Edición 354

Desarrollismo un-humano, la minería

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El lenguaje de los humanos tardó millones de años para perfeccionarse. Primero aparecieron las señas con las manos y el cuerpo, luego los sonidos guturales y poco a poco fueron apareciendo los fonemas para identificar las ideas que reposaban inquietas en las neuronas. Por último aparecieron las grafías para hacerlas visibles en las paredes de cuevas y en las piedras.

Hoy, el lenguaje tiene dificultades en los altos organismos de los estados para acomodar los estándares de calidad, los aranceles, los índices de bienestar, los topes económicos que conforman el PIB y miden el grado de desarrollo o inequidad de las naciones. La lengua se les hace un bulto entre la boca a los expertos cuando difunden los resultados de sus azarosos estudios. O cuando una empresa minera presenta un proyecto ante el gobierno para explotar una mina junto a un río que surte a la capital de un departamento. Entonces, ofrece el loro y el moro.

El Gobierno Santos en Hato Grande hace unos días informó de lo bien que anda nuestra economía dentro de un esquema justo, moderno y seguro.* No se sabe a qué se refieren las palabras justo, ni moderno, ni seguro en ese lema repetido. ¿Son justos los precios, las condenas, los subsidios, las regalías? ¿Es moderna la situación de la salud, de la inversión extranjera, de las instalaciones de la industria colombiana, el modelo de educación para el futuro con que cuenta Colombia? ¿Es seguro el hombre en la calle, en los cajeros, en el campo, en el acceso de la mayoría a la pensión en el futuro?

Está muy desarrollada la Banca, es una realidad que nadie la discute. Está muy bien pensada la manera como se dan las licencias a millares a los extranjeros para que exploten incondicionalmente nuestros suelos.* Está muy extendida la manera de contratar la mano de obra por medio de tercerías. El sistema de contratación oficial y privado son flexibles, por no decir laxos, en perjuicio de la comunidad y del trabajador. El Comercio está disfrazado con las tercerías para no asumir de frente las obligaciones laborales.

Pero, por otro lado. La Industria nacional está casi desaparecida. Nuestros capitalistas no salen a flote y, al parecer, la plata está en la banca foránea y en inversiones por fuera del país. ¿En dónde está la riqueza que se ha amasado en nuestro país? El agro está abandonado a la suerte, al invierno y al verano, sin estímulos tecnológicos ni pecuniarios. Muchas hectáreas productivas han cambiado su origen y ahora se han vacarizado, porque es más fácil para unos ganaderos levantar cebús y colocar su carne en el extranjero.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, desde lejos, observa este panorama y está diciendo que Colombia ocupa el puesto 91 en desarrollo humano, muy bajo, pues es el séptimo país más desigual del planeta, con niveles comparables a los de Haití y Angola*.

Muchas sedes lujosas de EPS, de Bancos, de almacenes, mucha plata invertida en cemento, instalaciones, en cárceles, en concesiones de infraestructura vial, pero poca plata invertida en el talento humano, en educación focalizada hacia el mercado futuro y la vocación agroindustrial del país, poco interés en el desarrollo humano de la población, del ser humano. Y la nula acción en investigación, innovación y tecnología de punta.

Mucha ayuda para los exportadores de carbón, ferroníquel, oro y esmeraldas, muchas exenciones a los mineros, a los concesionarios de obras que nunca terminan a satisfacción, y poca inversión social, es el panorama bueno que ve y anuncia Santos a todo pulmón y con corbata azul. Mucha razón y valentía tiene el Alcalde de Ibagué de exigir a AngloGold que devuelvan las 157 títulos mineros que tiene sobre sobre su municipio. Ojalá así lo se opusieran así 30 0 40 alcaldes en otras explotaciones.

En *ElEspectador.com, Noticial Caracol, ElEspectador.com, ElTimepo.com 

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.