Edición 363

Un Nobel farsante, un escritor desaparecido

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Escuchar a la ex respetada Academia Sueca de Artes y Ciencias designar al ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, como premio Nobel de Paz me revolvió las tripas. Y mientras tomaba buscapina para evitar la diarrea que me produjo tamaño exabrupto, nos llegó la noticia de la muerte de Germán Espinosa, el último dinosaurio de la buena literatura en Colombia, es decir la que goza del placer del “underground” y que no se conoce en culitetinoticieros, espejos interesados del marketing editorial todopoderoso, que fabrica escritores como discográficas cantantes.

Al Gore. Verlo con su frac, elegantemente vestido, pontificando de cómo se va a acabar el planeta por el mentado “cambio climático”, y recibir el aplauso de pie de todos los del cine gringo en los Oscar, este año, alentado por el “carabonita” y pésimo actor Leonardo Di Caprio, y su documental, da náuseas.

Y no es para menos. El rebote de amibas lo genera la ignorancia a la que este señor y todo el mecanismo mediático que ha preparado desde cuando era vicepresidente de Clinton, nos han sometido todos estos años. Que el Dalai Lama me hable de cómo se va a acabar el planeta, se lo creo. Pero que este payaso político, responsable de que su país, uno de los mayores contaminantes del planeta con sus industrias, al igual que Europa, sabotearan el protocolo de Kyoto, de 1996, debe ser recibido con reservas.

Señores, leamos un poco y repasemos la historia, que con Google se nos facilita. El señor Gore fue la cabeza visible de ese saboteo, cuando el tratado buscaba meter en cintura a los países industrializados y comprometerlos a no generar gases invernadero. Pero cómo detener sus economías. Ni gringos, europeos, ni chinos,  con sus locomotoras a todo dar iban a parar, y en cambio le echaron la culpa a los países pobres de ser los contaminadores.

El francés Armand Mattelart en su libro “La Mundialización de la Comunicación” nos trae algo del señor Gore, al recordar que él, y su gobierno, fueron los responsables del programa de “globalización”. Esa palabreja que dice todo y no dice nada, fue invento del míster y su equipo de asesores, que no es otra cosa que exportar e imponer los valores y parámetros estadounidenses en el mundo, empezando por sus nuevos brazos de conquista, llamados los bancos multilaterales, Fondo Monetario Internacional (FMI) Y Banco Mundial (BM) que idean recetas fenomenales para que países como los nuestros sigan endeudados eternamente, pero paguen, a punta de pauperizar la seguridad social, el empleo y la economía.

Una transnacionalización de la cultura y de los medios masivos de comunicación, a través de las alianzas megamillonarias de los gigantes del cine, las noticias y las productoras de tv gringas, que nos llegan con el bienamado cable, y dentro de poco, con la compra de los pocos canales criollos, arrodillados desde hace años a las producciones basura y coproducciones igualmente mediocres. Y no me digan que los actuales culebrones de Caracol y RCN, salvo excepciones, son nuestra televisión famosa y reconocida por su calidad y altura.

Así como las potencias impusieron sus reglas con el telégrafo y la revolución industrial, ahora es con los medios de comunicación, algo que Mattelart resume magistralmente en su librito de 125 páginas. Una transnacionalización que alcanzó a la Academia Sueca y su Nobel totalmente político, otorgado a un tipo y a una ONU tan hipócrita que dejó desangrar a la antigua Yugoslavia (otra para Gore y Europa) y deja morir a Sudán, en medio de una guerra de pobres, esas que no interesan a los ricos porque no hay petróleo ni diamantes en juego.

Transmilenio vs metro

Y en otras honduras, el enfrentamiento político entre candidatos a la Alcaldía de Bogotá, el próximo domingo 28 de octubre deja a las claras la polarización que por intereses se intentan imponer de nuevo en Colombia. Los autodenominados “pobres”, izquierdistas del Polo, sucesores del actual mandato ciudadano de la Bogotá Sin Indiferencia, resucitaron el proyecto del metro para la ciudad, mientras que los derechistas, uribistas, nostálgicos del poder y del negocio, de buen poder adquisitivo, nombre y abolengo, que quieren repetir en la alcaldía con Enrique Peñalosa, como papá del Transmilenio.

