Edición 355

Riffs, solos, bateros…rock puro

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Y bien. Llevamos dos días de Rock al Parque en su versión 18 y los cambios cuestan. Si nos atenemos a la propia encuesta que la página oficial del festival puso al aire en internet, al 75% de quienes votaron no les gustó el cartel, la organización, nada.

Más allá de que no guste nada, mala costumbre colombiana la de despotricar de todo sin argumentos, sí hay aspectos que hay que cuidar para que no se pierda la esencia y el trabajo de 18 años.

Lo primero es la organización. Las transiciones cuestan y este es el segundo año que el creado Instituto de las Artes, Idartes, maneja los festivales al parque. Y le está costando. Desorden y demora en el sistema de acreditaciones para la prensa que ha venido trabajando años y para quienes quieren sumar a este esfuerzo ciudadano, que no debe tener tintes políticos. Llenar una forma electrónica para la solicitud de los pases demuestra adelanto, pero las largas y demoradas filas del día de la entrega, todo porque se verificaban los nombres en una lista de papel, raya en la involución y en el atraso. Es en estos detalles donde el diablo se oculta, y donde se marca la diferencia, o por el contrario se demuestra improvisación. Y hubo mucha.

Manejar la logística de un festival con más de 60 bandas, tres escenarios, seguridad del parque metropolitano más grande de la capital, el transporte, la zona de prensa, los elementos electrónicos y de escenografía, luces y hasta el catering para los artistas, es un esfuerzo también enorme y digno de destacar. Pero es en estos detalles, donde también se ve involución. Dejar de lado la experiencia de 10 o más años del anterior Instituto para la Cultura, y de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, que hace parte de la transformada Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, no es aconsejable. Claro, reconociendo que cuando comenzaron estos inevitables cambios políticos, los desajustes llegaron. (Esa fusión entre Cultura e IDRD no la ha entendido nadie y ha dañado años de trabajo. Tanto temor generó esta unión, que las mismas autoridades decidieron crear al Idartes, porque a la cultura la habían dejado precisamente por fuera, en jerarquía, institucionalidad y plata).

El insumo y el "Know how" de cómo hacer el festival de rock, y todos los demás ya es un activo para la ciudad. Pretender dejarlo de lado, todo por la soberbia ser los nuevos funcionarios a cargo, es de una torpeza y miopía supinas.

Ojalá alguien les haga caer en la cuenta que los tiempos políticos pasan y así como suben como palmeras, pueden bajar como cocos. Inevitable proceso en la política local y nacional. Afortunadamente no son todos, y hay excelentes trabajadores que apoyan la cultura, cuidan los detalles, aportan y tratan bien a la prensa, que dicho sea de paso, deja mucho que desear en las ruedas y conferencias con los artistas, porque la mayoría de los comunicadores acreditados no preguntan, y tan solo quieren hacer su saludito y pedacito exclusivo para sus medios, actitud ridícula porque la gente sabe que hay más de 100 medios acreditados y en este campo de la cultura y del rock, no hay chivas ni primicias. Es ridículo seguir anclado en el pasado y olvidar que los medios hoy son nichos y no masivos.

Así que a seguir trabajando y empujando este festival, que como nos dijo Koyi K Utho en la conferencia de prensa, necesita de una reorganización para enfrentar su mayoría de edad con mayor proyección, apoyo a las bandas locales y consolidar el cartel internacional. Sé con seguridad que hay muchas bandas mundiales de un gran nivel que se mueren por venir a Bogotá, pero hay que concretar el trabajo que reconozco puede durar años.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.