Edición 368

La educación es para descubrir los dones de cada persona

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Imagen del cartel de promoción de la obra de la Fundación Niños de los Andes. Cortesía: Instituto para el liderazgo Jaime Jaramillo. El Buque de Papel

Imagen del cartel de promoción de la obra de la Fundación Niños de los Andes. Cortesía: Instituto para el liderazgo Jaime Jaramillo. El Buque de Papel

Frecuentemente llegan a mi, casos de familias desesperadas que no saben que hacer con sus hijos, ya que el inconformismo, la agresividad, la angustia, el sufrimiento o las depresiones hacen que se desempeñen mal académicamente, y son considerados un problema, tanto para los colegios, como para sus seres queridos.

Las familias y las instituciones, generalmente se echan la culpa mutuamente de las problemáticas que ocurren con estos adolescentes, cuando en realidad lo que está sucediendo es mucho más de fondo. Si miramos, la educación en los países de occidente se ha limitado, en la mayoría de los casos, a que los alumnos adquieran grandes conocimientos, a memorizar largos textos y a elaborar dispendiosos trabajos en casa, que en algunos casos son tan complicados, que termina toda la familia involucrada tratando de ayudar, con el único objetivo de que sus seres queridos obtengan unas notas excelentes y mayor reconocimiento y aprobación de sus maestros y compañeros.

Todo esto, es debido a la importancia que tiene la competencia actualmente, ya que el fin principal de la educación, es que en el futuro los alumnos lleguen a tener un empleo, que genere buenas entradas económicas. En mi opinión,  a diferencia de lo que opinan  la mayoría de los dueños de colegios y entidades del gobierno encargadas de la educación de nuestros hijos, el objetivo principal de la educación, es ayudarle a los alumnos a encontrar su riqueza interior, sus dones, cualidades y aptitudes, para que puedan amar lo que hacen y hacer lo que aman y puedan así, con valores que provienen de su corazón,  elegir conscientemente y decidir asertivamente los retos que se les presentan en su camino, basados en el ser y el compartir, más que en el tener y el competir.

Creo firmemente, que cuando a los estudiantes se les den herramientas simples para que aprendan a mirar hacia su interior, ellos pueden comenzar a disfrutar a  plenitud su vida, dejando de lado los miedos de perder el prestigio, la aprobación y el reconocimiento de los demás.

Cuando comiencen a mirar hacia adentro de ellos mismos, entenderán muy bien lo que quieren para sus vidas y no se dejarán arrebatar sus sueños, dejando de lado lo que digan los asesinos y estranguladores de ilusiones, que se encargan de juzgarlos, rechazarlos y compararlos, en muchos casos, haciéndolos sentir que no sirven para nada en la vida.

¿Hasta donde hemos llegado? ¿Son esos realmente los valores que queremos inculcar en nuestros hijos y en esta juventud? Para mí, todo aquello que esté unido a impresionar a los demás, a obtener poder, dinero y prestigio, no puede estar unido a los valores de los seres humanos; todo lo contrario, para mi, esos son antivalores que nos esclavizan y nos hacen sufrir.

Espero que este mensaje haya llegado a tu corazón, fortalezca tu espíritu y lo puedas compartir con tus seres queridos.

Y recuerda… Nunca, nunca jamás dejes de soñar. Un gran abrazote.

*Creador de la Fundación Niños de los Andes y del Instituto para el Liderazgo.

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