Edición 375

Minería que explota el suelo y desconoce al ciudadano

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"El país no se puede equivocar de enemigo": minería

Frase de Claudia Jiménez, Presidenta de SGME en Portafolio.

He leído en Portafolio la posición de las 13 empresas multinacionales agremiadas del sector de la minería a gran escala en Colombia. Su representante Claudia Jiménez confiesa los temores de que el Gobierno esté minimizando y no valore el trabajo que ellos vienen haciendo por el bien de las finanzas del país.

No se sabe a ciencia cierta cuánto suman las regalías que reciba el Estado y las exenciones de que disfrutan las empresas que detentan la explotación de carbón, oro, níquel, petróleo a lo largo de todo el territorio nacional. Este sector se ha beneficiado desde ya hace más de 20 años de la riqueza de nuestro subsuelo. ¿Y a cambio de qué? Ellos dicen que ayudan a subir los índices para nuestro PIB y se nivele el balance entre importaciones y exportaciones. ¿Y a cambio de qué? – vuelvo a preguntar.

Malestares laborales en Casanare y Magdalena han sacudido recientemente al país por la escasa remuneración y condiciones de seguridad social en Pacific Rubiales y ahora en Cerromatoso. Seña de que algo malo ocurre adentro. Fuera de lo que ocurre en los sitios donde se asientan las maquinarias pesadas y se horadan montañas y se desvían ríos como en El Quimbo, en el Huila y lo que se quiso hacer en La Guajira con el Río Ranchería o lo que sucede en el Páramo de Santurbán.

Las agremiadas empresas le están respirando fuerte en la nuca al Gobierno para que se quede callado y no oiga los reclamos de los desplazados, habitantes naturales de esas regiones desde tiempos ancestrales. Dicen que el Gobierno no puede desconocer el bien que le hacen a la economía patria.

Pero, el otro lado de la moneda, son los perjuicios ambientales que esas empresas causan a personas, animales, fuentes hídricas y flora y a la salud de quienes viven cerca de sus campamentos y obras. ¿Veinte años de olvido, de saqueo de nuestros recursos que se llevan a otra parte y el desastre de la topografía no cuentan? ¿Y cuánto pagan y cómo resarcen tales calamidades?

Esos daños causados no son temporales. Una vez talados los árboles, contaminadas las fuentes hídricas superficiales y subterráneas, despedazados los montes queda un paisaje destruido para siempre. Gran parte de la belleza y tranquilidad de los campos ha desaparecido. ¿Y quién habla de ello? ¿Y quien responde por ello? Mauricio Gómez de CM& ha llamado la atención de los colombianos con las espeluznantes escenas que mostró en TV de ese despojo a la naturaleza en casi todos los departamentos del país. Y, ¿quién responde, qué respuesta ha tenido esa gravísima denuncia? Solo doña Claudia Jiménez, Presidente de ese gremio tan importante habla para justificar tal atropello a nuestro suelo.

Ella llama veto del gobierno a la minería y le dice al oído a la ANLA y al MinMinas y Minambiente y la otra Agencia minera que tenga en cuenta el capital que representa para la economía nacional. El daño ecológico es enorme, no medible en dinero solamente sino en bienestar y malestar de la gente que padece su presencia en esos lugares de explotación inmisericorde a quienes llama enemigo. Doña Claudia no menciona en absoluto esos aspectos negativos. Duelen estas apreciaciones en boca de una colombiana. Nuestro mapa territoral ya no luce desde el satélite lo mismo. La capa vegetal ha sufrido y aparecen calvos los montes, los valles aparecen como huecos enormes, las fuentes subterránea se están secando y amenaza la erosión y la sequía para las regiones.

¿No es suficiente, señor Procurador, que busca la reelección? ¿A qué tipo de sociedad está protegiendo y representando? Señora Contralora: no afloje en su empeño de proteger este patrimonio ecológico que se están llevando los mineros sin contempaciones. Han tenido licencia para extraer riqueza a cualquier costo, por la misma ínfima paga de unas regalías que nunca llegarán a quienes sufren el desplazamiento y el cambio a una pésima calidad de vida.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.