Edición 370

Y llegan aires de rock

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Una vez más llega Rock al Parque, el festival gratuito de música más grande de América Latina. De nuevo, Buque de Papel, por séptimo año consecutivo, estará presente para contarles desde nuestra mirada, el desempeño de las bandas, mostrar las imágenes de los artistas, y la voz de los espectadores.

Y son ellos, precisamente, los miles de jóvenes de vida y de espíritu quienes han sostenido este festival durante 19 años. Este certamen, con sus pros y contras, con sus destellos y lunares, con sus momentos mágicos, y los desplantes, ya hace parte de la cultura ciudadana y del colectivo.

Precisamente por ser parte activa de la ciudad, debería mantener una línea de acción que trascienda a la administración distrital de turno y no retroceder o caer en errores inveterados que este año surgieron, y que de no ponerse atención y adoptar medidas, van a afectar la calidad y quién sabe, la continuidad del mismo.

Esta vez el Instituto Distrital de las Artes, IDARTES, que lo asumió desde hace tres años ha trabajado a brazo partido para contar con bandas de primer nivel y a fe que lo logró. Pero hay que reconocerlo: se está haciendo énfasis en traer a grupos con una propuesta musical muy especializada y para público igualmente underground, es decir para minorías selectas, perdiendo cada vez más el activo que le dio impulso y consolidación a rock al parque: la variedad y la tolerancia musical. El festival ha derivado en una especialización, o mejor, aislamiento que echa por tierra el concepto de la mezcla, de lo heterogéneo, en fin, -y sin ser político- de la humanidad y del respeto por el otro que busca rescatar esta administración. Se institucionalizó y desde hace años que el sábado es el día del metal y entonces uno ve a la tribu metalera con sus íconos, actitudes y comportamientos feroces, de rechazo, de denuncia ante una sociedad enferma (muy respetables) pero también de cero tolerancia, que puede –y ya ha pasado- derivar en violencia. Y cada año se endurece más. Qué interesante cuando en un día del metal trajeron a bandas interesantes como Haggard, de la que me volví aficionado, con sus músicos y puesta en escena, y con las declaraciones de su líder, Asis Nasseri, cuando hablaba que para hacer metal no hay que ser el más fiero del escenario, sino ser un apasionado por la música y no olvidar raíces, en este caso para los alemanes, a Johan Sebastian Bach, a quien homenajea cada vez que puede en sus composiciones.

Claro, más de uno quedamos con la boca abierta y gratamente sorprendidos porque hacemos tarea periodística, pero descubrimos y nos asombramos con propuestas novedosas, no solo extranjeras, sino colombianas y bogotanas. Todo constatado en ruedas de prensa sucesivas, donde los artistas, como, conversan un ratico con uno, sin soberbias ni pedanterías. Y aquí viene el segundo error que preocupa: este año cancelaron las ruedas de prensa, sinónimo de la democracia y donde cualquier periodista acreditado (las acreditaciones las da Idartes) puede preguntar lo que le venga en gana, así sea pavadas. Pero allí empezó la cero tolerancia con algunos colegas que se creen la verdad revelada y sus preguntas y apreciaciones son las únicas que existen en el planeta tierra. Y veo que su cizaña y trabajo al oído de Idartes cumplió con su cometido, no dejar preguntar a los colegas de Ibagué, o de Armenia o de medios alternativos pequeños bogotanos , que hacen un esfuerzo enorme por estar acá tres días, en una ciudad carísima, colegas que están al pie del cañón y hacen su tarea con mística. En los años que llevamos cubriendo no hemos visto a un solo periodista de Canal Caracol o de RCN o de City o El Tiempo, asistiendo a la rueda de prensa, untarse de pueblo y hacer su tarea, la primigenia, la de buscar información. Los medios grandes hacen la fácil: se llevan el grueso de las acreditaciones que reparten en piñata y abarrotan la supuesta zona de prensa cuando le toca el turno de presentación a un artista grande, o de reconocimiento mundial, y publican la oficialidad, google o los dossieres de prensa de la organización, pero ni asisten a las presentaciones de las bandas bogotanas y colombianas y no le dan otra mirada a los lectores y ciudadanos. Comparen y comprueben.

Por eso existimos los independientes, que con nuestros limitados recursos y tal vez mirada, pero con una pasión por el rock, queremos preguntar lo que nos venga en gana, y muchas veces, los únicos en interrogar a las buenas bandas distritales e invitadas nacionales, que luego de su presentación esperan poder llevar su pensamiento a lectores u oyentes, a través de los medios. Y por ejemplo: el año pasado, un músico de una buena banda antioqueña les dijo a los periodistas sentados al frente suyo que hicieran su trabajo, que preguntaran que para eso les pagan. Y el silencio fue constatación de la falta de respeto para con el artista y para con el periodismo.

Ahora nos dice la organización que se pueden pedir entrevistas allá en el lugar, muestra de desorganización y con seguridad empezará la competencia para ver quién las logra, o quien lagartea más. Entrevistas individuales que coartan la democracia. Y seguro serán para los medios grandes. Ojalá me equivoque, pero quiero preguntarles –así sea pavadas- a los chicos neoyorquinos de Living Colour, o a Dante Spinetta, el hijo del mítico flaco, o a Alfonso de la Espriella, colombiano promisorio del rock. Vamos a ver cómo va la mano y esperemos que esos errores que hacen retroceder a nuestro buen festival, envidia de argentinos y mexicanos, no se repitan ni se afiancen.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.