Edición 369

Las campanas doblarán por ti

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AC DC en su nueva giraMucha gente, cuando escucha los éxitos de la banda australiana AC/DC, lo primero que se le viene a la mente es estar vestido con chaquetas de cuero con taches e ir sentado en una moto Harley Davidson. Por supuesto, en la parrilla, una mujer semidesnuda , como salen en las películas norteamericanas. Quien quita que sean verdaderas (la verdad no lo sé porque nunca he viste tales cosas).

En mi caso no es así. Soy de esas personas que apenas escucho un éxito de esta gran banda formada en Sídney, Australia , empiezo a sentir que el cuerpo se alborota y que la cabeza me está pidiendo agitación permanente.

Escuché por primera vez esta agrupación de rock en Navidad, una de esas felices en donde mi mamá, conociendo mi pasión por la música, decidió regalarme una grabadora de esas viejitas, negritas, en donde al momento de buscar una emisora suena ese tipo de carraspera, entre voces de muchos locutores de diferentes estaciones que se mezclaban y formaban un ruido opaco. Lo único que la mente hace para reaccionar ante tan impertinente sonido es ordenarle al cuerpo destruir cualquier evidencia del insoportable retumbo.

Por supuesto, mientras la mano derecha trataba de buscar una emisora que le diera paz a mis oídos, la otra se alistaba para darle el descanso eterno a lo que era hasta el momento el aparato de resonancia (grabadora) más irritante que un ser humano puede tener en su nervio vestíbulo coclear(obviamente muchas de las personas que leerán esta crónica me preguntaran "bueno ,¿ y eso qué demonios es?"), pues sencillamente es el nervio responsable del sonido en el cuerpo y del equilibrio. Así que cuidado se van de para atrás.

El infierno musicalAfortunadamente no logré dañarle el regalito a mamá, ya que cuando me disponía a eliminarlo, el aparatico le dio la gana de encontrar una frecuencia (creo que era Radioactiva). Lo único que sonaba eran unas campanas de iglesia, indiscutiblemente eran muy relajantes, así que decidí dejarla sonar. Ese retumbo duró más o menos entre cinco y siete segundos.

Por un momento pensé que iba a empezar a hablar un cura o un padrecito, como ese que aparece todas las noches antes del noticiero, pero no, empecé a percibir una guitarra, con un punteo en acorde "la menor" y luego cambió a un acorde "La" , "Do", "Sol y Si" y devolviéndose de nuevo al "La menor".

La música logro que mi tímpano y yunque y demás partes del oído se conviertan en un algodón de azúcar, de los que le dan a uno ganas de morder, o hasta por qué no, fumárselo, para así sentir la relajación y la alucinación que se lograba al deleitar esos tonos endemoniados de la guitarra Gibson SG de Angus Young , que prácticamente me drogaron .

Desde ese día, creo que AC/DC es una de mis bandas favoritas, y si pudiera me compraría un porro y me lo fumaria al tiempo que escucho esta majestuosa canción: Hells Bells. Pero soy demasiado ñoño y las drogas no van conmigo. Así que alucino con lo mejor: la música.