Edición 364

Me huele a invento mal intencionado

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La noticia me tomó fuera de Colombia, país tropical tan acostumbrado a convivir con enfermedades que parecían extinguidas de la faz de la tierra y que año tras año causan aún miles de muertos, como el sarampión, la varicela, hasta casos de viruela, por no mencionar a la infaltable malaria o la leishmaniasis, más conocida como el pito.

Escuchar que se declaraba la alerta mundial por la gripe porcina y en especial por los casos de muertes registrados en México, donde extrañamente la cifra cambió hacia abajo, no dejó de causarme cierta sensación de pánico apocalíptico.

Recordé las historias de los bisabuelos sobre la viruela en nuestra Colombia, y que fue inmortalizada hasta en la literatura, por Jorge Isaacs quien, en forma poética registró la muerte de su María por causa de esos brotes morados, contra los que no había cura ni vacuna a finales del siglo XIX.

Rememoré alguna crónica interesante en la revista Gatopardo donde me enteré de la existencia de la gripe española, en 1921, que arrasó con 60 millones de personas en todo el mundo, en 3 años de duración. De esas muertes, el 80 por ciento fueron en México, donde el cronista, narraba, con sobrevivientes de esa tragedia, cómo las personas morían como moscas al salir a las calles, en los andenes, en las vías férreas, y ni qué decir dentro de las casas marcadas con señas de peligro para que no se entrara. Era como la peste bubónica que arrasó con Europa en el siglo XV y cuyo terror desatado vemos recreado en parte por las películas del cine comercial.

Los creyentes retoman las palabras del libro bíblico del Apocalipsis y trasladan en el tiempo y dan por cierto aquello del cuarto jinete del mal desatado, que es la peste, y que junto a hambre, guerra y muerte van a arrasar con la humanidad. De las cuatro tenemos ¿no es cierto?

Aquí en Argentina cancelaron los vuelos con México y se adoptan medidas que parecen paños de agua tibia, como es el uso de barbijos, o tapabocas por parte de todos los funcionarios de los aeropuertos, y el estar pendiente de quien venga con tos incontrolable, estornudos y se vea enfermo. Más no se puede hacer. Dicen que no hay vacuna. Y el mal que los aqueja, justo en cambio de estación, del otoño al invierno austral, el dengue y sus 22 mil casos registrados, dejaron de existir. No se volvió a hablar de la situación, ni de la crisis económica mundial. Pasamos tan rápido de esas crisis a la de la peste marrana que nos surgen muchas dudas al respecto.

La primera y fundamental, estoy a la espera del anuncio del laboratorio multinacional, multimillonarios en producción y ventas de toda clase de medicamentos alrededor del mundo, de que ya tiene lista la vacuna contra el mal, tal y como hicieron con el ántrax, el ébola, el hanta, y la gripe del pollo, o aviar, de la que ya nadie habla, y cosa extraña, no se registran en los noticieros las notas con la mortandad de aves exóticas o migratorias en santuarios ecológicos. Los pájaros siguen cantando; ahora el punto de mira son los cerdos. Todos virus que buscaron y recrearon en su momento al cuarto jinete apocalíptico.

Muy de agache fueron las noticias de que esos virus, desde el ántrax, hasta el ébola fueron inventos de laboratorios, fueron hechos por humanos, ¡y más extraño aún! fueron diseminados sin saber por quién ni el porqué. Lo que sí coincidió con todos los casos, es que la milagrosa vacuna apareció.

Ya hoy se está diciendo por los poderosos medios de comunicación-cajas de resonancia, que el virus no es tan violento; que haya 10 muertes confirmadas, cuando se hablaba de 150 en México, en una ciudad como el DF, de 25 millones de personas, es casi nada. Ya estamos en el otro extremo: ¿o se está minimizando una verdadera pandemia que nos va a eliminar, o fue un experimento fallido que retiraron a tiempo?

Lo único que sé es que hace dos años, aquí en Argentina, cuando se comenzó a hablar del dengue, y el gobierno a negarlo, los mosquitos o zancudos eran tantos y tan virulentos, que lo picaban a uno por encima del jean e incluso sobrevivieron bien entrado el invierno. Y las ventas de repelentes estallaron. Agotados estuvieron siempre. Curiosa relación entre virus y ventas de medicamentos contra ellos mismos ¿no les parece?.

Colilla.  De todas formas este tema de los virus también da para hacer una crítica, mordaz si se quiere: el ser humano es cochino por naturaleza. Si accediera a realizar los medios y modos de prevención, como la de no dejar botellas, llantas viejas y pozos de agua, el cólera y el dengue hacía rato habrían dejado de existir. Si se tapara la cara cuando se va a estornudar dentro de un colectivo, bus o cine, si se lavaran las manos antes y después de entrar al baño, tanta enfermedad pandémica, como la misma gripa, serían controladas. Piense en ello, ¿o cuando se sube a un medio de transporte no falta el puerco que tose, estornuda o escupe, como espora viviente? Pregunta final ¿cuánta plata venden los laboratorios con las pastillas, remedios calientes, jarabes para las gripas y que no dañan el estómago al año? o ¿por qué con tanta tecnología no han lanzado la vacuna contra la gripa común? ¿Cuánto dejarían de vender? El monto es incalculable.