Edición 353

Acercamientos al cese de la guerra en Colombia

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"...cosa es de volverse loco..."

La perrilla. José Manuel Marroquín

Colombia observa con ojos de esperanza y oye las noticias del Gobierno Santos y de la guerrilla de las Farc con asiento en Cuba sobre las escaramuzas previas a diálogos para acabar con el flagelo de la guerra ya cincuentenaria en nuestro suelo patrio.

Las historias de gobiernos anteriores no surtieron los efectos por causas internas a ambas partes que no conoce la opinión, pero que el pueblo las supone. Se estancaron porque no hubo una voluntad política adecuada por parte de los actores de los gobiernos de turno y porque las Farc tampoco brindaron una franca disposición al cese de secuestros, a la siembra de minas, al asalto a pueblos e instalaciones eléctricas o puestos de policía y ataque a poblaciones civiles inermes.

Todo problema tiene aristas que punzan. Cuestiones ideológicas, métodos radicales ya pasados de moda, consignas fuera de contexto, muertes por cansancio o por sorpresa de la inteligencia de la fuerza militar, de una parte. Por parte del Gobierno, desinterés de entender que el diálogo no es bajar la cabeza ante la insurgencia, que la guerra no la gana o la pierde el Gobierno sino el pueblo que la sufre, y el deseo de mostrar que a una fuerza ilegal se opone otra legal con más hombres, más uniformes, más aviones y helicópteros, más presupuesto salido de bolsillo de la ciudadanía.

Los años han ido pasando y la película es la misma. Combates, anuncios de que están cayendo los comandantes, que la guerrilla está cansada y a punto de ser vencida. Y los gastos de guerra suben y las muertes en el campo de batalla cunden inútilmente para el gobierno. No hay límite y ni las lágrimas de madres y familias hacen mella en los mandos supremos. Hay que aumentar el pie de fuerza y hay que alimentar la guerra con munición, metralla y ayuda extranjera. Por 10 y más lustros el panorama no ha cambiado. Eso se volvió un negocio en donde se compra, se hace propaganda y se muestran los productos y algunos resultados: muertes, bajas, insultos, odios y más plata en el presupuesto.

Por fin ahora estamos viendo una luz con la palabra diálogo. Ya los lobos, los legales y los ilegales, se detuvieron a mirarse a los ojos. Salieron de las madrigueras y los campamentos y se han acordado encuentros en una mesa como iguales. Cinco y cinco representantes de cada lado y 60 asesores. Allí no habrá bajas ni pesarán las consignas ni las charreteras ni las voces altisonantes. Allí valdrán los argumentos las concesiones de parte y parte, como iguales en la responsabilidad. No hay más ni menos. Esa es la condición del diálogo. La deposición de las voluntades antes que de las armas. Y el fin: Desarticular la guerra y trazar un camino que devuelva al camino de la paz social y económica. Sin cartas escondidas ni señales por debajo de la mesa.

Colombia debe estar uniendo sus manos en un solo haz para hacer fuerza. Tendrá que haber cambios de escenarios, ofertas civilizadas, garantías inmediatas o a muy corto plazo que se puedan medir y apreciar por todo el territorio. El mundo nos está viendo más que a Falcao que nos emociona. La victoria depende de cada bando. Ambos podrán cantarla y alzar unidos los brazos para celebrarla. Ninguno de los dos lados podrá cantarla primero ni decir que fue tal puño el que ganó el pulso.

Ampliación del tema en: El Día. Es y en El Colombiano. com 

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.