Edición 364

A reformar Rock al Parque

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Lo dijimos en la anterior editorial y lo reiteramos: acogemos la propuesta que lanzó Edu, líder de la banda Koyi K Utho, en el sentido de que hay que reformar a Rock al Parque para que se proyecte en el tiempo y nos perdure.

Y los Koyi tienen razones de peso para decirlo: es una de las pocas bandas, o tal vez la única, que ha estado 7 de los 18 festivales. Y no por rosca, como piensan algunos, sino por trabajo.

Edu dijo que es injusto que pongan a competir bandas de un año de creadas, con otras ya consolidadas, y tiene toda la razón. Por eso, la idea de volver a las categorías que existieron durante los primeros festivales es más que acertada. Con los rangos amateur, intermedio y profesional, veremos verdaderos mano a mano, no solo durante las convocatorias, sino en el examen final del puente de junio-julio, frente al monstruo de mil cabezas (el público).

Esa reestructuración debe pasar también por el tema de prensa. Y aquí no nos damos coba, porque Buque de Papel también llegó a Rock al Parque por trabajo y no por manguala. Pero los organizadores y encargados de la logística, especialmente de la tercera tarima, de la llamada este año Redbull, maltrataron a los periodistas e integrantes de los medios que buscaban hacer su trabajo. No solo nos vaciaron a nosotros, sino que, con soberbia, se jactaban ante otros compañeros en no dejar entrar a la prensa a donde ellos querían. Pura respuesta de celador resentido.

Por eso, señores de IDARTES, que han hecho bien las cosas en estos dos años que llevan manejando los festivales al parque, pilas con el tema de la prensa, no solo desde las acreditaciones, cuya logística este año brilló por su ausencia y sí con mucho desorden, sino en el trato.

El tercer aspecto a cuidar y entrar a revisar es el fin de la zona de prensa frente a las tarimas y su fusión con la llamada VIP, de otros años. Sé que el tema era democrático y no dejar a los músicos y sus acompañantes detrás de la prensa y que no puedan gozar a sus artistas favoritos. Pero es que el diseño de la zona exclusiva para prensa no fue capricho o algo odioso y discriminador con los demás. Los que piensan esto e influyeron en la decisión no son periodistas y si lo son, trabajan en un escritorio y no han hecho reportería. Uno, al igual que los camarógrafos y fotógrafos vamos a trabajar y el laburo es enorme. Hay que acabar con la percepción de que los periodistas de combate que vamos a Rock al Parque lo hacemos para gozar y pasarla bueno. Sí, la pasamos muy rico, pero el nivel de trabajo, la sucesiva rotación de las ruedas de prensa y la necesidad de elaborar el material gráfico, audiovisual y textual que se publica en los diversos medios, no da tiempo para gozarla a pleno. Pregúntenles a los colegas y reconocerán la misma respuesta.

Otro aspecto son las acreditaciones fantasmas y lagartos que siempre aparecen, en especial para el concierto de cierre, que es con el artista de mayor reconocimiento, la estrella del festival. Ese día brotan de la tierra los periodistas con escarapela, y que uno nunca ve en las ruedas de prensa, y menos preguntan, como lo recriminaron -y molestos- algunos de los artistas.

Claro, y la crítica también va hacia los colegas que acreditados no cubren, no preguntan, no están, quitándole espacio a otros que se quedaron por fuera y merecen estar, así no sean de medios nacionales y de renombre, sino regionales y que trabajan con las uñas.

Por eso Buque de Papel, en aras de seguir acompañando a este festival como lo ha hecho durante 5 años consecutivos y por el que ganamos el premio a mejor portal comunitario de la Alcaldía Mayor de la ciudad en 2011, aplaude iniciativas como Rock al Parque, pero hace estas observaciones, con el ánimo de contribuir a seguir en el mejoramiento del certamen, que debemos sentir como propio, los bogotanos, los colombianos y los latinoamericanos.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos le damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.