Edición 371

Colombia para principiantes

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Colombia para principiantesLa tácita afinidad con las versiones armadas de izquierda o de derecha es una de esas cosas que se lleva en Colombia con inteligencia. El modo de nombrar esta complacencia se ha llamado combinación de formas de lucha o convivir. Ha sido el modo de adoctrinar a quienes se defienden de un lado o del otro.

La primera, la de izquierda, acepta que exista una lucha armada que hace la guerra que coexiste con la tarea de fortalecer las manifestaciones sociales inspirándose en los principios del marxismo-leninismo.

La otra, la de derecha, recoge el legado de aquellos gamonales que imponían el orden en el campo, muchas veces amparados con la bendición de la iglesia, quienes establecían las normas de buenas conductas. En la época actual promovieron formas de seguridad privada campesina en las que se inspiró el aparato del paramilitarismo para expandirse y crecer. Allí nos tienen en una cosa que parece blanco y negro, porque son muchos los que piensan que hay que tener un pie de un lado o en el otro.

Esta dinámica no la hemos podido atravesar. Antanas Mockus hizo un valioso esfuerzo didáctico por de-construirla, pero está enquistada en nuestro modo de enfrentarnos al ejercicio de hacer valer la justicia. Sea la justicia que se dicta de un lado con la hoz y el martillo, que reivindica los derechos de los oprimidos, o del otro hablando de seguridad todo el tiempo como si se tratara del pan cotidiano. Este fenómeno evoca el mito de la medusa, esa mujer agredida que con su cabeza llena de serpientes convierte en piedra a quien la mira.

Colombia para principiantesEn esa mujer agredida que se expresa con ira y dejará petrificado a todo el que se acerque quedará convertida la Colombia si no sale de ese laberinto de quienes ponen el tema de nuestro proyecto de paz y prosperidad en el eterno juego de ser complacientes con guerrilla y paramilitares. No se ha comprendido que coincidir con las exigencias políticas de un lado o del otro es otorgarles vigencia a sus grupos armados.

Si hoy en día todavía se reciclan las fuerzas y liderazgos que, como en el caso del paramilitarismo, hace renunciar a un empresario del banano para ponerse un camuflado y defender su patrimonio o despiertan el fervor estudiantil en favor de las causas de los excluidos y a quienes les puede resultar atractivos las proclamas libertarias de la guerrilla de las Farc. Habrá que detenerse a mirar este retrato vivo de lo que somos. Esta parte nuestra la seguimos metabolizando y comprendiéndola.

Es en esta tácita complacencia que se debe poner el énfasis. Entre los que militan en esa ambivalente mirada de la realidad está un amplio sector de nuestra sociedad. En el debate de país que animan se puede aceptar el hecho de que los paramilitares no son solo un grupo de bandidos y la guerrilla unos anquilosados camaradas en el monte. En la re significación del enemigo pueden estar una de las claves de nuestra paz. En devolverles a los armados su condición de uno que tiene cosas por decir negociar y proponer.

Quien ama la paz no puede hacer la guerra decía un general en una película que recrea la Italia de la primera guerra mundial y a quien se lo decía era un soldado que mandaba a fusilar por incitar a la paz. Los que hacen la guerra están concentrados en eso. Quienes estamos por fuera no podemos vacilar en intuir por donde hay las vías que pueden motivar un proceso de paz y de reconciliación. Y uno de los primeros pasos debería ser reconocer todo el entramado social que ha creado guerrilla y paramilitares en torno suyo. A ese entramado de familias, lideres, conversos, arrepentidos, víctimas y victimarios se les debe responder con presencia del Estado y de sus instituciones; con iniciativas ciudadanas.

Colombia para principiantesNo es solo con cooperativas de seguridad o con mingas que se construye país; también está la ciudadanía desprevenida, que se puede incrustar en un dialogo más abierto donde junto al tema de la tenencia de la tierra, de los derechos humanos y el derecho legitimo al patrimonio y la tranquilidad se insista en convocar otros temas igual de importantes

Entre la larga lista de cosas inútiles que todavía son vigentes está la guerra, esa guerra interna de la que los colombianos no nos hemos podido sacudir, que pareciera repetición de un histórico y ancestral modo de enfrentar diferencias, exclusiones, odios y venganzas. Los que hacen la guerra seguirán haciéndola y la sociedad civil espectadora de este largo teatro de operaciones hará fugaces esfuerzos para detenerla. Paralelo corre la ruta de quienes contienen lo humano con su obrar en el silencioso y cuidado territorio de la cultura, el arte, la ecología y el periodismo. ¿En donde nos juntamos todo en ese combo?