Edición 369

Sentimiento indígena

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"Una risa,

como un aullido

desde el fondo del tiempo

desde el fondo del niño

cada día

José Luis dibuja nuestra herida"

"Totalidad y fragmento ". Octavio Paz

Sentimiento indígenaHe encontrado, al abrir mi correo, que la Revista literaria "Los elementos del reino" de Veracruz, México, titula un texto con el que inicio este mío. Antes de leerlo, el solo título me ha llenado todo el ser. Me ha tocado hasta el fondo.

Desde niño, cuando tenía ocho años, veía en el libro de Historia Patria en el que preparaba sus clases mi padre, las ilustraciones de indígenas junto a burros y mulas, con un bolso terciado, entre pecho y espalda. Algunos y algunas estaban semidesnudos y con el rostro triste. Su aspecto era de sumisión y pobreza.

Luego fui viéndolos en las pinturas de Guayasamín, de Orozco, Cuevas o de Diego Rivera. La "suerte" del indígena, la imagen que se presentaba allí era la de seres casi menos que humanos. Los historiógrafos españoles los señalaron como "cafres", de costumbres canibalescas y trazaron en el imaginario de aquellas juventudes, casi un odio por ellos.

Las pinturas que nos muestran los libros de historia colombiana siempre ponen en primer plano a Colón, a los hermanos Pinzón, y luego a los crueles Pizarro, Añasco, Belalcázar. Apenas si aparece el cura De las Casas que se preocupaba por "bautizar" y ungir para otro reino a estos seres desposeídos de lo suyo.

¿Quiénes eran y son aún los indígenas de aquellos tiempos de 1492 y de hoy julio de 2012? - Simple y llanamente - nuestros tatarabuelos, nuestros ancestros naturales. Por nuestras venas aún corre su sangre vital, en nuestra cara y nariz se ve el color sus etnias, en nuestra frente aún vemos el sello de la afrenta. Ellos fueron los únicos habitantes y dueños sin papeles de toda la tierra del Continente llamado después de América, por el de apellido Vespucci.

Ellos guardaron virgen la Amazonía, la Sierra Nevada, las serranías de Catatumbo, de Ata en Tolima, las inmensas selvas de Chocó y de Tierra Adentro en el Huila, Putumayo, Nariño y el Cauca. Adoraban la Tierra, el Agua, el Sol, la Luna, las Montañas con sus piedras enormes. Explotaron las minas de oro sin contaminar ni desviar los ríos y mantuvieron el equilibrio de la Naturaleza. Hasta que llegó la civilización con espejos, con armas, sierras, orugas, erosiones y ambiciones.

Los hombres-caballo impusieron las leyes del engaño, el despojo y la extraña titulación real de las "nuevas" tierras de las que se apropiaron sin fórmula de juicio. Aparecieron un 12 de octubre como fantasmas en una fiesta y empezó la persecución y el desconocimiento de sus derechos de toda una vida y muchas generaciones. Se quedaron sin tierras, sin paz, sin armas. Solo conservaron sus lenguas, el respeto por sus Taitas, con las manos callosas y la nuca torcida de tanto bajar la quijada a los nuevos "amitos" y terratenientes.

Esa es el sentimiento indígena con el que crecí y que aún persiste allá afuera. En Acandí, en Tutunendó, con los catíos y los cholos, en Vaupés, en Putumayo, en Tolima, en el Cauca y Nariño. Un sentimiento de no Patria, de no territorio, de no derechos, de no tierra, de no autoridad, de no estima, de no razones para vivir con la dignidad, en estos tiempos de capitalismo más salvaje que los cafres que inventaron aquellos cronistas anónimos.

Sentimiento indígenaColilla: hoy la foto de arriba ha cambiado por esta otra:

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.