Edición 368

Distribución DANE del salario mínimo

PDFImprimirCorreo electrónico

Parece que las cuentas del señor Dane padecen del mal alzheimer. O de un lapsus de esos comunes de los que hablaban Jung y Freud cuando álguienes se equivocaban de paso. Los locombianos ya estamos ahítos de estos datos que nos ofrece en plato muy discriminado el jefe de esa otra "cartera" del gobierno superpróspero. Distribución DANE del salario mínimoQué lujo de orden de prioridades y de detalles. Se ve que se preocupa mucho de examinar la cotidianidad de un pobre asalariado de los estratos 1, 2 y 3. Porque casi es lo mismo. En el 4 empieza la clase media y luego vienen el 5 y 6 y luego la élite o jet set.

Esta sería la distribución o repartición de su paga mensual, oigan bien, mensual, que un obrero de un restaurante, almacén, empresa multinacional o caja de compensación familiar haría, según el ingenioso Dane:

  • Alimentos $173.077 (29,36%)
  • Vivienda $228.549 (38,77%)
  • Vestuario $7.722 (1,31%)
  • Salud $26.881 (4,56%)
  • Transporte $59.244 (10,05%)
  • Educación $70.209 (11,91%),
  • Diversión $0 (-0,67%),
  • Comunicaciones $6.956 (1,18%)
  • Otros gastos $20.868 (3,54%). (¿¿??)

¿Y los servicios? ¿Y la mentira diaria? No. El dane reconoce que entre lo necesario está la diversión, la gaseosa y el bombón para los niños. Pero, bueno. Con equivocación y todo por una vez en el año el señor Dane hace ver a nuestros neocapitalistas dueños de empresas y la élite, quienes pagan a las famosísimas cooperativas y bolsas de empleo, para que "se encarguen" de ahorrarles el aburrido oficio de gerenciar y tener que ver a esos pobres diablos que es la clase trabajadora, lo triste de los componentes de un salario minino.

Salario. Así empieza este nombre a la plata que recibe un ser humano en Locombia por trabajar en una fábrica o almacén u oficina pública que llaman. Salario, viene de sal o salar. Ese condimento que además de hierba y agua, dan a los toros, vacas y bueyes de brega. Y, a cambio, luego le sacan la carne y la salan, presa por presa y libra por libra. Los despiden de este mundo del consumo después de un mazazo en la cabeza o una cuchillada en la nuca. Ni más ni menos lo que ocurre en el mercado laboral, hoy la mano de obra más barata del mundo, que codician y vienen a aprovecharla bancos, aerolíneas, confecciones y concesionarios con consorcios temporales...renovables por otros 20 años.

Y a esa gente, gobierno, empresarios y sindicatos, que "negocian" esta mínima parte del capital que sobra para sostener en pie hombres, mujeres y niños en sus puestos de trabajo, no les da pena llamar a esta hermosa manera de pagar las ganancias que dan al capital, con el nombre de salario mínimo.

Mínimo, en el diccionario quiere decir, lo menos que se puede, lo más pequeño de una cosa, de una porción, de un favor que se recibe. O sea, el bagazo que se echa al buey, la lavaza que le echa al marrano en la porqueriza, los desperdicios que se les echan a los cerdos en su artesa. Pero, eso sí, deben estar bien bancarizados.

A quienes reciben esta paga, les queda bien ese honroso título de Los miserables con que llamó un día su libro el gran Víctor Hugo, como también se lo dijo así en su cara al presidente y ministros de hacienda y Trabajo y a los jerarcas de los gremios económicos, industriales y de la banca, nuestro siempre convaleciente vice, Angelino.

Oh, salario locombiano. Tan milagroso. Tan generoso. Tan humano. Tan... miserable, que en un día el obrero tendrá que ir una hora tan solo al día para recibir 2.500 regalados pesos, y si vive lejos tendrá que pagar bus para ir y venir. O sea, que queda debiendo a su estómago y bolsillo.

¿Pobre quién? ¿El obrero raso que lo gana o el capitalista que lo da con venda en sus ojos para no darse cuenta de su suerte? Ojalá el senador Cepeda pusiera en el escudo esta honrosa cifra en homenaje a nuestros empleadores que no dan la cara ni la hora, ya que preocupa tanto de la tajada que la Corte Internacional le ha quitado al mapa en el Caribe.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.