Edición 373

El país del Sagrado Corazón del Procurador

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Colombia es un país de extremos. Es sumamente rico en selvas, flora, fauna, paisajes, ríos, diversidad de especies naturales, como las encontró Von Humboldt ya casi unos doscientos de años.

Se nombran contralores y procuradores y auditores, personeros, defensores del pueblo e interventores de obras que han ocupado impunemente sus cargos sin mover un dedo. Quedan en libros de historia natural y política los hechos y las fotos para el registro de nacionales y extraños.

Hoy vemos como han caído árboles centenarios en las selvas, cómo la deforestación nos trae el cambio de temperatura que nos asa el cuerpo en un verano intenso que no conocíamos. Nadie dijo nada. Se dieron permisos, licencias a consorcios temporales y multinacionales como si la nación fuera un territorio de bolsillo y hoy vemos la otra cara de la moneda. Hay erosión, desplazamiento de sus habitantes seculares, desecamiento de las fuentes naturales de agua, contaminación de mercurio, y enriquecimiento sin que haya contraprestación a las comunidades que han sido despojadas de sus predios y vida pacífica.

La Constitución del 91 trajo modernización al Estado que estaba sumergido en la sacralización de sus instituciones porque era un Estado confesional, heredero de gobiernos de la doble espada: la temporal y la eclesiástica de Julio II. Predominaban las creencias en una segunda vida más próspera que la terrena y el ser humano vivía humilde y paciente esperando una redención de dioses lejanos. Los reyes y jefes de Estado eran cuasi dioses, representantes de Dios en la tierra.

Ese modo de pensar ha vuelto a mostrar las raíces que habían cortado los constituyentes en 1991. Con el gobierno pasado volvió el rosario y los ojos torcidos a mirar al pasado medieval. Pero eso sí. Se olvidó que en la Edad Media se creía por Tomás de Aquino que el alma llegaba al cuerpo no en el momento del coito o la fecundación sino tres meses más tarde. Y llegaba el soplo divino de la Gracia un mes más tarde al feto que sería mujer.

No hay consenso si es igual el corte de la concepción con las prácticas anticonceptivas o si hay aborto desde el momento del coito que impide hacer efecto al óvulo redondo y al esperma agudo.

En Colombia se llega a los extremos fundamentalistas y religiosos en un mundo globalizado y laico. Nuestro modelo político y de convivencia del 91 quiere ser manipulado por conveniencias místicas y entelequias moralistas de viejo cuño.

Con la presurosa postulación que la Corte Suprema ha hecho para la reelección del Procurador se ha puesto en el asador este plato medieval. Y ha quedado patente que esta Patria sufrida con muchos tratados comerciales modernos vive un modelo mental arcaico y que lesiona los derechos y libertades fundamentales de la mujer a discernir y tomar decisiones sobre su propio cuerpo. De nada valen los criterios de la Corte Constitucional en su interpretación auténtica de la Constitución y la ley.

¿A quiénes ha elegido el pueblo para que los guíe en estos tiempos modernos? Los liberales votan a lo mismo que los conservadores, da lo mismo blanco que negro, verde que pin-tado, sancocho que aguamasa. Se ha pasado por encima de los derechos laborales, de la salud, de las pensiones, del medio ambiente. ¿Qué más da pasar por encima de los derechos de la mujer?

Coletilla:

Sorprendente la celeridad y actitud antidemocrática de nuestro Congreso de salir a dar su beneplácito a la postulación del Procurador sin que se hayan dado los nombres de los otros dos ternados. Después dirán que no leyeron los hechos. Vuelve el Congreso a quedar en tela de juicio nacional por esta embarrada política.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.