Edición 353

Bodas de agua y viento

PDFImprimirCorreo electrónico

Bodas de agua y vientoEl Semanario "Buque de papel" ha cumplido cinco añitos de andar sobre un mar de papel y sueños. Ha rodado por encima de las aguas de los aconteceres en un país y el mundo, lo saben los peces, las ballenas, los tiburones y sirenas. Y otros barcos que pasan meciéndose, como los cruceros, al compás del vino, las orquestas, los amores y las trampas de las ruletas. Todo eso y más.

Carlos Fernando Álvarez, con kepis de capitán y ojos de lobo de mar ha probado espumas, remolinos, tormentas y ha estado punto de naufragar en el Mar de los Sargazos en donde se enloquecen las brújulas y se pierden aviones, lo mismo que trasatlánticos. Ha experimentado lo que son las noches de estrellas, besos de Osa que saben a leche y lunas con sus aretes rojos. Pero también ha sufrido los espolones de otros navíos de banderas enemigas. No ha salido de sus cañones un solo disparo, aunque han llegado piratas de cara azufrada y ojos camuflados con un pañuelo negro en abordajes de noche y sable.

Cinco años sobre las amarras, con los grumetes sobre cubierta y con el binóculo en lo más alto del mástil. Desde allí se otea el horizonte, se divisa tierra y a gritos o señales se bajan las velas, se tuerce la rueda del timón y se endereza el curso.

El Buque de papel conoce puertos, marineros, viajeros, comidas, enfermedades y ha oído historias de prófugos, rateros, poetas y comparte las ilusiones del Atlas de sus amores en Argentina. Sabe dónde se canta y se bailan tangos y milongas, dónde hay un festival de cine o de teatro y donde se cuecen habas y traiciones y se sufre hambre. Es una plataforma universal aunque allí no anidan helicópteros ni cazas. Es un territorio neutral a donde llegan alcatraces, gaviotas, garzas y patos migratorios a pedir albergue y descanso ante el despojo de sus hábitats lejanos.

Cumplir cinco años en esta era de comunicaciones rápidas y modernas, sostener un barco sin clavar el ancla del desánimo en alta mar o en puerto por falta de viento o de combustible es mérito de timoneles avezados, con mano experta y corazón templado en horno vivo. Cumplir un lustro - perdón -, un período con lustre o brillo, es un lujo, es un triunfo. Capitán, grumetes y el barco todo, con pito sin sordina, merecen una felicitación.

El Buque, con volutas de papel, de palabras, proposiciones y propuestas seguirá con las velas abiertas y el motor a toda máquina. Parará cada semana en el puerto donde lo esperarán los miles de abonados de diferentes naciones. En Buenos Aires, en Florencia, en Belgrano o en Livorno, en Bogotá o en Cali, en Miami o New York en el pueblito sin mar o río. Donde haya un lector ávido del calor que lleva la esperanza por un mundo mejor y más humano.

El horizonte, la ilusión, el pecho, se abren y sus paredes se hinchan para dar paso a este Buque que surca los espacios con el viento de nuestra espera. La bandera con calavera es el signo de un destino para los que somos aún muy humanos y lo navegamos. Salud, Buque de papel y plasma con ponqué y velitas de humo al atardecer.