Edición 353

Luis Camnitzer y el arte de desaprender

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Luis Camnitzer y el arte de desaprenderEn medio del frío nocturno, pero con la calidez del público asistente, fue inaugurada la retrospectiva del artista uruguayo Luis Camnitzer, en el Museo de Arte de la UN.

En el evento de lanzamiento se hizo presente público joven y estudiantes de la UN, así como reconocidos artistas y galeristas colombianos, como Clemencia Echeverry y Alonso Garcés, entre otros. Todos destacaron la presencia de Camnitzer, considerado uno de los artistas que ha marcado la pauta durante los últimos cincuenta años por ser precursor de un movimiento artístico internacional: el conceptualismo. Claro que él mismo se apresura a desmontar esta clasificación. "Yo no tuve maestros en el arte conceptual y mi formación fue muy clásica. Luego de una crisis empecé a trabajar de esta manera y no he parado", dijo.

Frente a los muchachos, Camnitzer afirmó que desconoce si aprenderán o no. Pero declaró sentirse muy halagado con tanta juventud asistente a las salas del Museo de Arte, al que consideró el más bello de todos aquellos en los que ha expuesto a lo largo de cinco decenios.

"En la obra trato de desmitificar cosas, voltearlas, ponerlas cabeza abajo, para que se vean de nuevo. Trato yo mismo de desaprender los conceptos que me dan por descontados. Ojalá esa propuesta pase al público. Claro, el ser humano por su formación no lo ve así, y cuando llega el momento de estrellarse es cuando surge el tiempo para el desaprender", puntualizó.

Son 70 piezas que se podrán apreciar en el Museo de Arte de la UN hasta el 30 de junio. Hacen parte de la Colección Daros Latinoamérica, la que reúne el mayor número de obras de Camnitzer en el mundo. Entre otras, se destacan su visión del 11 de septiembre de 2001; sus tres autorretratos; el póker de los ases iraquíes durante la invasión del Golfo Pérsico; el árbol cuyo tronco son 12 mil lápices de madera; y la obra que hizo mientras se encontraba hipnotizado. También se puede observar el homenaje que le rinde a otro artista del concepto, Marcel Duchamp, a quien inmortalizó usando la imagen de la Gioconda de Da Vinci.

Cuando se le preguntó si esta exposición es una retrospectiva cronológica como tal, en otro de sus retos conceptuales, respondió que "50 años de trabajo no caben en una sala". Incluso, afirmó que no tiene ni idea de cuántas obras ha hecho: "Hay obras que ya ni me acuerdo si las hice o no".

Luis Camnitzer y el arte de desaprenderHans-Michael Herzog, uno de los curadores de la exposición, aseguró que el trabajo fue compartido con María Belén Sáez, Directora Nacional de Divulgación Cultural de la UN, y con la alemana Katrin Steffen. "Hacer una curaduría toma tiempo, y con el maestro Camnitzer duramos diez años. A veces es mejor dejar decantar los temas. En este caso, fue una tarea colaborativa y muy especial", afirmó.

Katrin Steffen aseguró que no fue difícil negociar con el maestro, a pesar del tiempo, y destacó que él siempre estuvo presente a la hora de adelantar la curaduría. "Eso dice mucho de un artista y de la persona", resaltó. "Su obra es muy fresca, además es un ejercicio puro de comunicación. Esta es la esencia de cualquier artista en el mundo cuya obra sea entendible y deje un mensaje", declaró.

Orgullo UN

María Belén Sáez dijo que contar con la obra del maestro Camnitzer en el espacio del Museo de Arte representa un logro académico que llena de orgullo a la alma máter.

Destacó que el artista es ante todo un pedagogo. "Él ha sido escritor y profesor, alguien que conceptualiza alrededor de la educación y el arte. Es muy importante para la UN que nos acompañe y que su obra se exhiba aquí en el museo. Además, cree en la educación artística. Abrimos con el maestro una clase magistral con la Escuela Cano, de la Facultad de Artes, en la que ratificó la importancia de educar a los artistas. Para Camnitzer, el arte sí se puede enseñar, a diferencia de otras posturas que dicen lo contrario", afirmó.

