Edición 371

El polvo del incienso (II)

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El polvo del incienso (II)Entramos al ascensor, y vi que luisa presionó el botón que tenía un 9, sorprendido hice una cara de estupefacción, y al verlo ella dijo, "yo vivo en este edificio".

Luisa vivía sola, sus padres se habían ido a Estados Unidos por motivos del traslado del papá y le habían dejado ese enorme apartamento para ella sola, una vida envidiable, porque en sus 4 padres podía hacer lo que quisiera.

No tuve tiempo de ver al apartamento, ella al abrir la puerta, solo me cogió a besos por el cuello y la boca, y me guió hacia el cuarto. Su habitación se veía espaciosa en la oscuridad, una cama con un tendido oscuro me recibió tras haberme lanzado hacia atrás con ella entre mis brazos.

La cama tenía perfume, un olor a incienso, una fragancia natural y calmante, sentí como mis pulsaciones bajaban cuando el aroma se adueñaba de mi cabeza, y lentamente perdía la conciencia de aquello que hacía.

Mi camiseta salió volando, mis pantalones bajaron con lentitud, con una suave pausa que le ponía un toque de de ansiedad a mi respiración ya agitada por la excitación, sus manos, agresivas danzaban sobre mi espalda, mientras su cadera se movía sobre la mía, ella aun vestida, porque poco a poco, aprisionaba mis manos.

Sus besos me hacían arquear, su lengua hacia contra mi pecho y m estomago, cerraba los ojos, no podía hacer nada más, estaba siendo dominado por el latido de mi corazón, aun andaba perdido entre el aroma de la habitación, entre el placer de sus besos.

De pronto, desperté, como salir de un trance, y me senté con un ademán agresivo, agarre su cintura y la volteé hacia donde yo estaba, ahora, era mi turno de despojarla de sus vestiduras, de ver aquel cuerpo que se veía delineado en su camiseta blanca.

Lentamente fui quitando su camiseta, mientras la besaba y usaba mi lengua, ella solo respiraba y se dejaba desvestir, solo movía su cuello, y arañaba mi espalda. No pude evitar ver, sus senos se veían perfectos debajo de ese basier negro, unos perfectos, bien formado, y redondos senos que me llamaron la atención, "espera un momento" me dije mientras trataba de recobrar el ritmo, y no parecer un niño deslumbrado por haberla visto.

Proseguí con el pantalón, mi lengua caminaba por su plano estomago, Ella seguía arqueándose, y entrecerraba los ojos haciendo un gesto cuyo único fin era excitarme más. Desabroché el botón, unos pantis negros con puntos rosados que combinaban perfectamente con el brasier, esperaban a que fueran revelados.

Pronto ambos solo quedamos en paños menores, nos besábamos y tocábamos como podíamos, las ganas nos desbordaban, la temperatura de nuestros cuerpos era alta, nos quemaba, nos tenía al borde de una fiebre que solo el sexo podía curar.

Paró de besarme, "esperame un momento", se paró de la cama, sacó un preservativo del cajón de su mesita de noche, volvió a abrir otro cajón, "un vibrador" pensé, pero no, aunque lo que sacó era un palo, una pequeña vara, que delató el porqué del aroma de la cama.

Prendió la varita de incienso, "me encanta ese olor, y la verdad, hacer el amor con él debía ser genial" advirtió mientras miraba su cintura y su espalda, tenía tres tatuajes, el de la pelvis decía "Love" con cuatro hombres saltando entre las letras, esa imagen la había visto antes, no recordaba cuando, bastante paradójico pensé.

Los de las espaldas, eran hermosos, uno ubicado en su cintura, también letras, pero estas sin colores y sin motivo que decía "Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio".

Al ver que las letras de Cortázar adornaban su cintura, me perdí en las palabras, estaba seguro que a cualquiera le encantaría escribir un libro sobre ella, sobre su fina y blanca piel.

El tercero y último era el dibujo de un ataúd verde, bastante psycho, pero aún genial. Dejé de ver sus tatuajes, el hecho de mirarlos me encantaba más, cada vez más, así que solo la arrastré hacia mí y la besé, tratando de recuperar el calor que perdimos por su pausa activa.

