Edición 365

¡Qué injusticia!

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El capítulo del adefesio llamado "reforma a la justicia" es uno más de la novela de desatinos, clientelismo, intereses creados y corrupción del Congreso colombiano. Fue de tal magnitud el monstruo que hasta el mismo Gobierno que la promovió decidió objetarlo, en cabeza del Presidente de la República.

De nuevo los congresistas, representantes y senadores, arreglaron las leyes donde realmente se transan, y es en la conciliación entre ambas cámaras, una reunión reglamentaria que se hace a manteles, para "pulir" y consensuar la redacción y artículos que quedaron desbalanceados en las aprobaciones en las plenarias. La tarea de los 4 debates reglamentarios, u 8 si se trata de una reforma constitucional queda convertida en una enorme farsa de la que nadie se entera, tan solo los periodistas que en algún momento cubrimos el Congreso y nos preguntamos –algunos pocos- el porqué de ese arreglo a la sombra.

Son como ladrones en el contubernio, porque es allí, en la conciliación donde se adoptan medidas a la chambona, se eliminan de un plumazo partes o acápites de las mismas leyes, como acabar con el régimen de inhabilidades para los legisladores y que hubiese permitido la vuelta de los parapolíticos de las masacres y el narcotráfico, y sin perder su curul, que se convertirían –por las mismas prácticas fraudulentas electoreras o presiones armadas- en vitalicias.

Volverían los "cirosramirez", "alvarosGORDOSgarcías", "ivanesmateusdíaz", "cesaresperesgarcías", y tantos otros tras las rejas por múltiples causas. (Recordemos que más de la mitad del congreso pasado está preso por nexos con los paramilitares, es decir, en un país serio, sería totalmente ilegítimo y tendría que haberse realizado otra elección. Pero NO PASÓ NADA).

Y luego de la protesta generalizada, en la que esta vez sí, los grandes medios de comunicación se pusieron serios y presionaron y movilizaron a la gente, que hizo lo propio a través de las redes sociales, hubo reacción y decisiones: el Presidente Santos –que no es santo de mi devoción- fue consecuente y escuchó la voz del pueblo, la "Vox Dei", y la objetó, es decir la devolvió antes de su sanción. Este trámite, según las reglas de juego a la hora de hacer las leyes, indica que si el Presidente no está de acuerdo, regresa el proyecto para que se subsanen errores de fondo y forma.

Pero ahora aparece el actual Presidente del Congreso, Juan Manuel Corzo, y anuncia que paró la publicación en el Diario Oficial del proyecto –según las reglas- no se surte el proceso de la promulgación de la ley. Sin este trámite aparentemente tonto, ninguna ley lo puede ser. Por lo menos quedó parado y la presión ciudadana y mediática por fin funcionaron. Pero aquí empieza la feria del lavado de manos, marca Pilatos. Corzo, el mismo que dijo que su salario de 25 millones de pesos mensuales no le alcanza para tanquear sus camionetas, el mismo que hace casi un año presentó el proyecto de ley de inmunidad parlamentaria, para blindar y rescatar a sus amigos en problemas –él mismo- con la justicia por paramilitarismo y otras hierbas.

Qué coincidencia que según las reglas del Congreso, es el Presidente de cada cámara (Corzo, en Senado, Simoncito Gaviria, en Cámara) quien elige los conciliadores, esta vez, los que finalmente metieron los micos denunciados en la reforma a la justicia. Y qué coincidencia que los micos sean la misma columna vertebral del proyecto de inmunidad de Corzo. ¡Qué coincidencia! Y qué candidez, que ahora aparezca el mismo tipo polémico, a marcar diferencia y ponerse de acuerdo con la protesta, y reconocer de paso, aunque no en voz alta, la GRAN RECOCHA que significa el trámite de proyectos en el Congreso. Es tan poco consecuente y serio, que ratifica y comprueba que la aprobación de las leyes responde a intereses creados, a presiones, a contubernios, a negociaciones en la sombra. Que se negocia y transa en la casa que dice dirigir. Entonces queda en el peor de los mundos: se lava las manos y se presenta como aliado de las voces de protesta por lo que pasó con la reforma, para congraciarse con el público o electores,

pero además, abre la boca para ratificar que le quedó grande dirigir con equidad y rectitud moral el Capitolio. Ahora falta que salga con la de Ernesto Samper: "que todo lo sucedido fue a sus espaldas". En fin, al abrir la boca, a Corzo le pasó la del pato: a cada paso dado, soltó una cagada.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.