Sobre la atmósfera que se respiraba en el Museo, Sáez dijo que, como piensa también Camnitzer, este espacio de la UN permite a las obras adquirir una fuerza especial, que allí se potencializan. "Es difícil, pero cuando lo manejas bien te da todo", aseguró.

La exposición de Camnitzer partirá luego del 30 de junio a Medellín, Montevideo, Buenos Aires, Santiago de Chile, Asunción y, posiblemente, a Río de Janeiro en 2014, a la Casa Daros, que actualmente está en construcción.

La vida del artista

Nació en 1937 en Lübeck, Alemania, pero es uruguayo hasta la médula: es hincha del Nacional de Montevideo y extraña la comida, los amigos, la luz y todo de la República Oriental.

El artista se expresa mediante obras como la del 11 de septiembre de 2001 (fecha del ataque a las torres gemelas de Nueva York, ciudad donde reside desde 1964). Se trata de dos cartas de naipes: la J, que vale 11, y el 9 de diamantes, ambas del mismo tamaño, color y forma (gemelas) puestas enfrentadas sobre un pedestal de color blanco. Para entender su arte hay que ir más allá e intentar descifrar lo que con el primer golpe de ojo se ve.

El artista accedió a conversar sobre sus inicios, su crecimiento artístico y el mundo ancho y ajeno de los sesenta, que la tecnologización —que no le gusta— ha vuelto uno cada vez más estrecho e interdependiente.

Dice que le estimula plantear problemas, resolverlos y presentarlos. "Es lo que hago, no es un problema estilístico, sino de actitud frente al arte. Para mí el arte es una forma de conocimiento, como lo pueden ser la Lógica o la Física, que tienen sus propias reglas o falta de ellas. Por lo menos, son formas más libres que otras de especular. Y eso me gusta, o me gustaba, porque ahora me interesa menos".

Luis Camnitzer y el arte de desaprenderEsta postura, desarrollada a lo largo de casi cinco décadas, es la que lo convirtió en el artista conceptual reconocido de hoy. Es más, afirma que ese rótulo comenzó con él.

"Entré a la escuela de arte cuando tenía dieciséis años y entré a hacer arte conceptualista en 1966. En ese año no había maestros en ese arte. Yo fui el que empezó", recuerda.

Afirma que el temor al "dedo en el botón rojo", el miedo nuclear de los sesenta, se sigue manteniendo e, incluso, indica que hoy "estamos en mayor peligro que nunca".

Resalta que los actuales desafíos no pueden ser resueltos con el arte, sino con educación, su otra obsesión. "Hay que reeducar a todo el mundo, hay que hacerlos desaprender".

Sobre la exposición asegura: "los visitantes van a encontrar una ensalada de cosas. No es una retrospectiva como tal, de tener obras representativas de cada momento. Tampoco es una muestra biográfica. El centro de la muestra son obras de la Colección de Daros, que organizó la exposición. Además, están complementadas con obras mías, que van cambiando de acuerdo con el espacio del museo, y lo vamos ajustando a esos mismos espacios. El Museo de Arte de la UN está diseñado de una forma muy clara, no hay manera de perderse".

Sobre Colombia, dice que la tiene presente. "Vine mucho durante la dictadura uruguaya. De hecho, mi primera retrospectiva fue en Colombia, en el Museo del Arte Moderno, cuando estaba ubicado en el Planetario, en 1978. Y luego, seis o siete veces más. Así que hay mucha afectividad", dice.

Finalmente, sentado en uno de los muros internos del museo, Camnitzer confiesa, con una amplia sonrisa, que no puede contestar con mayor profundidad sobre si su vida ha sido arte y prefiere mejor dar un sí rotundo cuando se le pregunta si "ha gozado" con su trabajo.

*Descargue aquí el texto sobre el arte y la corrupción de Camnitzer.