No aguanté, le quité el brasier, y sus senos quedaron descubiertos, los bese, bese su redondo pezón rosado, mientras ella me cogía la cabeza y la abrazaba contra su pecho, besaba su cuerpo, como si fuera agua en un desierto, bebía con pasión su piel, lamia como si saboreara algún dulce, bajaba nuevamente por su cintura.

Esta vez me hice con sus pantis, los quité con los dientes por que antes de llegar ahí ella me lo pidió, su vagina y su pubis estaban totalmente rasurados, ella deleitada de tenerme ahí, bajó sus manos,

y con su habitual dominación, tomó mi cabeza y la guió hacia su vagina.

Comencé a besar lo que encontraba, metía la lengua y sentía como cada vez que hacía algo, o cambiaba el ritmo de aquello que hacía, ella se mojaba más. Gemía con fuerza, mientras trataba de articular un "sí, sí" que salía ahogado por las consecuencias del placer en su garganta.

"Ya está lista" me dije cuando pensé que ya era el momento, ella bajó mis calzoncillos y simplemente, se hizo encima mío, se empaló en mi pene, y lentamente comenzó a moverse, su cintura bailaba, estábamos extasiados, nos besábamos con desenfreno.

La faena transcurrió, dos cuerpos sudorosos y jadeantes se batían en duelo en la cama, nadie quería perder, ni su cintura quería dejar de moverse, ni mi cuerpo dejar de estar dentro de ella.

Pero de un momento a otro, ella ya agitada por el placer, y perdidos en el tiempo (porque no sabíamos en que horas andábamos) ella comenzó a moverse con rapidez, mientras gemía cada vez más duro, y de un momento a otro, gritó y cayó rendida sobre mi pecho.

Por unos 30 segundos estuvo en blanco, no decía nada ni se movía, solo respiraba, mientras que yo, envuelto en el aroma de su tinta de quimeras, sonreía con satisfacción.

La "petite mort", como le dicen los franceses, había ocurrido frente a mis ojos, y me percaté hasta cuando Luisa salió de su inconsciencia, solo sonreía mientras ella me miraba extrañada. "Dios mío, no puede ser" dijo mientras mi sonrisa delataba como me sentía.

Después de su orgasmo, me dio el tiempo de descansar, estaba realmente agotado de tal ajetreo, prendí un cigarro, lo necesitaba, y apenas lo acabé, volvimos a iniciar todo.

Desperté en la mañana, estaba solo en su cama, aun agotado por la faena, me puse de pie, no había resaca, solo cansancio muscular. Mi madre había llamado al celular, eran las 10 de la mañana, tenía que irme.

Luisa no estaba en el apartamento, solo estaba yo, recuerdo que antes de quedarnos dormidos me dijo que tenía que salir en la mañana temprano, pero que la esperara, cosa que no podía hacer.

Habíamos gastado dos barras de incienso, el cuarto en la noche parecía un asadero, lleno de humo, pero este con un aroma delicioso que me ponía en transe, y en su mesa de noche, solo estaba la ceniza, aquel polvo que dejaba el incienso.

No la volví a ver, no cogí su teléfono, y Camilo no me volvió a contestar. Compré incienso en mi casa para recordar ese momento, así como hoy el aroma me llevó a ese día, lo prendía cuando escuchaba música, un día, sin nada que hacer, me puse en ese plan frente al computador, bajé unas canciones, y las reproducía en el Itunes, de repente sonó "All you need is love" de los Beatles, y mientras el humo bailaba para llegar al techo, vi la imagen promocional de esa canción, me reí ahora si realmente paradójico, su tatuaje de la pelvis era esa imagen.

Me perdí nuevamente en el humo blanco, que hacia círculos y expandía su aroma por mi estudio, igual, frente al computador, "All you need is love" dije mientras sonreía. (FIN)

*Segunda y última parte de un ejercicio del taller de crónica de la Universidad Sergio Arboleda.