Pelea política bipolar que atrae a propios y a extraños, y según me cuentan amigos y familiares, y los mismos medios, a opinar a todos sobre qué le conviene a la ciudad. Enfrentamiento voto a voto, como cuando Peñalosa ganó por el voto-miedo a Moreno de Caro, el díscolo ex senador y hoy embajador colombiano en la tierra de Mandela. Choque estúpido e incompleto, porque ninguno de los dos candidatos le ha dicho a la ciudad en qué carajos consiste su sistema masivo de transporte. Metro, subte, Transmilenio, es parte del sistema. Nadie desconoce los beneficios del Transmilenio, y lo defendemos a capa y espada, pero se está rezagando ante el crecimiento desbordado y poco planeado de la ciudad.

Entiendan bogotanos y bogoteños, que las ciudades grandes tienen otros medios además del metro, subte o Transmilenio. Y miremos: en Buenos Aires funciona el subterráneo, pero también una red de colectivos o buses enormes, y trenes de cercanías, donde se moviliza la mayoría de la masa de 13 millones de personas que a diario entran y salen de la Capital Federal. Y se quedó pequeño. Acabemos con el argumento estúpido y peregrino que se va a viajar sentado y cómodo en un sistema masivo de transporte. ¿Ustedes creen que los metros de Tokio, París, Nueva York y Buenos Aires van vacíos y son lindos? Hay que conocer para luego opinar. También se viaja como sardinas.

Claro que debe haber más frecuencias de líneas, o en el caso bogotano de buses, para evitar ya aglomeraciones inhumanas, pero se han preguntado ¿qué pasaría si se le metieran más buses a unas calzadas que se rompen tan seguido y tan de mala calidad como las del relleno fluido que nos vendió el hoy Ministro de Transporte de Colombia, Andrés Uriel Gallego, y que nunca respondió por ese tema? Se romperían como galletas. Y si meten más buses, con un ACPM tan malo, la contaminación se duplicaría.

Ahora, ¿quién mete en cintura a la mafia de los buses, buseteros y colectiveros? La misma de “la guerra del centavo”, que no le paga salario a sus choferes y ya tiene senadores y representantes a la cámara para no dejarse apretar. La misma mafia que no paga los comparendos por infracciones y asesinatos de tránsito que se ven a diario en las calles bogotanas y de otras ciudades. La misma que hace fraude y trampa al Estado y que se robó más de 60 mil millones de pesos para el fondo de chatarrizar los buses viejos, y en cambio juegan al carrusel para meter nuevos vehículos, con funcionarios corruptos de la extinta Secretaría de Tránsito, hoy prosopopéyica de “Movilidad”, que a la fecha ha demostrado lo que temían los enemigos de la reforma administrativa aplicada en la ciudad a partir de este año: que cambió de nombre, aumentó en burocracia y plata, pero sigue siendo la misma mediocre y corrupta del pasado.

Vamos con una radiografía de  Bogotá y Cali al respecto de sus desafíos en este campo.

Se nos fue “el brujo” literario

Algo corto. Tenemos una edición especial con los amigos y conocidos del escritor Germán Espinosa, fallecido el miércoles 17. El periodista y escritor Hernán Estupiñán, quien ganó este año el premio "Salvador García Aguilar", que concede el Ayuntamiento de Rojales, en la provincia de Alicante, España, con su novela El Nuevo Reino se acercó a Espinosa en determinados momentos de la vida, en esos cruces de siempre con personajes que nos marcan, y elaboró un perfil del “viejo”, como cariñosamente se les dice a quienes sin quererlo, se vuelven sabios en cualquier oficio.  Además, los retratos hechos por el poeta Juan Manuel Roca e Ignacio Ramírez, en la agencia de noticias Cronopios, que gentilmente colabora con El Buque de Papel. De esta forma conjuramos a los espíritus para que nos hagan pasar el dolor de estómago por algo tan cotidiano en nuestros días, como la mediocridad y la muerte, y nos sirvan como exorcismo y diurético para generar vida, con el “puro periodismo” que queremos hacer.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro y por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.