Edición 375

El andaluz de plata

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El andaluz de plataLa creación poética es un misterio indescifrable como el misterio del nacimiento del hombre. Como no me he preocupado de nacer tampoco me preocupo de morir. Ni el poeta ni nadie tienen el secreto del mundo.

Creo firmemente que si hay un más allá, tendré la agradable sorpresa de encontrarme con él. Pero el dolor del hombre y la injusticia que emana del mundo, de mi propio cuerpo y de mi propio pensamiento, me impiden trasladar mi casa a las estrellas. Con estas palabras Federico García Lorca abre la puerta de su antología poética publicada por Aguilar en 1977.

García Lorca con Luis Cernuda, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Dámaso Alonso y otras veces de la Andalucía sideral, forma parte de esa constelación atormentada que sangra todavía sobre la piel de España.

El andaluz de plataNacido en 1898 en Fuente Vaqueros, vegas de Granada, es entre los poetas de su generación el más conmovedor. Madera la más fina de cuantas se nutrieron en tierras de aventura, su gracia y fuego y sobre todo la manera de regresar a los jardines desaparecidos, lo convierten en el evocador por excelencia de la poesía andaluza. Pocas veces logra nuestro idioma pulsar la melancolía como lo hace él en su Canción del jinete: Córdoba/ lejana y sola/ jaca negra/ luna grande/ y aceitunas en la alforja/ Aunque sepa los caminos/ yo nunca llegaré a Córdoba...

A su redoble sostenido deben los gitanos sobrevivencia lírica. De perfil muere todos los días un Camborio. Su cutis de aceituna y jazmín brilla en la diáspora de una raza que acecha en las cuevas de Sacromonte o se echa a rodar por caminos que no llevan a ninguna parte. La apología de su errancia: Por el olivar venían/ bronce y sueño los gitanos... o el resorte de Preciosa y el aire saltándose en la huida tejados y balcones, lo señalan como hacedor de asombros. Con excepción de Poeta en Nueva York, encontró la razón de su canto en los misterios del origen, en minaretes de otra vida, en la Virgen con miriñaque que desemboca en un mar de verbena.

El andaluz de plataA bordo de su carreta el grupo teatral La Barraca rescató la tradición del teatro español y resucitó mozos de cuadra y ramas oscuras para el amor. Su obra teatral protagonizada casi en totalidad por mujeres, denuncia la sumisión presente entonces en la vida de las campesinas españolas. La Casa de Bernarda Alba, Bodas de Sangre, Yerma y hasta Doña Rosita, la soltera, quien murió de esperar y recordar, son el grito de alerta en la oscuridad de una cultura patriarcal, donde mujeres confinadas entre cuatro paredes sin más horizonte que el lecho y la cocina, languidecieron a través de los siglos.

El andaluz de plataEn Mi último suspiro, Luis Buñuel retrata al Federico que llegó a la Residencia de Estudiantes en los días que antecedieron a la proclamación de la Segunda República: Federico García Lorca no llegó a la residencia sino después que yo. Venía de Granada y ya había publicado un libro de prosa: Impresiones y paisajes. Simpático, con evidente propensión a la elegancia, la corbata impecable, la mirada oscura y brillante, Federico tenía un atractivo, un magnetismo al que nadie podía resistirse. Era dos años mayor que yo e hijo de un rico propietario rural. No tardó en conocer a todo el mundo y hacer que todo el mundo lo conociera. Su habitación de la residencia se convirtió en uno de los puntos más solicitados de Madrid. Quienes estuvieron cerca de él coinciden en la misma apreciación: Federico era un ser magnético. Alguien afirmó que cuando él estaba presente, no hacía frío ni calor, hacía Federico.

En el año de 1936, aclamado dentro y fuera de España, lleno de proyectos y terminando apenas de escribir La Casa de Bernarda Alba, representada póstumamente en Buenos Aires en 1938, fue detenido el 16 de agosto y ejecutado el 19 por las fuerzas rebeldes en Alfacar, cerca de Fuente Grande, inmediaciones del barranco de Viznar.

El andaluz de plataEl Romancero Gitano es magia pura. Su aire de bronce y humo muerde en el campo oscuro las carnes torturadas de Soledad Montoya. Solo en el "más allá" del nigromante, los uniformes amanecidos de la Guardia Civil se asoman sin recato a una pena de cauce oculto y madrugada remota. Las torres de Granada que lo vieron morir, los patios cordobeses, las fuentes palaciegas y sobre todo el rescate de la cultura popular española, deben mucho a su talento y tesón.

Quizá podríamos describir a este hombre delirante con las palabras que empleó para llorar la cogida y la muerte de Ignacio Sánchez Mejías: Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace/ un andaluz tan claro, tan rico de aventura/ yo canto su elegancia con palabras que gimen/ y recuerdo una brisa triste por los olivos...