Edición 363

Un 9 de abril

PDFImprimirCorreo electrónico

Un 9 de abrilFue un 9 de abril de 1553 cuando, en París, moría el escritor Francois Rabelais, autor de los famosos y universales libros de Gargantúa y Pantagruel.

Y fue un 9 de abril de 1626 en que fallece Sir Francis Bacon, que fue canciller de Inglaterra, abogado, célebre filósofo y escritor. Es considerado el padre del empirismo y sus obras y pensamientos ejercieron una influencia decisiva en el desarrollo del método científico.

También, un 9 de abril, pero de 1812, por éstas tierras de los confines del mundo, el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata prohibía la entrada de esclavos a su territorio, instalando un inédito precedente que se expandería en casi todo el planeta.

Un 9 de abril de 1821 nace Charles Baudelaire, poeta y crítico francés, con el que se abre la vía a la poesía moderna. Es el poeta que ha de marcar a fuego a los vanguardistas de su época y que dejaría huellas muy profundas en la poesía universal.

En su libro "Pequeños Poemas en Prosa", una de sus obras fundamentales y que cambiaría el concepto literaria de la prosa, figura un escrito que hallo muy apropiado para el tema que hoy desarrollo: "CADA CUAL, CON SU QUIMERA"

Bajo un amplio cielo gris, en una vasta llanura polvorienta, sin sendas, ni césped, sin un cardo, sin una ortiga, tropecé con muchos hombres que caminaban encorvados.

Llevaba cada cual, a cuestas, una quimera enorme, tan pesada como un saco de harina o de carbón, o la mochila de un soldado de infantería romana.

Un 9 de abrilPero el monstruoso animal no era un peso inerte; envolvía y oprimía, por el contrario, al hombre, con sus músculos elásticos y poderosos; prendíase con sus dos vastas garras al pecho de su montura, y su cabeza fabulosa dominaba la frente del hombre, como uno de aquellos cascos horribles con que los guerreros antiguos pretendían aumentar el terror de sus enemigos.

Interrogué a uno de aquellos hombres preguntándole adónde iban de aquel modo. Me contestó que ni él ni los demás lo sabían; pero que, sin duda, iban a alguna parte, ya que les impulsaba una necesidad invencible de andar.

Observación curiosa: ninguno de aquellos viajeros parecía irritado contra el furioso animal, colgado de su cuello y pegado a su espalda; hubiérase dicho que lo consideraban como parte de sí mismos. Tantos rostros fatigados y serios, ninguna desesperación mostraban; bajo la capa esplenética del cielo, hundidos los pies en el polvo de un suelo tan desolado como el cielo mismo, caminaban con la faz resignada de los condenados a esperar siempre.

Y el cortejo pasó junto a mí, y se hundió en la atmósfera del horizonte, por el lugar donde la superficie redondeada del planeta se esquiva a la curiosidad del mirar humano.

Me obstiné unos instantes en querer penetrar el misterio; mas pronto la irresistible indiferencia se dejó caer sobre mí, y me quedó más profundamente agobiado que los otros con sus abrumadoras quimeras.

Un buque de oro

Un 9 de abrilEduardo Galeano nos dice: "La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar."

Hace cinco años nacía una utopía, una quimera. Un diario digital que quería hacerse notar en la infinita red informática. Aquellos que idearon el proyecto fueron mezquinos con el nombre: EL BUQUE DE PAPEL, porque esa imagen de su nombre, que intentaba metaforizar todo lo que se reflejaría en sus páginas virtuales, no tenía en cuenta el alcance potencial del rumbo de la nave en ciernes.

No era un barco a la deriva. Era, ES, una nave que tiene el rumbo muy claro y su brújula siempre marca el horizonte correcto.

Fueron mezquinos, porque ese es un atributo muy propio de los que creen en que se pueden hacer realidad las utopías. Es la prudencia de los sabios.

En apenas cinco años, el papel se ha convertido en oro. Los que acompañamos a éste emprendimiento sabíamos muy bien hacia dónde nos dirigíamos.

YO, lo sabía muy bien, cuando tuve el privilegio de ser parte de la tripulación apenas hubo partido desde el puerto. El poeta español Ángel Ganivet tiene una frase muy apropiada: "El horizonte está en los ojos y no en la realidad".

Y para TODOS los que estamos a bordo de éste BARCO DE ORO, nuestros ojos son el horizonte y nuestra realidad, es esa quimera, ese sueño que semana a semana renovamos como se renueva la humanidad, como el nacimiento de un bebé, como se renueva el día tras la noche.

Eduardo Galeano, también nos dice: "Sobre una torre había una mujer, de túnica blanca, peinándose la cabellera, que le llegaba a los pies. El peine desprendía sueños, con todos sus personajes: los sueños salían del pelo y se iban al aire".