Edición 371

El malestar del trabajador cafetero

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Por fin aparecen en público quienes nos dan a beber el café más suave del mundo. No es la Federación y sus viajantes, no es Juan Valdez y su mula vestida de frac. No. Son los trabajadores de los campos, los olvidados madrugadores a coger café y a sembrar y limpiar de roya las recepas. El café no es un arbolito silvestre que nace y crece a la buenas o a las malas.

Colombia ha podido darse cuenta de que el café no es producto de Caldas y Antioquia*. También es de Santander, Cundinamarca, Huila, Tolima, Quindío, Valle, Cauca, Risaralda, Nariño. Colombia se ha dado cuenta de que el campesino produce un café suave para la propaganda y es un trago amargo en su casa. Hoy, sin embargo, los periódicos callan sobre la protesta de los cafeteros rasos con excepción de semana.com:10:42 a.m.* El gobierno esconde la mano mientras el Esmad trabaja fuerte y lanza gases.

¿Desde dónde, quiénes y cuándo y con qué recursos Colombia ha podido llevar sobre containers el grano café a los aeropuertos, a los bares, restaurantes y tiendas de países lejanos? Desde la montaña, campesinos y recogedoras* con pañueleta roja en su testa han doblado su espalda para sostener a la gloriosa Federación de Valdez. ¿La gente de abajo tendrá que seguir con la boca sellada y el sufrimiento adentro?

La revaluación en hombros del BanRepública y la Banca privada sigue galopando no en mula sino en Airbus. Los precios de sustentación del bulto, las importaciones del grano de otros países, el alza de los insumos necesarios para cultivar y cuidar el grano, los préstamos bancarios por las nubes y las deudas del campesino, han llevado a este paro. Los cafeteros no podían soportar más más la indolencia de sus dirigentes y del Gobierno.

Cuando alguien pasa por negocios o placer por las carreteras junto a Manizales, a Pereira, a Chinchiná, a Santa Rosa de Viterbo ya no ve montañas de caturro con sembrados rozagantes y limpios. Ya se ve la hierba y la maleza, el grano seco y las socas mustias. No hay ya mano de obra que recoja el delicioso producto porque no hay buenos salarios ni recompensa por este trabajo al sol con tan sed grande y hambres. *

Tanto rueda el cántaro, hasta que al fin revienta. Propaganda va, la mula va en Boeing, Valdez pernocta en hoteles y sonríe porque tiene sus alforjas llenas. ¿Y el campesino que suministra el grano para que los demás vacacionen, tuvo que salir a gritar en la calle que no aguanta más el trato y que sus tierras se están secando?.

Colombia se cansó de producir y prefiere la pasilla* que nos viene de Brasil, Ecuador, Perú y África. Llegan toneladas de café con y sin TLC y nuestros campesinos y recolectoras tienen sus faldas y delantales en la percha de la alcoba. Nadie se acuerda de ellos. Y la roya, la mosca y el gorgojo de la indiferencia del Gobierno le echan la culpa a los infiltrados, para voltear la cara y silenciar a los medios. El Minhacienda les dijo que para ellos no alcanza el fisco.

Lo mismo pasará con los campesinos que siembran y recogen papa, yuca, arracacha, fríjol, maíz, tomate, lechuga y naranja. Ellos no están agremiados ni tienen caballo viejo, ni burro que les relinche o rebuzne propaganda. Pero es la misma hambre y necesidad de apoyo, de asesoría técnica y estímulos económicos que necesitan. Para ellos solo hay mirada avara para sacarlos de sus heredades y lanzarlos a las calles de las grandes ciudades.

Más información: El Tiempo.com, Semana.com, Semana.com2, Caracol Radio, Iue.edu.co

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.