Edición 363

Borrar la memoria de un plumazo

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Es triste que el país y los colombianos sigan naufragando en las aguas de la desmemoria, el descontrol y la apología del delito, en especial cuando se exalta por televisión, comerciales y redes sociales la figura del mayor criminal de todos los tiempos y asesino, Pablo Escobar, y de otro lado, nadie dice nada con el fin inminente del billete de mil pesos y el único reconocimiento que el Estado hizo de Jorge Eliécer Gaitán.

El intento del canal Caracol por reconstruir la historia del capo de capos y que prometía ser un acercamiento serio, histórico, de reconocimiento y reconstrucción verídica de los hechos, naufragó en el lodo de la etérea literatura y ficción televisiva, deformando situaciones reales, que por duras que sean, era clave que las nuevas generaciones supieran quién fue tamaño monstruo, uno producido por alguien más perverso, como el mismo Estado y la misma sociedad colombiana.

Todo el país comenta en los buses, cafeterías, esquinas, el desarrollo de la telenovela, pero con el efecto contrario, y uno muy perverso: de nuevo Escobar resultó ser el héroe popular, el Robin Hood que robó a los ricos malvados para dárselo a los pobres. Pero nadie recuerda, y menos la serie ficcional, los miles de muertos que provocó el monstruo, con carrosbombas, como los del DAS, o el parque de la 93, en dos oleadas terroristas que sacudieron a Bogotá, todo porque aquí se concentra el poder del Estado que decidió enfrentarlo, aunque también usando alianzas terribles con otros narcotraficantes, como el cartel de Cali y Carlos Castaño y los paramilitares, con participación de Estados Unidos, en los conocidos PEPES (Perseguidos por Pablo Escobar).

Quiero preguntarles a los familiares y víctimas de los bombazos de Escobar en Bogotá, o en la Plaza de Toros de Medellín, o de los policías asesinados en el plan pistola cuando ofreció un millón de pesos por cada uniformado que los sicarios, sus bandas armadas, mataran en las calles de la capital antioqueña, qué piensan de la serie de marras, si retrata, refleja, rescata memoria y restaña heridas, o es un acercamiento frívolo televisivo para ganar rating, y por ende, plata, que es sólo lo que busca el canal. Quiero indagarlos y que me contesten sí o no y qué piensan, si los libretistas, que se quedaron cortos, los llamaron, aunque sea sólo para saludarlos y conocer sus opiniones, las más válidas de tantos seres humanos a los que el hampón afectó y destruyó. ¡Y la gente dice qué buena serie!

Colilla: Por otro lado, el mismo Estado al que Escobar combatió y que tiene una amnesia crónica con lo que no le conviene, hace todo lo posible por borrar de un plumazo a personajes y personalidades que sí tenían qué contar y rescatar, como Jorge Eliécer Gaitán. El Banco de la República comenzó el plan de sustituir las monedas de 200 pesos y anunció la próxima salida, otra vez, de las de mil pesos, que reemplazarán al billete de mil, único recuerdo y memoria que queda de Gaitán en el país. (A pesar de los esfuerzos ingentes de la Universidad Nacional por mantener la Casa Museo del líder, pero con escasos recursos y con frecuentes amenazas de cierre definitivo). Ahora van a cambiar a Gaitán por loritos, maticas, palmeras, sombreros vueltiaos y otros cachivaches que dizque son nuestro sentir nacional, nuestra idiosincrasia, pero se olvidan de las personas que sí hicieron por la gente, por la ciencia, por el país (menos el otro hampón y golpista del billete de dos mil, el nefasto Santander, bautizado hombre de

las leyes, aunque debería decirse hombre de las leguleyadas en las que aún navegamos. Se olvida que planeó un atentado para asesinar a Bolívar, y ahí sí no hay protesta). Y la justificación mediática, inventada por Uribes y otros tantos asesinos del estatus quo, es que en el billete salmón se ve a Fidel Castro. ¡La ignorancia es atrevida! Intentar relacionar a Fidel Castro con Gaitán, cuando el primero, siendo un jovencito imberbe admiraba a rabiar al líder colombiano, que de comunista no tenía un pelo. Es más los mantenía a raya. El mismo autor del dibujo del billete explicó que nunca dibujó al cubano. Y si fuese cierto, ¿los genios uribes se dieron cuenta casi 10 años después de emitido?

Buque de Papel está elaborando un libro de reconstrucción histórica y que servirá como proyecto para un doctorado de historia, donde se definen de una vez por todas las fronteras ideológicas y políticas de Gaitán, para evitar las distorsiones de la actualidad. Un ejemplo de dicho mal uso: en el campus de la Universidad Nacional o en los panfletos publicitarios de algunos candidatos a edil del Polo Democrático se usa la imagen de Gaitán. ¡Qué ignorancia de la historia!, y como decían los mamertos de Mayo del 68 ¡qué atropello a la razón! En material inédito que tenemos en nuestro poder, de una conversación entre Gaitán y Gilberto Vieira, el líder del Partido Comunista en aquella época, se demuestra que el líder liberal no tenía un pelo de tonto y menos era adepto al movimiento de la hoz y del martillo.

Hoy subsisten en los billetes el ingeniero y científico, Julio Garavito, en el de 20 mil, el poeta José Asunción Silva, del billete de 5 mil pesos y lo único bogotano, porque ahora es pecado reivindicar nuestro ser cachaco, como sí no lo es cuando los paisas y costeños resaltan sus terruños; y por ahora Gaitán, con el de mil. (A propósito, este billete lo hicieron para reemplazar a la primera moneda de esta denominación porque era la más falsificada. Y vuelven a ella los genios del emisor).

Por este cambio de la historia y el ocultamiento de la memoria y obra de miles de colombianos de bien, solo doblan estas campanas, ya que las mediáticas siguen elevando a categoría de semidioses a asesinos, putas y contrabandistas, como en la pésima cinta Sanandresito, donde su protagonista, Verónica Orozco -qué contradicción- era Alicia en el País de las Mercancías, la serie que a finales de los 90, la DIAN sacó al aire para combatir al delito que sigue campeando y lavando activos del narcotráfico que alimentaron escobares, rodríguez, chupetas, rasguños, don bernas, fritangas, mancusos, castaños, jojoyes, canos, reyes, samperes, uribes, etc, etc, etc.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.