Edición 369

La dictadura de las filas sigue vigente

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-Espere en la fila, por favor- ¿Cuántas veces en nuestra vida hemos escuchado esa frase? Seguramente miles, al igual que las veces que hemos estado tristemente de pie en el final de la “cola”. Ahora bien, veamos cuánto tiempo de nuestras vidas resulta invertido en esa dinámica tan normal para unos, y estresante para la gran mayoría de los ciudadanos.

 Sin las filas el mundo resultaría un caos, entonces, ese orden normal que encontramos cuando vamos a un lugar concurrido y que nos resulta desesperarte, genera una matriz de estabilidad y justicia importante: “el que llega primero, es atendido primero”. Todo evoluciona y el mundo de las filas también. Ahora podemos encontrar fichas para que no tengamos que estar de pie avanzando a paso lento con una persona adelante y otra atrás, sino sentados seguramente leyendo algún libro o jugando con el celular, mientras una máquina anuncia el turno correspondiente a ser atendido.

Hay filas o “colas” de muchos tipos. Están las cortas divididas en dos; por un lado las que avanzan con rapidez, por ejemplo para comprar los tiquetes de una película poco afamada un día de semana. Pero también las que se vuelven lentas, por ejemplo cuando en las oficinas del Seguro Social la ventanilla de certificados de antigüedad (que no es muy concurrida) se queda sin  sistema, así la espera que podría ser de cinco minutos se vuelve en una agonía de horas (las cuentas vienen más adelante).

Los bancos nos proporcionan una amplia gama de filas. Están por ejemplo, las que hay que empezar a hacer horas antes de que se abran las oficinas (por lo general cuando es día de pago navideño o si es el vencimiento de los impuestos, o el cobro de jubilaciones). También vemos las de espiral que parecen cortas pero que terminan siendo desgastantes, las rectas, y las de ficha.

Resulta interesante ver como nos comportamos en la cola. Hay veces que el mal humor no nos permite ver más allá que al pésimo funcionario que solo habla por teléfono, bebe café, se toma su tiempo y pareciera estar en cualquier lado menos ahí, y querer hacer cualquier cosa menos atendernos. Pero ese personaje no se afecta por los gritos y pedidos de agilidad que hacen los usuarios que esperan; pareciera ser sordo ante los insultos que por lo general sufre “la madre”, al ser su reputación reducida y ultrajada.

Algunas veces, si hay disposición, entablamos relación con los demás miembros de la fila: la jovencita del lado que está haciendo las diligencias de su papá, la señora con el niño que no para de jugar por todo el salón, el caballero de corbata que no para de mirar la hora y el mensajero calmado que está lleno de recibos por pagar (claro que nadie quiere estar detrás de él). También se forma un grupo divertido de amigos. Comentan qué los llevó a esa sucursal, comparten historias de otras diligencias preocupantes y posiblemente organicen un motín al ver que el señor de cinco puestos adelante dejó adelantar a una atractiva mujer de escote. Pero estos “amigos” van saliendo uno a uno y rara vez se crea una relación duradera.

Ahora bien, por lo menos, una vez a la semana tenemos que invertir, o mejor, gastar los siguientes tiempos aquí en Argentina:

- Ir por los tiquetes que reservamos para el concierto de este viernes, 20 minutos.
- Pagar el recibo de la luz, 30 minutos.
- Pagar el mercado, 30 minutos a dos horas.
- Esperar para que el tendero nos preste atención, 3 minutos (en la tarde cuando las señoras compran lo de la “lunchera” (lonchera)).
- Espera antes de entrar al restaurante, 10 minutos.
- Fila en el baño del restaurante si es mujer, si es hombre no hay.
- Fila para entrar al bar. (5 min)

Total de la semana: 1 hora con 38 minutos. Si lo pasamos al mes, tenemos 5 horas con 52 minutos. Así que al año gastamos 66 horas y 24 minutos.

Las que acabo de enumerar son filas normales, rápidas y tranquilas, y que prácticamente no se perciben. Pero agreguemos las siguientes, que todos en algún momento de nuestra vida tenemos que hacer aquí, pero en especial en Colombia:

- Solicitar el formulario de Antecedentes disciplinarios, 2 horas.
- Pasaporte, 30 minutos-
- Abordar el vuelo con destino X, 1 hora 30 minutos.
- Radicar papeles para la EPS, 1 hora.
- Retirar papeles de la EPS, 3 horas.
- Diligencia promedio en la Registraduría, 1 hora.
- Diligencia promedio en Notariado y Registro, 30 minutos.

Como este tipo de filas las son de “una vez al año” máximo dos, entonces tenemos solo un total de 9 horas 30 minutos de gasto anual.

A manera de ejemplo, una persona de cuarenta años, que se inició en el mundo de las diligencias a los 16, ha gastado al año 75 horas con 45 minutos (dos días en promedio). Al cabo de 24 años de laburo como cadete, o mensajero, en los 24 años de pagos, idas a restaurantes, a cine, conciertos, bancos, oficinas del gobierno, entre otras, ha gastado un total de 1812 horas, 75 días haciendo filas.

“Uno se la pasa la mitad de la vida haciendo fila y no es mentira”, dice Patricia Rodríguez, trabajadora social y estudiante de postgrado en Argentina que aparte de lo enumerado hace caer en cuenta que faltaron las diligencias de los trámites correspondientes para legalizar estudios en el exterior.

¿Es tiempo invertido o tiempo perdido? De todo un poco, pero es un tiempo que se esfuma de nuestras manos, con el que seguramente muchos no cuentan. Hay que disfrutar el tiempo y vivir al máximo como si fuera el último día, para que la vida no se nos pase de largo; pero, ojo, hay que ser conscientes que como mínimo tenemos que contar con 75 días antes de los cuarenta para tener todo pago y en orden. 

Estas nos son estadísticas formales, pero si le interesa puede hacer las cuentas de cuánto gasta usted haciendo fila ¿En qué invertiría el preciado tiempo?