Edición 352

La verdad sobre el estigmatizado “13” de marras

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Llegamos a la edición número “13” de El Buque de Papel y no podíamos dejar pasar la oportunidad para jugárnosla con una alineación arriesgada, aunque muy utilizada –hay que reconocerlo- en el campo si se quiere futbolístico del periodismo, siempre y cuando los puristas del “oficio más bello del mundo”, nos permitan hacer la comparación.

Y es que el número trece, o “13”, tiene mucho de mágico, de cábala, de suerte, de “mufa”, de místico.

Cuántas veces hemos escuchado que el 13 es el número agorero de la mala suerte, que, junto con el 666, son los más vilipendiados de las matemáticas y de las cuentas.

Tan es así, que en la mayoría de los edificios de apartamentos no existe el piso 13, los ascensores, tampoco lo tienen marcado o siguen de largo. Claro, esta es una superstición muy local, pero por ejemplo, en el edificio de Avianca, en el centro de Bogotá, aquel que se quemó en 1974 y dónde fallecieron personas, el piso 13 se clausuró, junto al 14, 15 y 16, para según los arquitectos, reforzar la estructura de la mole y permitir que siguiera en pie, sin necesidad de demolerlo.

Sigamos. En los barcos no hay camarote o habitación número 13. En los aviones, el asiento 13, o viajar con curas o monjas también se le endilgó, durante un tiempo la fatal cábala.

Es por todos conocida la frase “en martes 13, ni te cases, ni te embarques”, con el fin de no tentar al destino y terminar en un doble naufragio.

El 13 en el equipo de fútbol también resultó sinónimo de mala suerte. Carlos Bilardo, el rey de los agüeros, lo proscribió de sus equipos. Y menos pretencioso que Bilardo, igual ocurre en el equipo de fútbol de Sociales de la UBA, donde los muchachos le hacen el quite al “trece”. Yo, que en eso a veces creo y a veces no, lo tomo sin molestias, además, porque cuando reparten el uniforme, es sinónimo de que se va al banco de suplentes, o en un golpe de suerte, se juega el domingo, luego del exigente entrenamiento de los viernes. Y eso ya es ganancia.

El 13 ha sido tan rebajado, que hasta película tuvo en el Hollywood que algunos llaman hoy de “culto”, pero que hace 25 años era sangre y carnicería pura, con motosierra y muertos y zombies por doquier. ¿Se acuerdan de Jason, el del maltraducidotítulo  “Martes 13”?  Así, y en nuestros años de adolescencia, cuando entrar a cine para mayores de 18 era toda una aventura prohibida, porque en la cara y en el físico no se nos notaba la mayoría de edad, escuchar al compañero de salón que logró verla, o se la contó algún hermano, nos quitó el sueño a más de uno.

Y decimos que mal traducida, porque nos la vendieron como “Martes 13” en seis repeticiones o secuelas, y después de los años, ya viejos, y asustándonos más por las masacres que otros vivos cometían con motosierras, que por esa ficción de los muertos vivientes asesinos, nos enteramos que se llamaba ”Friday 13”, es decir “Viernes 13 y no Martes”.  No obstante, el 13, ese sí siguió siendo el número maldito.

Hoy vamos a recordar al “Brother Pepa”, el mayor mago de San Andrés, la isla colombiana, a los místicos de Cali y a una profesora de Cábala, en una edición que busca ir más allá del misticismo, que no es otra cosa que lograr una redención, fin último de quien requiere o busca la ayuda de estos nigromantes modernos. Esta vez queremos hacer sonreír con nuestro 13 de marras, y plantear un tema de debate familiar y ameno, para la charla del café, para la sobremesa con la familia, o en la espera del colectivo para ir al trabajo. Eso sí, si antes un gato negro no les pasa por delante, o si por descuido, atraviesan una escalera por debajo; cuidado con mirarse en un espejo roto, que se les riegue la sal, o si parten mal el huesito del pollo, el de la pechuga, el de la suerte. 

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro y por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.