Edición 359

A la política le falta la práctica

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De ninguna manera afirmaré que los políticos son unos intelectuales ni académicos. Eso sería elevar su autoestima, cosa que ellos tienen en demasía. No. La teoría política no va con ellos.

A la política le falta la prácticaTal vez no hayan leído la mayoría de ellos a Locke, a Aristóteles, a Hobbes, Rousseau, a Kant, Heidegger o a John Rawls. Eso sería admitir que serían muy prácticos como para hacer un revolcón.

Porque a una excelente práctica corresponde una clara teoría. Y ya vamos sabiendo los locombianos que la política es un negocio burdo. Es una práctica despiadada, inhumana en donde no hay valores ni peso académico. Solo hay consideraciones económicas, mercantilistas y alianzas hasta con el mismo diablo, por decir algo. Porque no creo en el diablo ni en su contrario.

Tal vez los políticos han leído u oído hablar de Atila, que pisaba tan duro que su huella era la destrucción y de él han tomado su ejemplo para despreciar al pueblo de Gaitán y Uribe Uribe. O han estudiado a fondo en la escuela de Malthus quien halló la fórmula perfecta para ir acabando con los pobres. Una manera muy cándida y perversa de poner en la balanza al ser humano con hambre y a la producción de alimentos. Algo parecido a la ley que produjo Darwin sin ninguna mala intención: Solo los mejores tienen derecho a vivir, su famosa ley de la selección natural.

Entonces, el hambre, la falta de empleo, los salarios mínimos irán acabando con el deseo de existir. Vendrán los suicidios, la criminalidad, la violencia, los paros, los desplazamientos, el enriquecimiento de unos pocos y el pueblo callará su enojo. Se hundirá en la religión, en el matoneo, en la guerrilla y vendrán las guerras fratricidas y el pillaje en las calles. La nación se convertirá en una batalla de cafres sin ley ni Constitución que valga.

Este es, lamentable es reconocerlo, el panorama que vio el presidente alemán, Joachim Gauck, en Bogotá, la ciudad más conocida de nuestro país en el exterior. El diario Bild de su país afirmó que la capital colombiana es "la ciudad más criminal del mundo".* Cierto que esta visita no fue tan diplomática como debió serlo. Había que decir las cosas con delicadeza y eufemismo, disfrazando la realidad.

La política, - lo acaba de refrendar la renuncia del ministro Juan Camilo Restrepo-, es ni más ni menos, aplicar las políticas del Gobierno. Y las políticas de este cuatrenio son decir que hay Prosperidad para todos, aunque el agro esté languideciendo por falta de ayuda oficial. Todo suena a bancarización, a paternalismo, a soltar dinerillos a cuenta gotas. Pero el campesino sigue arrinconado a su parcela, sin capacitación, sin los beneficios de la asesoría técnica y la facilidad para gozar de herramientas modernas a tono con el avance mundial.

La política se ha reducido a ganar adeptos para votar, a dar unas cuantas casas y subsidios para seguir viviendo en condiciones de pobreza. No hay voluntad de elevar el nivel de educación, de tecnificación, de las bases populares. Ese discurso lo ha dejado el gobierno a la guerrilla, a los sindicatos. Y el pueblo sigue callado, aunque a veces sigue con timidez el ejemplo de los "indignados" en la plaza Mayor de Madrid, de la Plaza Tahrir de la Liberación en Egipto y El Cairo, de los países árabes sometidos a hegemonías centenarias que derrocaron a sus políticos.

En Canal RCN y Semna. com

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.