el próximo año.

Fruto de esta actividad, muchos voluntarios inspirados y motivados por estos  bebés, niños, niñas, madres cabeza de familia y ancianos desprotegidos, adquirieron el compromiso de seguir visitándolos e incluso varios de ellos, donaron casas prefabricadas a algunas familias que viven en condiciones infrahumanas en medio del frío, el hambre y la miseria, ayudándolos a materializar el sueño de tener un hogar digno, donde sus hijos puedan crecer teniendo la opción de una mejor calidad de vida.

Por eso, hoy les digo que la Navidad no debería ser solamente en diciembre, deberíamos vivir en Navidad, en alegría,  en renacimiento, en esperanza, en el amor de Dios que está en nuestros corazones, compartiendo lo mejor de nosotros con cada ser humano que nos encontremos en el camino, sin importar quién es y de dónde viene.

Y recuerda que todos somos hijos de Dios en el amor, y es precisamente el amor quien nos acerca no solamente a Dios, sino a nuestros hermanos y nos da la oportunidad de disfrutar nuestra vida a plenitud.

QUE EN ESTE NUEVO AÑO TUS GRANDES SUEÑOS SE HAGAN REALIDAD.

Y recuerda… Nunca, nunca jamás dejes de soñar. Un gran abrazote.

*Creador de la Fundación Niños de los Andes y del Instituto para el Liderazgo.

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