Edición 354

Obama Vs Romney, duelo inútil y pantallero

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Mirar hacia el Norte nunca fue una meta en mis amores. Apenas cuando conocí la Luna. La poesía me llevó en su alfombra mágica. Eso de mirar para arriba no sirve sino para darse trompicones y caer de bruces contra el suelo. Es mejor mirar hacia adelante, a veces con retrovisor, para estimularse con quien le sigue a uno los pasos o con los errores y triunfos del pasado.

Cuando Obama se postuló hace cuatro años, con emoción escribí que había en EE. UU. un cambio de rumbo. Que llegaba un candidato con mirada igual a la de los mortales. Obama mostraba un pasado en su sangre, en la historia común de las negritudes, tenía una sonrisa franca y su lenguaje era inclusivo.

Quiero decir que para América Latina, para Suramérica había llegado la hora de tener como hermano a ese país que siempre se ha tomado con prepotencia el nombre de NorteAmérica o solo América, como su emblemática flota de aviones. Porque EE.UU. siempre ha mirado a esta parte integrante de la gran América desde lejos. No la tiene, como Condorito, en su libreta, en su llavero, en su agenda.

El balance que se hace ahora que termina su mandato tiene ese lunar ante nosotros. Dice la prensa que Obama no se acordó de los pobres ni de América. Que es lo mismo. Claro que ya nadie piensa en el sueño americano cuando habla de Estados Unidos. También a ese pueblo le llegó la mala hora, como dijo nuestro Nobel. Ellos también han mordido como los boxeadores el polvo de la recesión, con la caída del mercado inmobiliario, con el devastador huracán Katrina. Han probado lo que la prensa poco ha mostrado. A un pueblo con fama y sin plata en el bolsillo por falta de empleo.

La Times Square y la gran Manzana se vieron atestadas de gente sin puesto de trabajo y las bolsas de todos los países sufrieron con su descalabro. Porque queramos o no decirlo, la economía global es una sola. Se mueve como un vasto oceano con olas suaves o tsunamis. Cómo se repite la historia. Todo niño se conmueve cuando oye que Sansón, el gran gigante cayó en medio de las gordas columnas de Wall Street o quedó bajo las ruinas de las dos torres gemelas aquel fatídico 11 de septiembre.

El pueblo norteamericano ha sentido que su orgullo de ser el amo, el Tío, el árbitro del mundo no le valió y quedó como Goliat, tendido en su dolor. Su estilo de vida cambió y la vida para ellos ya no es la misma de antes. Todos somos de la misma carne y, como un vaso de champaña fina, frágiles y quebradizos.

Dicen los que tienen memoria que los segundos mandatos en USA son mejores porque extienden su mirada más allá de sus límites. Brasil con Lulla da Silva alzó su voz para decirle a aquel gigante no más hegemonía, basta ya de olvidar que existimos. Y le dijo a sus vecinos que antes de buscar las soluciones a sus penurias en el Norte, miráramos qué teníamos en casa. Pero hoy siguen los capitanes de este barco colombiano enarbolando la bandera del TLC y gritan que las exportaciones este semestre subieron el 18%, mientras se agotan nuestras minas y riquezas ambientales.

Colombia está siguiendo los mismos pasos de buscar en el cielo el Oso mayor que la oriente, pero no busca bajo sus alas, - ahora que dice estar en su mejor momento y que no le afecta la situación de la eurozona -, fortalecer y ejercer su liderazgo con Brasil, Perú, Chile, Ecuador, Argentina, países con recursos suficientes para formar una anfictionía, un bloque fuerte como cuando se unen muchos brazos de hermanos y de amigos.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.